Heraldo-Diario de Soria

José Antonio Gonzalo: «Paseando por Calatañazor tienes la oportunidad de vivir en otro tiempo»

El presidente de la Asociación de Amigos de Calatañazor pone en valor el papel de las Jornadas Musicales, camino del medio siglo de vida de esta iniciativa que impulsara Juan José García Valenciano

José Antonio Gonzalo.

José Antonio Gonzalo.HDS

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Cuando las citas culturales y festivas de verano en Soria se contaban con los dedos de una mano, la música se quedaba suspendida en Calatañazor. Impregnaba las calles, el Castillo, la iglesia... Camino del medio siglo, aquellas Jornadas Musicales siguen al pie del cañón de la mano de la Asociación de Amigos de Calatañazor. Hablamos con su presidente, José Antonio Gonzalo, del ayer y del hoy de esta iniciativa.

P. Rozan el medio siglo las Jornadas musicales de Calatañazor. ¿Qué tienen para tan larga vida?

R. Lo que tienen es que el marco donde se desarrollan, un marco singular, además de que tratamos de traer lo mejor de acuerdo adonde llegamos con nuestro dinero. El marco donde se hacen los conciertos tiene una acústica tan especial y el medio es tan atractivo que la gente lleva 40 o 50 años, (49) sin faltar un año.

P. ¿Son las mismas o son ya otras? Por aquello del paso del tiempo.

R. Las jornadas son las mismas. De hecho, son ininterrumpidas: cuando se produjo el Covid, que se paralizó todo, nosotros, quizás por cabezonería, pues insistimos y continuamos haciendo conciertos, es decir, no ha habido interrupción en estos 49 años.

P. Con permiso de Juan José García Valenciano, que fue alma mater de esta iniciativa, dígame su motivación para con Calatañazor.

R. Mi motivación no es tampoco muy singular. Conozco la provincia, estoy dentro de una asociación, dentro de Tierras del Cid, y para mí es fundamental la actitud de los sorianos que están asociados en los pueblos. De modo que los pueblos desaparecen y continúan las asociaciones haciendo actividades para enraizar a aquellos que han estado fuera. Trasladado a Calatañazor sería lo mismo, partiendo de una idea fundamental, que es la de García Valenciano, que fue pionera en aquella época, en el año 75, en un pueblo que se despoblaba, que desaparecía, que la gente se iba y que parecía que no iba a sobrevivir. 

Ahora Calatañazor sí tiene valores reconocidos por la gente, es el pueblo más bonito medieval en Castilla, posiblemente, y uno de los más bonitos de Europa. En aquel momento esos valores, digamos que no estaban en vigor. Y lo que había era una huida de la gente para buscar otras formas de vida mejores en otros lugares. Él, sin embargo, montó esta asociación y le dio ese contenido cultural que la ha hecho singular y que hace que haya mucha gente que después de 50 años siguen pagando una pequeña aportación para que la asociación continúe y mantenga su actividad cultural en este pueblo. Nuestro pueblo cuando llega gente a verlo se sorprende al ver que en estos meses de verano estamos organizando unos conciertos preciosos en un marco no vamos a decir inigualable, pero sí muy especial, como es la iglesia de Nuestra Señora del Castillo.

P. Con base de operaciones en Madrid, ¿qué siente José Antonio cuando regresa a Soria, a Calatañazor, el pueblo de sus orígenes?

