Yanderis o la memoria de un país que empieza a cambiar: «Amo a Venezuela, mis raíces, pero los mejores años de mi vida los he pasado en Soria»
Crecer en la Venezuela chavista le insufló deseo de libertad. (También temor). Expresarlo le hizo marcharse del país en las manifestaciones de 2017, ya con Maduro. Mutilada en su tierra la voz del padre (un concejal de pueblo), Yanderis aprendió en Soria que «las raíces no son siempre geográficas, a veces son valores». Su periplo vital la llevó a Yelo y después a la capital soriana. Desde el día 3 de enero de este 2026 respira mejor, aunque a veces aún carraspea hablando por teléfono. Ésta es su historia.

Yanderis Rujano
P. ¿Dónde se ve dentro de diez años?
R. Es bastante incierto. Me sigo viendo en España, en Soria, porque me gusta esta tierra. Cuando tenía cinco o seis años entró Chávez, yo no conocí más en Venezuela, que no fuese algo de ese estilo. Los mejores años en libertad, en plenitud, viendo crecer a mis hijos, han sido aquí. Me vería aquí. Pero no sé qué me deparará el futuro. De una u otra manera tenemos un vínculo que nadie va a romper.
P. ¿Qué es la detención del presidente Maduro en su vida?
R. Sí es verdad que es un cambio drástico. Una situación que no se había visto en muchos años de conversaciones y diálogo, de pactos, de intentos de elecciones, de que se dejara el poder por las buenas, de cambios en nuestro país para mal... porque no los ha habido para bien. Este momento histórico marca un antes y un después en Venezuela. Incluso en las últimas 24 horas han sucedido cosas que no pensábamos que iban a pasar, como la salida de presos políticos, incluyendo a cinco personas españolas. Es mucha alegría la que estamos viviendo los venezolanos. Son familias que están recuperando a sus seres queridos, que estaban presos injustamente. Es un hecho histórico que quedará en los libros de Historia de nuestro país y del mundo.
P. ¿Cómo le llega a usted?
R. Me llega en lo más hondo de mi corazón. Hemos vivido pronto en carne las secuelas de este régimen. A lo mejor desde el exterior se puede ver otro tinte político, pero en realidad no ha habido un Gobierno de una posición política como tal. Eso mutó hace muchos años, hizo una mutación a otra cosa, que no es ni democracia, ni socialismo, ninguna ideología política. Ha sido una mutación. En mi caso particular, a mi familia, sobre todo a mi padre, le ha gustado la política social. Haciendo la comparación con Soria fue, por así decirlo, un concejal de pueblo. Nos vimos involucrados con las manifestaciones del 17 y a raíz de eso tomamos la decisión de irnos. Él estaba mayor y le daba igual su vida, pero la de nosotros, sus hijos, le importaba. Yo era quien lo llevaba a un lado, a otro y me vi involucrada sin quererlo. 'Esto no es vida, no puedo vivir en esta zozobra, en este agobio de que pasen por delante de mi casa, de recibir amenazas, de no tener a mis hijos con tranquilidad. Nos vamos de aquí', dijimos.
Más que el tema económico, fue el tema de seguridad lo que me hizo plantearme salir de Venezuela. Fue algo que me llegó a lo profundo. Y aún en este momento no puedo hablar en libertad con él. Se dedicó definitivamente al campo, pero ha sido una situación difícil para él, porque ha sido mutilar su voz. No poder hablar. Incluso ahora no he podido hablar con tranquilidad por teléfono. Hablamos un poco en clave. Quienes estamos acá podemos hablar en total libertad y franqueza, pero los que están allí no saben si hablando por WhatsApp o una vídeo llamada están cometiendo un error. Por prudencia. 'Qué tal hija, cómo estás'. 'Bien, bien, todo está bien'. Hasta ahí. Evitamos tocar el fondo del tema.
Pienso que puede venir un proceso de liberación paulatina, no es fácil, no será rápida, pero se dará a su debido momento. Y ya se está viendo.
P. Lo primero que le vino a la boca ese 3 de enero de 2026. Y después a la mente, que pueden ser cosas distintas.
R. Lo primero que me vino a la boca lo recuerdo porque se levantó primero mi marido, llegó a la cocina y me dijo: ''¿Ya viste las noticias?' Le dije que no, porque no se me encendía el wifi. ¿Qué?, no lo puedo creer. Gracias a dios, empiezas a ver las noticias, sabes de la extracción... Pero al principio fue que no me lo podía creer. Luego tus pensamientos van cambiando, pero la impresión de incredulidad no era solo mía, sino de todos los venezolanos.
P. Yanderis, ¿cómo es pasar de vivir en un país tan cálido a hacerlo en Yelo que, además de hacer frío, hay que buscar en el mapa?
R. (Ríe). Los primeros dos años, a nivel de climatología fueron muy difíciles. En la zona donde crecí es un municipio cálido, tropical, de calor y humedad, aunque también ráfagas fresquitas. Pero jamás el frío que yo viví aquí. Ahora amo el frío, me he adaptado aquí y cuando pasa el verano, ya lo echo de menos. Me ponía calentadores, guantes. Mi vida en Yelo y aquí en Soria, sinceramente te lo digo, son...
