Heraldo-Diario de Soria

Entrevista

Fernando, soriano en Chile y chileno en su tierra: «Los cielos de acá y los recortes del paisaje tienen algo, una cosa muy especial»

Vino a nacer este hombre en tierras sorianas en que cabalgó el Cid y a buen seguro los ojos de ambos coincidirían en algún punto del horizonte. Soriano en Chile y chileno en su tierra, confiesa el dilema de sentirse de dos lugares a un tiempo y encumbra la fotografía y la docencia como el motor de su periplo vital. Fernando Aceña Izquierdo guarda un Museo Interactivo de la Luz en una cámara oscura abierta al mundo, en la que todo cabe. Pero no ha encontrado lugar en que mirar tan lejos como en San Esteban de Gormaz.

Fernando Aceña.

Fernando Aceña.FERNANDO ACEÑA

Publicado por
Soria

Creado:

Actualizado:

P. Imagino que en Soria, en San Esteban, será 'el chileno' y en Chile ejercerá de soriano...

R. Llevas razón. A veces me conocen aquí como 'el chileno' y en Chile como español.

P. ¿Quién es usted y qué se siente?

R. Creo que español, claramente, pero con mucho conocimiento y tiempo de Chile. Siempre soy español, pero estar tantos años en un lugar te hace ser también parte de un lugar. (Cuando se es de San Esteban se es muy de San Esteban. ¿Entonces?). Sigo manteniendo mi vínculo con San Esteban, con familia, amistades... Cuando vengo intento venir con meses. Ahora llevo siete meses acá y la vez anterior estuve un año. Y eso también te marca. Estos meses me hacen tener una buena dosis de San Esteban y de Soria. Lo que ocurre es que uno tiene que admitir que yo partí muy joven y una parte de mí está en Chile, claramente. Es un dilema cuando tengo que medir los tiempos: he estado 25 años en Chile y otros 25 en España. Podemos hablar en este momento que mitad-mitad.

P. ¿Pero de dónde se siente parte?

R. Me siento parte de San Esteban y cuando estoy en Chile y me preguntan de dónde soy, claramente de España. '¿Y vas a volver?'. Pues no lo sé...

P. Dígame de forma sucinta qué es el Museo Interactivo de la Luz que usted pilota.

R. Es un vehículo que he convertido, bueno, en el fondo, creé, porque partí de cero, en un espacio vinculado al mundo de la luz, a lo que es la fotografía química y la cámara oscura, que es laboratorio y también mi casa. Durante años he estado compartiendo este espacio, que también es mi modo de transporte. Así he estado diez años. Ahora allá he cambiado un poco las cosas, pero he estado diez años continuos de viaje con ese vehículo, como vivir en una cámara fotográfica, en el interior. Es como una casa rodante; la creé para que sirviera para trabajar y como casa y un espacio público, que tú pudieras invitar a personas al interior, bien para hacer talleres o para conocer la cámara oscura o trabajar en un laboratorio. Es un lugar muy pequeño, pero multiusos. Es una casa pequeña, pero muy cómoda. Cuando habitas un lugar y lo creas para ti, lo terminas haciendo muy muy cómodo.

P. ¿Dónde le ha llevado hasta ahora y no hablo de kilómetros?

R. Me ha llevado a conocer con mucha más profundidad todo lo que tiene que ver con los fenómenos de la formación de la imagen, de la luz... Todas las cosas que tienen que ver con la cámara oscura las he profundizado mucho más. Me ha dado una profundidad mayor para conocer lo que se crea en torno a la luz, todos los fenómenos que se crean al interior; la posibilidad de acercarme a muchas personas, que si no hubiera sido por este espacio hubiera sido imposible. Un viaje no desde el punto de vista del turista, sino de una forma más profunda. El hecho de trabajar con la docencia a mí también me ha hecho conocer los espacios que he visitado. Y la posibilidad de entender la cámara oscura, que está dentro de esta experiencia.