R.  Me pasa como a casi todos aquellos que, cuando han sido niños, han estado yendo con sus abuelos a pasar el verano, a ayudarles en las labores y que se han sentido en ese pueblo como si hubieran nacido allí. Creo que todos los que hemos tenido esta vivencia consideramos que nuestro pueblo es el pueblo de nuestros padres. Esa es la idea que tienen ahora mismo muchísimas personas con hijos y nietos, que sienten el pueblo natal como su origen, como, su pueblo. Mi pueblo Calatañazor, aunque haya nacido en Madrid. Y en Madrid todos los que tenemos suerte de tener pueblo hacemos elogio y nos sentimos contentísimos de habernos criado en un pueblo, con las formas del pueblo y con las costumbres del pueblo. Eso es lo que tratamos de mantener en Calatañazor, además de activar la economía, mejorar el conocimiento de este pueblo, conservar su patrimonio arquitectónico, paisajístico. Y además hacer que aparezca en los medios de comunicación y que sea reconocido. Queremos mantener los valores del pueblo, potenciarlos y tratar de enraizar a aquellos que han nacido fuera, pero que tienen un vínculo con el pueblo tan estrecho como es ser los hijos de sus papás que nacieron en ese pueblo. Esa es un poco nuestra misión.

P. Siguiendo con esta filosofía ¿dónde le traslada y por qué esta villa?

R. Yo venía a casa de mis abuelos que ocupaban el molino, eran los molineros y panaderos del pueblo. Con lo cual mi vivencia está absolutamente centrada en esa geografía. Me imagino el río Milanos. Cuando veo cualquier elemento de los que interiorizamos y nos sirven para tener una imagen del mundo, es la de mi pueblo. Por ahí pasaba yo, iba a la escuela, mi primera escuela era la de Calatañazor, todo. Es rara la semana que yo no vengo a Calatañazor, aunque sea venir, hablar, saludar, estar con la gente del pueblo y volverme a Madrid. Vivo más aquí que en Madrid.

P. No solo musicales. Hablamos de libros, fotografías, alguna conferencia.

R. Sí, nosotros tenemos como reclamo las jornadas, pero desde hace ya años consideramos que las actividades formarían parte de un marco cultural amplio y variado. De modo que organizamos conciertos, teatro, presentaciones de libros, charlas, exposiciones, incluso excursiones. Cada año recorremos un ángulo de nuestra provincia.

P. ¿Qué es lo que más cuesta en la organización?

R. Una vez que lo tenemos enmarcado, no tiene gran coste. Cada una de las actividades tiene su propio rincón, su propio marco. Los conciertos los damos en cuatro lugares distintos, de modo que adaptamos la ubicación a las características del grupo musical o del tipo de música y tipo de público van dirigidas. Siempre organizamos un concierto en la plaza, varios en la Soledad, otro en la iglesia y alguno, a lo mejor, en el corral de la escuela, que es otro lugar íntimo. Todos ellos tienen características diferentes. 

Luego, otras actividades como pueda ser el homenaje que vamos a hacer este año a Anna Turbao, socia, vecina y amiga. Algunas no tienen prácticamente ningún coste. Todos aquellos que participan en nuestras jornadas, especialmente los músicos, lo hacen por pura voluntad y por cariño y porque disfrutan haciéndolo.

P. ¿Qué atrapa a los fans de este pueblo tan increíble?

R. Pues mira, lo primero es el aire que tiene este pueblo. Llegar a Calatañazor, aparcar en la Soledad y ver ahí que entras en un recinto amurallado, que cuando entras no te defrauda nada… Cuando entras empiezas a ver unos edificios que corresponden a otra época, que el suelo es de otra época; no va la gente vestida de otra época, pero da igual porque ya han hecho una inmersión en el tiempo. Una vez que has llegado a este sitio, tu ánimo sale impregnado de ese ambiente del pueblo.

Y si tienes la opción de ayudar, de mejorar, o de darle a esto un valor y difundirlo, lo haces. Paseando por Calatañazor tienes la oportunidad de vivir en otro tiempo. Y si no hay mucha gente, todavía es más fácil.

P. ¿Por qué la mayoría de los Amigos de Calatañazor son de fuera?

R. Nadie es profeta en su pueblo. Calatañazor carece de población, aunque el señor alcalde habla de no sé cuántos censados. Nuestra realidad es que cualquier día de un mes que no sea julio o agosto, hay una población reducida que se aproxima a los 10 habitantes. Dentro de nuestros asociados, seis son de los que están habituales y luego algunos más. Somos unos 93, unos vivimos en Madrid, aunque tenemos vínculos, y hay otros que ni siquiera. Hay gente que no conocemos físicamente y que hacen aportaciones y los hay que funcionan como mecenas. 

