Heraldo-Diario de Soria

Entrevista

Aída regenta una tienda y reparte pan en pueblos de Soria: «Estamos en una zona en que, si no nos apoyamos y hacemos tribu, es complicado vivir aquí»

A esta madrileña le bastó un día para mudarse a las Tierras Altas de Soria, donde regenta una tienda de ultramarinos y una casa rural junto con su pareja, con la que reparte pan por los pueblos de la zona

Aída Cebolla.

Aída Cebolla.HDS

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Soria

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Hacer comunidad allá donde el entorno puede ser indiferente no está al alcance de cualquiera. Solo de aquéllos que quieren y se atreven a ser tribu. Aída Cebolla Navarro (Madrid, 1992) recaló en Soria, luego la eligió para ser y estar y más tarde tejió redes. Fue hace siete años y un mundo. Hoy regenta una tienda y una casa rural donde otros ven solo paisaje. Y encuentra un sentido incomprensible en repartir pan por los pueblos de Tierras Altas

P. El Molinero no muele solo harina. ¿Qué más hace?

R. El Molinero, aparte de ser una tienda de ultramarinos, también es una casa rural y ahora mismo para nosotros, una forma de vida. El Molinero es un punto de encuentro, un sitio donde las personas pueden acudir todos los días, aparte de ir a comprar, a charlar, a contar qué tal el día, si hay algún problema, si no lo hay, a pedir ayuda incluso en lo que les haga falta mayores, a jóvenes. Al final es un punto de encuentro, que es lo más importante.

P. Regenta una pequeña tienda en Tierras Altas y una casa rural. ¿Cuál es el retorno de estos negocios al suelo que pisa? Y no hablo de dinero.

R. Creo que las casas rurales dan a conocer una zona que está muy poco valorada. Viene gente de muchos puntos que no conoce la zona y que se lleva una sorpresa muy grata y con muchas ganas de volver. En cuanto a la tienda, da esa seguridad de encontrar lo que necesitan en un pueblo tan pequeño. Creo o quiero creer que siempre encuentran una mano que les puede ayudar; no solo como negocio, sino en el trato personal. Es lo que intentamos dar en ambos lados; y lo que queremos que se encuentren y se lleven luego.

P. Aída es una comedia, ¿qué género es usted?

R. … Una tragicomedia, fíjate, porque tengo los dos lados. Soy un poco muy de extremos. (Explíquese).

Me lo tomo de forma muy personal, tanto lo bueno como lo malo. Intento relativizar mucho, pero todo me toca muy personal. Lo bueno lo celebro mucho; en lo malo me preocupo de más. Me toque de cerca o no tanto, siempre intento estar ahí al pie del cañón y al final resulta muy difícil.

P. En Soria eso es complicado.

R. Sí, completamente, es muy complicado. Pero estamos en una zona en la que si no nos apoyamos entre todos y no se hace un poco de comunidad y tribu es muy complicado vivir aquí.

P. Como residente en la provincia, pero no soriana, ¿qué cree que va más con este territorio, el drama, el realismo, una historia épica?, ¿qué es lo que más le pega?

R. Le pega el realismo con un poco de fantasía. Estamos en un entorno increíble, casi de película. Pero está la parte real de que todos somos seres humanos, tenemos que vivir y hacen falta, por suerte o por desgracia, medios económicos; hace falta dinero, tener servicios y, dentro de la preciosidad de la zona, a veces es muy complicado. Tiene lo mejor de los dos mundos, pero hay que adaptarse completamente.

P. ¿Qué echa de menos en este sentido?

R. Echo de menos algunos servicios más dedicados pensando en la familia, en los niños. Creo que hace falta pensar un poco más en ellos, porque son el futuro y quienes se quedan o no se quedan. Y en un ámbito en el que necesitamos gente, en el que hay muy pocas personas en los pueblos, que precisan familias, los niños que ya están creciendo aquí también necesitan motivos para quedarse el día de mañana.

En cuanto a la educación, es un privilegio increíble que puedan estar en colegios tan chiquititos, con muy pocos profesores, pero también es muy difícil que no tengan unas extraescolares a las que puedan acudir cerca de casa. El invierno es muy largo y hay que salir 40 kilómetros para poder llevarles a algún sitio. En sanidad, sobre todo, que solo contemos con un día a la semana un pediatra por pueblo resulta bastante complicado cuando se tienen niños y son pequeños.

P. ¿Cómo es esa conciliación de una pareja joven llegada de fuera con dos negocios e hijos pequeños?

R. Para nosotros es bastante sencillo. Si no estamos en casa -residimos y trabajamos en la casa rural- pueden estar en la tienda. El pueblo es un entorno en el que pueden estar tranquilamente jugando de un lado para otro; todo el mundo les echa un ojo. Saben que la mamá o el papá están en la tienda, de quién son hijos. Y todo el mundo está bastante atento. Al final es la conciliación que hemos buscado de esta manera. Entiendo que con otros trabajos no se puede dar de este modo.

P. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de Soria en los años que lleva aquí?

R. Pues mira, va camino de 7 años el próximo octubre y lo que más me ha sorprendido es la zona en general. Como te decía antes, es un entorno increíble muy poco valorado y muy poco conocido fuera de Soria. Yo vengo de Madrid y no había pisado nunca Soria. Y cuando vine me bastó un día para saber que nos teníamos que mudar aquí. De momento no lo cambiaría, no me volvería a una ciudad. La zona es increíble.

