JOSÉ ANTONIO TURRADO, SECRETARIO GENERAL DE ASAJA CASTILLA Y LEÓN
Turrado: «El campo ve con muy buenos ojos la regularización de inmigrantes, aunque algunos no quieran reconocerlo»
Apela desde la ironía a la «prioridad nacional» de que los españoles quieran volver a trabajar en la agricultura y la ganadería. Mientras eso no suceda es partidario de que «quien esté en nuestro país tenga derecho a trabajar»

José Antonio Turrado.
Hace pocos días el secretario general de Asaja Castilla y León, José Antonio Turrado, apelaba de forma irónica a la «prioridad nacional» poniendo sobre el tapete que precisamente los españoles, los nacionales, no quieren ni oír hablar de trabajar en el campo. La agricultura y la ganadería necesitan sí o sí la única mano de obra que hay disponible para acometer las siembras y las cosechas: la extranjera. En épocas de campaña puede superar un tercio del total de trabajadores del campo.
Pregunta. Dice usted que la agricultura ofrece trabajo a los nacionales, pero no consigue atraer a ninguno para labores de jornalero. Por eso la inmigración es tan necesaria.
Respuesta. No es nada nuevo. Si uno echa la vista atrás 20 o 30 años, aquí en Castilla y León cuando alguien necesitaba un pastor venían de Portugal. Hace muchos años que nuestros trabajos agrícolas causan un cierto rechazo a los trabajadores nacionales. Nos hemos ido arreglando. Después llegó el fenómeno de la inmigración y la gente se fue regularizando, muchos llegados de Marruecos, un origen muy habitual de todos los tiempos. Luego empezaron a venir de la Europa del Este, pero hubo muchos años en los que no había libre tránsito de personas.
P. El campo ha sido pionero en acoger migrantes antes de que llegaran a otros sectores, entonces.
R. Era un clamor en nuestro sector que a estas personas las necesitamos. La mayoría en aquellas épocas eran de familias de agricultores en su país de origen y conocían la profesión, sabían manejar un tractor y nos costaba muchas dificultades poderlos contratar y poderlos regularizar. Yo diría que ya la mayoría de los trabajadores que tenemos por aquí ya no son de Marruecos, sino de Hispanoamérica.
P. ¿Qué decisiones sería deseable que tomara al respecto el nuevo Gobierno que se va a formar en Castilla y León para mejorar la rentabilidad de las explotaciones agrarias, del que precisamente forma parte Vox, ese partido que habla de la ‘prioridad nacional’?
R. Asaja no ha debatido ese asunto, pero yo, personalmente, no comparto ese concepto [de la ‘prioridad nacional’]. El problema está en los inmigrantes que no tienen papeles. Algunos agricultores tienen la tentación de contratarlos. Pueden creer que les están haciendo un favor o que no tienen otra mano de obra de la que tirar, y luego se ven en un problema. Por eso, yo creo que quien está en nuestro país tiene que tener derecho a trabajar. No sé lo que tiene que hacer el Gobierno autonómico. Pero se nos debe dar a los agricultores la posibilidad de contratarlos y pagarles un sueldo. Y eso en este momento no es así. Los inmigrantes entran en nuestro país porque fallan los sistemas de control y no se les expulsa, pero al mismo tiempo no se les deja trabajar. Me parece una barbaridad.
P. ¿Cuál es la postura oficial de Asaja?
R. Asaja reclama que el que esté en nuestro país, que pueda trabajar, que pueda estar con nosotros en nuestras explotaciones. La política de inmigración que tenga cada país, cada país sabrá. Pero nosotros los necesitamos.
P. En otras palabras, Asaja está a favor de la regularización que está en marcha y que ha sido tan criticada, ¿no?
R. A nosotros nos ha venido bien porque hay necesidad de mano de obra en nuestro sector, y en otros sectores, y esta gente ya está aquí. El Gobierno, las autoridades, sabrán por qué han entrado en nuestro país. Pero parece más razonable que estas personas, que ya conocen nuestro idioma, la mayoría, que ya conocen nuestras costumbres, que de una manera u otra algunos ya han trabajado, que se les regularice. Yo puedo afirmar honestamente que en Asaja la regularización se ha visto con muy buenos ojos.
P. Me da la impresión de que esa postura no se han publicitado mucho
R. Unos lo habremos visto con mejores ojos que otros y algunos, por razones de ideología, se habrán callado para no darle una alegría a Pedro Sánchez. Pero ya le digo yo que con carácter general el sector agrario ha visto con buenos ojos la regularización.