P. ¿Por qué busca imágenes tan trabajadas cuando este siglo consume imágenes a velocidad del rayo?

R. La fotografía que he aprendido a hacer y que me he recreado haciendo es la que utiliza lo químico... A mí me gusta hacer muchas cosas con las manos, la fotografía llevada a este terreno, de la autoconstrucción de las cámaras, incluso la separación de papeles, procesar, revelar, incluso hacer inventos... es una bonita combinación. La fotografía química y lo que tiene que ver con la autoconstrucción dan muchos momentos de trabajar con las manos -carpintería, metal-, cosa que a mí me gusta. Encuentro que en el hacer, físicamente es una creación también. No creas una foto, pero sí un dispositivo y eso también es valorable. La fotografía química tiene mucho vínculo con el agua, el espacio tiempo, con el moverse, los sonidos, la luz roja, la observación. Es algo muy bonito físicamente. Este tipo de fotografía más bien la haces con el cuerpo, con tus manos, con tu concentración y eso podemos decir que es parte de una obra.

P. Oiga, esta cámara oscura de la que habla me suena raro. ¿Me lo explica?

R. Es un término muy desconocido para muchas personas. A veces lo confunden con el cuarto oscuro, que sería el laboratorio. Una cámara oscura es un espacio que tú puedes sellar herméticamente a la luz, que no haya nada de luz. Tiene una perforación, o varias, y a través de esa perforación se proyecta la imagen del exterior en el interior. Lo que tú ves en el interior cuando estás en ese espacio es lo que está fuera, de forma invertida, es una imagen, es una proyección. No la proyección tan brillante como en un cine, pero sí una proyección muy nítida, con color, con movimiento. La cámara oscura es algo que interesa a todo el mundo, desde alguien de corta edad que puede observar o jugar a una persona adulta. 

Para mí la cámara oscura ha sido algo muy bonito de mostrar, de enseñar y es transversal. A todo el mundo le gusta comprender cómo funcionan nuestros ojos, una cámara, por qué la luz se proyecta... Todo lo que tenga que ver con la luz es transversal. A todo el mundo le gusta ver el arco iris y nos emocionamos al verlo. Con la cámara oscura sientes algo igual de especial, es una contemplación que a todo el mundo le gusta. Para mí mostrar eso siempre es una motivación.

P. Si cogemos la cámara como su principal herramienta de trabajo, ¿qué nos mostraría de Soria que no hayamos visto ya?

R. Lo pienso bastante. Yo aquí no trabajo activamente, pero sí mentalmente, pensando qué haría. Esos paisajes tan extensos, con tantos kilómetros de distancia, esos cielos que aparecen en el paisaje con el horizonte. La distancia kilométrica que tenemos y el paisaje con el cielo me parecen muy de acá, muy especiales. Pensando en Chile como muy altiplánico, como si estuviéramos a una altitud de 2.000 ó 4.000 metros. Los cielos de acá y los recortes del paisaje tienen algo, una cosa muy especial. Muy especial. Las atalayas y los castillos, los puntos que van uniendo. Eso me parece también como muy especial, visualmente también.

P. ¿Por qué se marchó a Chile con la tierra de luz que es Soria en general y San Esteban en particular?

R. Fue por una serie de casualidades que uno no determina claramente sobre todo a la edad que yo me fui. En el fondo la fotografía es lo que ha ido tirando de mí y lo que me ha guiado. Tiene que ver con la fotografía que yo me fuera primero de San Esteban a Barcelona; tiene que ver con la fotografía que de Barcelona fuera a Valparaíso, que fue la primera ciudad de Chile a la que llegué. Y eso es lo que yo he ido siguiendo; más que cambiar de lugar ha sido por profundizar en lo que a mí me parece fundamental que es la fotografía y la docencia. No lo separo: fotografía y docencia es el hilo conductor. Yo llegué a Chile para crear un proyecto de una escuela de fotografía, que ha sido el motor de todos estos años. Igual que el vehículo, dejar Valparaíso para seguir otro proyecto... Y todo eso ha tirado de mí. Ahora estoy cerrando el proyecto del Museo Interactivo de la luz y voy a ver cuál es el siguiente que me tira.