Amo mis raíces, a Venezuela, es donde nací, donde me forjé y crecí a nivel académico. Allí hice mi carrera y demás, pero los mejores años de mi vida, y diría que más felices, han sido en Soria. España se ha transformado en hogar, en proceso.
Vivimos dos años en Madrid, donde llegamos en 2017, y en 2019 nos trasladamos a Yelo, para ya en 2021, venir a Soria. Cuando estuvimos en Madrid no me sentía cómoda, porque no crecí en una capital, sentía agobio, dos horas al trabajo, incertidumbre, ruido. E incluso le llegué a decir a mi esposo la posibilidad de regresar a Venezuela a otra ciudad en la que no corriera riesgos. Pero también que España tendría sitios en los que yo me sintiera como en casa. Fue cuando salió la opción de ir a Yelo y allí nos fuimos. El tiempo allí fue encantador, bonito, una etapa de crecimiento personal. Allí pasamos la pandemia, totalmente diferente a la del resto de la población, porque no teníamos esa incertidumbre ni ese miedo, por estar rodeados de tranquilidad. Nos dio muchísimo. Los niños crecieron en total libertad. En Yelo fue esa transición paulatina, de dejar Venezuela y pasar a España. Incluso a nivel de clima.
Cuando vimos a Soria ya teníamos esa adaptación. Llegamos con ese planteamiento de que hemos aprendido a caminar sin un suelo fijo y de saber cómo encaminarnos.
P. ¿Fue con algún programa de repoblación?
R. Cuando llegamos a España supimos que en pueblos despoblados se buscaban personas. Yo no me adaptaba a Madrid, así que escribimos por correo electrónico a algunas asociaciones, pero en ese momento aún no teníamos permiso de trabajo. En noviembre de 2018 sé que estoy embarazada de mi tercera hija, algo inesperado y en un momento complicado. Decidimos volver a escribir y encontramos uno que se llama Proyecto Arraigo: nos comunicamos, rellenamos un formulario y nos llamaron en marzo, porque en un pueblo estaban buscando a una familia que se encargara de hacer el mantenimiento del pueblo. Fuimos a conocerle y Ángel, que era el alcalde en aquel momento, una persona encantadora, nos acogió de una forma increíble.
Nos dejaron la casa del pueblo, que antiguamente había sido el centro de salud. Teníamos previsto el viaje para mayo, pero antes se vino mi pareja porque la niña nació prematura y tuvo que estar en el hospital en Madrid cinco semanas. Cuando nos dieron el alta, nos vinimos con él. Al principio estuve en casas haciendo limpieza y a futuro lo que quería era homologar mi título de enfermera, pero por temas burocráticos en Venezuela es muy complicado, además de costoso. A día de hoy, todavía estoy en ese proceso.
P. ¿Qué lección le deja la vivencia de haber tenido que salir de su país?
R. Aprender que no todo es lo que nosotros conocemos. Hay más allá de lo que vemos, pensamos y conocemos. Antes de salir de allí, puede que pensara que aquello era lo mejor. Ahora entiendo que el lugar no nos define, sino que lo que nos define es lo que haces con lo que tienes. He aprendido que la seguridad personal, emocional... no siempre viene de un sitio fijo, sino de la capacidad de adaptarnos, de pensar con claridad, de trabajar en otras cosas, de salir de nuestra zona de confort y cuidar de los nuestros donde quiera que estés. Las raíces no siempre son geográficas, a veces las raíces son valores, decisiones y cuando esto lo tenemos claro el miedo desaparece. Y nuestra libertad individual crece.
P. Nada es mejor que nada, ser venezolana, estadounidense, española...
R. Efectivamente. A la larga eso es así. A la larga lo importante es saber quién eres cuando cambian las circunstancias y que el hogar no siempre es un lugar. A veces es una forma de vivir, que puedes realizar en cualquier parte del mundo.
P. ¿Sirve de algo salir a manifestarse?
R. Sí, es una manera de dar voz a los que no tienen voz. Como te decía, con mi padre no puedo hablar directamente del tema; aunque sea por teléfono, no nos fiamos y preferimos no hablar de ello. La manifestación es dar voz a las personas que no la tienen. Mi papá quisiera hablar, pero no lo puede hacer. Aún en este momento no lo puede hacer. No pueden dar visibilidad a lo que sienten, a lo que piensan, en favor de unos o en favor de otros. Manifestarse es dar voz a las personas que no la tienen.
P. ¿Hasta que punto ha sentido que su vida o la de sus familiares corrían peligro?
R. Sobre todo en las elecciones de 2024, con Edmundo González y la participación de María Corina. Fue bastante dramático, porque se creía que el oficialismo dio ciertas libertades y garantías, en el que se podía participar sin temor, sin miedo. Creo que los venezolanos tenemos es particularidad, que creemos. Aunque en el fondo sabemos que nos están mintiendo, queremos creerles. Incluso en este momento en que esta señora, Delcy Rodríguez, se ha quedado como vicepresidenta, encargada, aun así seguimos creyendo que hay buena voluntad, aunque en el fondo sepamos que muy buena voluntad no es que haya.