Hay gente que tiene ese sentimiento, esta afección hacia este pueblo y está predispuesto a ser generoso. Lo difícil casi es parar. Funcionamos con una cierta inercia que hace que cada año pues esto sea fácil. No buscamos a los músicos, los músicos nos buscan a nosotros. Dicho así podría ser una exageración, pero es nuestra realidad..

Pues mira, es sorprendente. La cultura sigue vendiendo aunque nos cueste tantísimo el difundirla. Nuestro problema mayor es que no somos capaces de llegar a toda la provincia, porque los costes son altos.

P. Parafraseando el lema del concurso de fotografía, quédese con un detalle de Calatañazor.

R. Te diría lo que digo a todos. Lo importante de Calatañazor es el conjunto. No tenemos nada que sea especialmente relevante. Tenemos un castillo, sí, pero es el conjunto en sí. El paisaje de Calatañazor es único, en lo geológico, en lo histórico, en lo arquitectónico, hasta en el cuidado. Ya no se ve ni un papel tirado por Calatañazor. Como logro de esta asociación, es que cuando nosotros empezamos hace 49, 50 años, Calatañazor era un pueblo viejo, antiguo, destartalado, con ruinas. Y ahora es un pueblo antiguo, bonito, ordenado, limpio. Entonces, ¿qué ha cambiado? Ha cambiado la gente.

P. Le recuerdo que las instituciones se han implicado lo suyo.

R. Digamos que ha sido un progreso de todo el pueblo. Nosotros somos un poco los testigos o los notarios de esta evolución. A Calatañazor llega gente sabiendo a qué va, qué es lo que va a ver y disfrutar. Y antes venían desorientados, a ver cómo es eso, un pueblo antiguo.

P. ¿Qué le falta a Calatañazor que no sea a veces la cobertura?

R. Estoy tratando de reconstruir la ermita de San Juan. Calatañazor tuvo nueve iglesias románicas, de las cuales hemos conservado dos y media. Como campaña y apuesta, sería reconstruir San Juan y hacer que Calatañazor tenga tres preciosas iglesias románicas. Porque lo demás, creo que tenemos un alcalde muy eficiente, una administración que no nos tiene abandonados, y esto a lo mejor no queda muy bien. Quizá ese detalle de la iglesia que tenemos de San Juan, que no hay más que hacerle el tejado y paredes y hacer de ella un centro de recepción de visitantes, un centro de interpretación. Eso sería ahora mismo, a nivel cultural, nuestro objetivo y deficiencia.

P. ¿Qué le enseña el sabinar más grande de Europa?, ¿qué aprende de una sabina?

R. ¿Que qué aprendo de una sabina?, ¿en qué sentido, simbólico o en el sentido biológico? (El que quiera). En los dos. Bueno, pues en el sentido simbólico, mis amigos botánicos tienen querencia por la sabina porque es quizá la especie mejor adaptada a estas condiciones, digamos, de la meseta, con una climatología extrema, que lo mismo te pasa de los 45 a menos 30 grados. Y ahí tenemos a la sabina creciendo en lo alto de una piedra donde no entiendes por dónde pasan las raíces. 

Y en el sentido botánico, pues es un árbol espectacular con unas características especiales, resistente al ataque de los xilófagos, de los animales comedores de madera, y que ha tenido una función fundamental para la construcción de puentes y de aquellas estructuras que tuvieran que estar en contacto con el agua por esa característica que tiene de imputrescibilidad. Cuando hemos derribado alguna casa porque estaba mal y se han cogido las vigas, al rasparlas, vuelven a recobrar la vida que tenían, el aroma, el olor a incienso y no tienen ni una sola galería de carcoma. Esa es la sabina, la especie más resistente y un poquitín el símbolo de esta tierra nuestra castellana de condiciones extremas.

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