P. ¿Cómo fue esta elección? Entiendo que no solo por razones paisajística?

R. No, claro. Estábamos buscando un lugar pequeño en el que pudiésemos vivir tranquilos, crecer nuestros hijos tranquilos y rodeados de naturaleza. Cuando vinimos vimos el éxito que podría tener montar cualquier tipo de negocio aquí. Luego cuando ya llevas más tiempo ves que no hay tantas facilidades, pero está por explotar. El tema del turismo es algo que está muy poco explotado y puede ser muy valorado. Lo vemos cada día en nuestra gente.

P. ¿Qué han visto sus ojos que otros no hayan reparado, a tenor de la necesidad de emprendimiento joven en el medio rural?

R. Lo valoramos más, precisamente porque no nos hemos criado aquí. Los dos nos hemos criado en la capital y nada tiene que ver con esto. Ninguno teníamos pueblo ni sabíamos cómo era la vida en un pueblo. Y al venir te das cuenta de que no todo es salir de casa, ir al trabajo, ganar dinero para poder pagar esa casa o el colegio de los niños, sino que hay vida aparte de eso. Se puede vivir mucho más fácil y necesitas sobre todo muchísimo menos, que parece que es muy difícil. Cuando viene gente aquí y nos dice: '¡Ay!, es que no tenéis un supermercado cerca, es que si queréis ir al cine, es que si queréis ir a tomar algo'… No sé, mil cosas. Y te das cuenta de que no necesitas nada de eso, que puedes ser muchísimo más feliz con muchísimo menos.

P. No me dirá que es muy común que haya taquillas en los pueblos donde entregar el pan. No sé si es un lujo al alcance de pocos o todo lo contrario.

R. No es nada común, la verdad. Creo que lo que más funciona al final es lo que más se necesita, que vaya una persona al pueblo, que puedas mantener un poco de conversación. Hay mucha gente que vive sola y necesita ese punto de decir ‘voy a este sitio y sé que aquí me van a escuchar’.

Las taquillas, originales son, desde luego. Útiles, creo que también, a lo mejor un poco más de cara al verano, cuando haya más gente que las pueda utilizar. Y como último recurso en personas mayores que previamente haya que enseñarles, por supuesto, cómo utilizar este este sistema. Todavía no sé qué resultado va a dar esto. Espero que sea positivo y que mucha gente pueda encontrar utilidad, de forma que todos pongamos un granito de arena para ayudar a todas esas personas que están un poco solas en los pueblos.

P. ¿Cómo está siendo por el momento esta iniciativa suya del reparto del pan en la zona?

R. Se está acogiendo de maravilla, tanto por los vecinos como en general. Fue un gran susto que la panadería dejase de repartir. Creo que desde cuando se dijo no han quedado ni un solo día sin el pan. Fue un gran alivio para todas esas personas, que, además, necesitan esos 5 minutos de poder estar hablando con alguien. Ya te digo, se ha acogido maravillosamente bien. No hemos tenido ni una queja, el primer día salió estupendo, y así va a seguir. Va a ser adaptarse a a otra persona, pero lo hacemos con todo el corazón del mundo e intentando ayudar a todos los vecinos que lo necesiten.

P. Cuénteme algo humanamente admirable.

R. Lo más admirable que tiene el ser humano es la empatía, ponerse en los pies del otro, que no se juzgue la gente entre sí. Si el vecino necesita ayuda -creas que sea de una manera o de otra- tenderle tu mano. Nunca sabes la situación que está pasando esa persona en su casa, en su familia, en su vida. Ponernos en los pies del otro y ayudarle, es lo mejor que tenemos los seres humanos.

P. ¿A qué se parece el invierno en Tierras Altas?

R. (Repite la pregunta). Qué difícil esa pregunta. Es muy duro, muy duro, pero a la vez muy cálido, porque son momentos en familia, de recogimiento en casa. De poder pensar, de meterte un poquito más en ti mismo, hacer un poco cuenta del resto del año y valorar, en el momento en que vuelve a salir el sol, que llega la primavera.

P. ¿Qué le dicen esas huellas en la roca que llamamos icnitas?

R. Que estas tierras una historia que no podemos llegar a imaginar. Mucha historia.

P. Añada algo al pan nuestro de cada día.

R. Una sonrisa y una mano. Una buena charla siempre con la sonrisa en la boca y la mano tendida.

P. Lo mejor que ha adquirido en Soria que no tenga precio y no se pueda comprar.

R. La calidad de vida, la calidad de ser humano y calidad familiar.

P. ¿Quién le habló de Soria?

R. Pues nadie, la verdad. Recibimos una llamada que nunca recordamos haber hecho y eso fue lo que nos trajo aquí. Al ver dónde veníamos, ya nunca nos quisimos ir.

P. Explíqueme eso.

R. Una llamada, que parece que es un poco incógnita, ¿verdad? Pues fue una llamada literal. Nos llamaron después de contactar con muchísimos sitios a nivel nacional. Luego nos llamó el propietario del sitio donde vivimos y nada, fue venir a verlo y ya no quisimos irnos. Pero esa llamada nunca recordamos que la hiciéramos; no recordamos haberlo visto en internet, ni haber hablado con esta persona, ni teníamos un contacto guardado. Fue algo un poco mágico.

P. La inyección impensable que necesita Tierras Altas.

R. Gente, familias, ganas de emprender, de colaborar y ganas de ayudar.

P. ¿Un apellido, un molino de verdad, un establecimiento que ya existía? Hablamos de El Molino.

R. Es el antiguo Molino de Bretún, ni más ni menos, donde nos vinimos y a raíz de ello empezó El Molinero.

P. ¿Por qué sí o no se siente emigrante aquí en Soria?

R. Pues tengo las dos versiones. Es verdad que es gente maravillosa, pero también que cuesta llegar a los sorianos. Y ahora mismo me siento totalmente integrada. Es gratitud completamente, porque lo mismo que doy es lo que recibo y ninguna de las dos partes espera nada a cambio.

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