En aquel momento, mi hermana y mi papá se ofrecieron para participar en las mesas electorales. Ella más. Y casualidad vino a ser miembro de mesa del partido político de María Corina, aunque no está adscrita, ni hace vida política. Luego, cuando salieron todas las actas, ella tenía una de las copias y recibió amenazas muy, muy fuertes. No podíamos dormir. Se tuvo que ir al campo; de allí al pueblo más cercano hay dos horas y media y pudo estar con tranquilidad, dentro de lo que cabe. Pero fue un momento bastante tenso, porque allí no hay cobertura, ni energía eléctrica, ni servicios. El hecho de estar aquí y no saber cómo está tu familia...
P. ¿Cómo acierto más, si llamo a Maduro presidente o dictador?
R. Como dictador, diría que como dictador. Como te decía antes, en Venezuela no ha habido un dictador a lo mejor como ha habido en otros países. Quienes hemos vivido esa situación y ese proceso y lo contrastamos con países que han vivido una dictadura, vemos que tiene unas particularidades muy diferentes. Allí es un régimen muy distinto en que todo se basa en la delincuencia, en el narcotráfico, en los grupos armados, en el miedo. En otras situaciones dictatoriales, la gente puede trabajar, hacer su vida. Creo que llegará un momento en que se dará nombre a esta situación que vivimos, pero sí es un régimen dictatorial. No es un presidente en todo el sentido de la palabra y las elecciones no fueron claras y reales.
P. Las redes son un polvorín y a veces también la calle. Manifestaciones allí a favor de la cárcel a Maduro y manifestaciones aquí contra el apresamiento que ha hecho Trump. ¿Me lo explica?
R. Es muy diferente cuando tienes la experiencia de vivir algo a cuando no la tienes. No quiero menospreciar el hecho de que quien no ha tenido una experiencia no puede hablar de ello, pero en este caso y la realidad que hemos vivido los venezolanos, y en otros países, por ponerte un ejemplo: allí se habla de socialismo, que es lo que nos vendieron a nosotros, pero no es igual el socialismo del que se habla o se hace en Europa a lo que se ha vivido allí. Por eso los venezolanos que están allí, y quienes no, estamos en gran parte alegres con que se haya realizado una extracción de un delincuente que estaba en el poder.
Es verdad que se habría podido hacer de otro modo. Sí. Pero son 27 años y más de 10 años intentándolo de la manera que debería ser, por la vía diplomática, por la vía legalmente correcta. Y no ha sido posible. Se celebra que es un paso que nunca se había dado y nunca nadie había tenido el valor de hacerlo, tal vez por las consecuencias que ello tendría. Se celebra que es un paso enorme.
P. Puesto a a elegir, ¿quién le gustaría que hubiera encerrado al dictador, Estados Unidos o Europa?
R. Me daría igual, sinceramente, quién lo hubiera hecho. El caso es que lo hicieran y en este caso lo ha hecho Estados Unidos.
P. ¿Por dónde empezaría a arreglar Venezuela?
R. Se empezaría por el tema de la corrupción. Me parece a mí que se está empezando a ver. En estos últimos días se han hecho muchos cambios internos. Quienes están liderando este proceso son ellos mismos, los mismos que estan en el Gobierno, son los tentáculos de Maduro y los que han dominado la cúpula de poder durante todos estos años. Y están haciendo cambios que, se les ve en la cara, no les están gustando, a lo mejor para acabar con el tema de la corrupción.
Es un problema que no solo atañe a los que están en el poder, sino que va migrando a la sociedad entera. Y eso ha pasado en nuestro país, incluso lamentablemente el de la calle, el trabajador humilde, el de a pie, termina siendo corrupto forzado por ellos mismos. ¿Por qué? Porque para hacer un trámite o cualquier cuestión del Estado tienes que pagar para que te lo hagan. Si no, no te lo hacen.
P. ¿A usted qué le importa más, quién gobierne Castilla y León a partir de marzo o quién lo hará en Venezuela cuando haya elecciones?
R. Ambas. (Ríe). ¿Sabes qué he aprendido durante estos años? Que yo no me he casado con partidos políticos. De una u otra manera, los partidos buscan su beneficio. En Venezuela los partidos estaban financiados por el Estado; en España parece que igual. Desde ahí ya parte un beneficio partitocrático, del partido político. Da igual quién mande. Si lo hicieran de manera correcta en pro del beneficio de la población, da igual quién mandara. Pero es verdad que hay ideologías un poco mejores y otras un tanto peores.
P. Yanderis, ¿qué es lo último que le ha dicho a su padre de Soria?
R. Mi padre conoció Soria, sí, sí. Vino hace tres años y estuvo casi dos meses. Y conoció el frío de Soria, porque llegó un 28 de febrero. Vino por Colombia. Antes sí me decía y me hablaba de regresar; después de conocer Soria no me ha vuelto a decir nada en absoluto. Se recorrió todas las calles de Soria. Fue andando hasta Garray.