P. De acuerdo, pero no me acabo de creer que viva en una furgoneta.

R. Sí, sí. Diez años continuos en un vehículo, salvo pequeños momentos que venía a España, tres veces, que fueron pausas. He podido tener una libertad de tiempos que de otra forma no hubiera tenido. Han sido diez años y muy cómodos.

P. Vino a nacer en tierras que siglos atrás habitó el Cid. ¿En qué lugar cree que coincidirían sus ojos?

R. Imagino que nuestros ojos coincidirían en el horizonte, en esas travesías donde no sabes exactamente ni cuánto vas a tardar, ni si vas a llegar, ni qué va a pasar después. En esa época se pensaría mucho en eso, en el tránsito, en el llegar. O igual llegar es lo que menos sentido tiene. Esto de viajar es curioso, hay ansiedad por llegar y luego te vas dando cuenta, con el tiempo, de que es algo continuo y quizá sea mejor disfrutar de ese viaje.

P. ¿Cuándo supo que la fotografía era lo suyo?

R. Eso tiene que ver con Soria. Yo estudiaba Electrónica en Soria y por casualidad hice un curso de fotografía en Cruz Roja. Todo aquello del blanco y negro -el laboratorio, la ampliadora, el revelado...- me absorbió. De hecho tuve muy malos resultados con mis notas formales de Electrónica. Luego continué yo solo con la fotografía en San Esteban. Para un adolescente es una motivación, es interesante, un cable a tierra. Algo que te motiva. Para mí fue muy importante.

P. La imagen está en los ojos. ¿Cómo fotografiaría usted el agua desbordada, la lluvia de hoy mismo...?

R. Ahora mismo (jueves 5 de febrero) estaba lloviendo con el sol muy fuerte, brillando, y estas situaciones son muy fotográficas. Tus ojos son rojos y ven una realidad muy emocionante, especial y la fotografía es otros ojos. Tú no tienes que buscar que la fotografía haga lo que ven tus ojos, sino intentar entender lo que la fotografía puede hacer. Otro contraste, otra luz, otro enfoque. Y esas situaciones son muy fotográficas porque tienen luz. Soria es muy fotográfica, los cielos de Soria, diría yo.

P. ¿Preparado para captar la imagen del eclipse en Soria?

R. No puedo quedarme. Los eclipses me gustan mucho, además. He tenido mucha suerte, porque en Chile ha habido en pocos años tres eclipses totales. Y los aproveché mucho con la cámara oscura, que en la antigüedad se utilizó para observar eclipses. El otro día estuve en la Escuela de Arte de Soria y les mostré unas imágenes de archivo a los alumnos para que prepararan algo en agosto. Observar un eclipse en una cámara oscura es algo muy bonito, único la verdad.

P. ¿Qué tiene Soria que no haya encontrado en el largo Chile?

R. Uno nació acá. No sé, el paisaje castellano, que es muy astero; esto de los recortes del paisaje es muy de Soria y de Castilla. Es impresionante su riqueza y profundidad también. Eso no se da en todos los lugares. Los hay en que no puedes mirar con tanta lejanía y distancia como aquí en Soria. Esa profundidad que tiene el territorio y la historia que hay detrás; el adobe, la piedra... Eso es también muy singular.

P. ¿Y viceversa, amén de la población?

R. Eso es fácil. La costa, el mar. A mí me pasa que estoy unos meses sin ver el mar y es muy fuerte. El mar tiene una energía muy especial. Vas del interior a la costa y sientes que te cambia el cuerpo. Es una de las cosas que echo de menos en este territorio, el mar. La costa tiene mucha fuerza.

P. ¿Qué siente que le queda de soriano?

R. Mucho, muchísimo. Las conversaciones, la gente, la confianza, la forma de hablar. Los códigos de muchas cosas. El frío me gusta, esta sensación de las estaciones. Me queda muchísimo.

P. Dígame, ¿se atrevería a poner imagen a algún poema de amor del chileno Neruda?

R. Pondría un pedazo de mar, mucho roquerío y olas golpeando las rocas. Mucha blancura, burbujas y espuma. Sí, eso. 

tracking