P. ¿A qué se enfrenta un agricultor que contrate a un inmigrante sin papeles?
R. Creo recordar que lo que menos le puede pasar es una multa de unos 6.000 euros, pero más allá de eso puede recaer en responsabilidades penales. Puede reclamarle la Seguridad Social por las cotizaciones no abonadas, y te pueden acusar de tráfico de personas, porque muchas veces suele haber detrás una mafia que comercia con estos migrantes. Vienen de la mano de otro que coordina el grupo. Se puede meter sin comerlo ni beberlo en un delito y le pueden pedir responsabilidades penales. Nosotros desde Asaja aconsejamos a los agricultores que bajo ningún concepto entren en eso.
P. Se puede decir que en el campo han sido testigos de todos los cambios en este primer cuarto de siglo.
R. Hemos ido tocando de todos los fenómenos migratorios y en este momento es casi imposible encontrar trabajadores nacionales. Este hueco se ha cubierto con trabajadores de otros orígenes. No porque en España no hubiera gente en el paro. El sistema de protección que tiene nuestro país se aplica a quien no trabaja y también a gente que a veces se monta el cuento para no trabajar. No quieren nuestros trabajos, y por lo tanto para nosotros los inmigrantes son una parte fundamental de nuestra explotación.
P. ¿Quizá habría que hacer una labor de pedagogía para que esos españoles en paro quieran volver a trabajar en las campañas agrícolas?
R. Lo primero que hay que decir es que en el campo, en su momento, los trabajos tenían cierta penosidad, tanto para el asalariado como para el propio empleador –había muchas tareas manuales, la maquinaria no tenía las comodidades de ahora, las labores con la ganadería eran unas jornadas interminables...– ahora todo eso ha desaparecido. Nuestro trabajo es tan digno como cualquier otro. Objetivamente no debe causar ningún rechazo.
P. Quizá en lo que más se fijen sea en la remuneración.
R. Para el agricultor o el ganadero que tiene una explotación viable el coste salarial no suele ser el más importante. Cuando una persona se lo gana, el empresario se lo paga porque merece la pena. Todo el mundo cumple los convenios del campo, eso sin duda, y después, se suele pagar bastante más.
P. Supongo que las condiciones dependerán del cultivo de que se trate.
R. Y también de que el trabajo requiera una cierta cualificación. El empleado que maneja la maquinaria, no que sepa conducir un tractor, sino que sepa además tratarlo bien y que lo cuide, tiene un valor incalculable. No puedes dejar una herramienta que vale 200.000 euros en manos de alguien inexperto, porque te puede preparar una avería de 50.000 en un momento. En la agricultura hay trabajos con más responsabilidad. El que está en una sala donde se ordeñan 200 vacas y es meticuloso, que si hay una mamitis en una vaca la detecte, cuando alguna tome un antibiótico la aparte para que no se mezcle la leche con las otras... Esas responsabilidades, de una manera u otra hay que pagarlas.
P. Hace pocas décadas muchos universitarios se iban a trabajar a la vendimia para sacarse unas ‘perras’. Supongo que ahora eso es imposible.
R. Ahora eso no se ve. Por otro lado, antes podías coger a unos chavales para las campañas de una manera mucho más sencilla, no había complicación. Ahora para todo hay que hacer los trámites oportunos, darles de alta y una serie de cuestiones administrativas que antes no había.
P. Ahí llega el asunto clave: para darlos de alta tienen que estar regularizados. ¿Qué le diría al próximo Gobierno de Castilla y León para que cambie el sentido de esa fórmula conocida como ‘prioridad nacional’?
R. Yo tengo que ser cuidadoso para no herir susceptibilidades dentro del sector, porque hay mucha gente que abraza esa ideología. A nosotros desde Asaja, que somos apolíticos, no nos corresponde criticar ninguna opción política. Lo que yo creo, con la dificultad de diferenciar lo que es una opinión personal, de lo que va vinculado a un cargo, es que el sector agrario, muchas explotaciones, sin mano de obra asalariada no serían como son, tendrían que ser de otra manera. En ese contexto, nosotros estamos agradecidos a esos inmigrantes que vienen a trabajar a nuestras casas, por un sueldo yo entiendo que digno. En muchos casos, hay tal cercanía que llega a haber una relación de amistad y muy personal. Al final, suelen vivir en el pueblo, a veces en una casa que les ha proporcionado el propio agricultor. En ocasiones, llegan con necesidades muy perentorias y hay que ayudarles más allá de lo que es la propia nómina. La convivencia y la relación laboral es buena. Lo que tenemos que decir es que se les trate bien por parte de las autoridades, del Estado, y que estén con nosotros el mayor tiempo posible, porque estos trabajadores tampoco se asientan fácilmente en una explotación. Suelen terminar viviendo en cabeceras de comarca o ciudades más grandes.