Heraldo-Diario de Soria

TURISMO

Ambrona y Torralba, elefantes y otros animales en el zoo de la Soria prehistórica

Los yacimientos de Ambrona y Torralba suman restos de un centenar de paquidermos mas otros animales y herramientas paleolíticas y se pueden visitar ‘en su salsa’

Una recreación de un elefante prehistórico acompaña al yacimiento paleontológico de Ambrona en Soria. ANTONIO CARRILLO

Una recreación de un elefante prehistórico acompaña al yacimiento paleontológico de Ambrona en Soria. ANTONIO CARRILLO

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Soria

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La tierra que hoy es Castilla y León lleva cientos de miles de años habitada por humanos y homínidos, pero el entorno ha cambiado enormemente. En el este de la comunidad, en una pequeña zona de Soria, hay uno de los cementerios de elefantes prehistóricos (que no exactamente mamuts) más destacados del mundo. Hoy en día resulta chocante imaginar a los paquidermos recorriendo la provincia, pero hace no tanto –en términos planetarios– reinaban. Aún hoy sus restos y recreaciones se pueden visitar.

Los yacimientos de Ambrona y Torralba están separados por apenas tres kilómetros y cuentan con un pequeño museo y una gran maqueta para comprender la importancia paleontológica de esta zona. Junto a los restos de elefantes, con decenas y decenas de ejemplares, han aparecido vestigios de otros animales de la época y herramientas humanas.

El elefante recreado junto al yacimiento de Ambrona. ANTONIO CARRILLO

El elefante recreado junto al yacimiento de Ambrona. ANTONIO CARRILLO

Inicialmente se apostó por que fuese una zona de caza donde el barro facilitaba hacerse con una gran reserva de carne con problemas para huir. En las últimas décadas se baraja que fuese simplemente un lugar donde fuesen a morir los elefantes y los ancestros aprovechasen para carroñear, que lo de abatir semejantes animales con trozos de sílex igual era un poco optimista.

También aparecieron restos de lo que se podría considerar ancestro de la actual vaca (pero bastante más grandes) y de equinos, además de numerosos elementos humanos. Obviamente la ganadería aún no se había instaurado en el Paleolítico y así lo muestran los paneles con las recreaciones, pero es sorprendente imaginar las escenas de aquellos animales hoy ‘de granja’ entre elefantes y humanos.

No obstante, la imagen más singular del yacimiento está en una pequeña nave que apenas llama la atención en medio del paisaje, pero que hace del yacimiento de Ambrona algo único. En muchos enclaves los restos se excavan y se extraen. Aquí se mantuvo una zona excavada pero sin mover los gigantescos colmillos o las mandíbulas del suelo, creando a su alrededor una habitación desde la que ver cómo quedaron aquellos colosos hace miles y miles de años.

No es una recreación. Así se conservaron y se optó por mostrarlos ‘en su salsa’. Buena parte de los mismos está fuera, tapada, y aguarda bajo la tierra. En su momento se decidió preservarlos así ante futuras ampliaciones, para que el contexto permitiese a los ciudadanos del futuro saber mucho más sobre la fauna paleolítica de esta zona. Vaya, que si todo sigue el curso previsto, algún día no se irá a visitar un yacimiento sino que el turista se meterá en toda su literalidad.

Zona del yacimiento a cubierto con los restos de elefante (y uno de bóvido) expuestos in situ. ANTONIO CARRILLO

Zona del yacimiento a cubierto con los restos de elefante (y uno de bóvido) expuestos in situ. ANTONIO CARRILLO

Obviamente y dada la gran cantidad de animales hallados  también hay restos extraídos y que reposan en el museo anexo, en el Museo Numantino de Soria, en el Museo Arqueológico Nacional (que ha albergado exposiciones específicas), en el de Ciencias Naturales... La importancia de este yacimiento es tal que National Geographic pagó algunas de las campañas de excavación, han participado numerosas universidades españolas e incluso la Universidad de Chicago ha trabajado activamente en esta zona.

Desde el punto de vista científico es muy destacado, la posibilidad de ver los restos ‘in situ’ es una experiencia muy singular, la parte expositiva ayuda a ver el pantano donde los ancestros llenaban la despensa... y fuera, una recreación de un elefante prehistórico a tamaño natural. Puede que no sea lo más valioso del yacimiento o la imagen más singular, pero si se visita con niños van a llover las fotos con tan ilustre visitante por tierras sorianas.

El conjunto de Ambrona y Torralba del Moral está declarado además Bien de Interés Cultural (BIC) y Lugar Español de Interés Geológico Internacional a propuesta del Instituto Geológico y Minero de España. Una vez más, la casualidad quiso que hoy se pueda disfrutar de este enclave, que tiene prometidas inversiones para que la repercusión llegue al nivel de los hallazgos. Los yacimientos de Torralba y Ambrona se encontraron en 1888 cuando se trabajaba para crear la línea de ferrocarril Soria-Torralba. Hubo que esperar casi 30 años para que el Marqués de Cerralbo comenzase con campañas de excavación que han logrado fascinar y atraer, década tras década, a estudiosos de medio mundo. La memoria del elefante.

Pueblos sorprendentes y cerveza neolítica

En la zona de Ambrona y Torralba del Moral no todo son vetustos elefantes, gigantescas ‘vacas’ o caballos que se atascaban en las otrora pantanosas tierras del sureste de Soria. Tanto la naturaleza como algunos de sus pueblos guardan sorpresas para el visitante. La ‘cabecera de comarca’ más cercana es Medinaceli, cuyo patrimonio artístico e histórico es casi inabarcable y de la que se han escrito ríos de tinta. Pero hay otras localidades más pequeñas y ocultas al turismo que tienen su miga.

Por ejemplo, Salinas de Medinaceli tiene sabor a mar a más de 1.000 metros de altitud. Sus aguas saladas comenzaron a explotarlas los romanos y aunque la explotación más o menos comercial finalizó en el siglo XX, sus vecinos y amigos aún celebran jornadas para mantenerlas vivas. Si se coincide, se puede participar en una recogida de sal con los métodos tradicionales y vivir una jornada muy curiosa antes o después de visitar paquidermos.

Para quienes busquen un patrimonio más pétreo, Yelo tiene un conjunto que sorprenderá. No es un templo de gran tamaño o bella factura, o un arco histórico. Es algo tan sencillo como sus palomares, que posiblemente sean unos de los más bellos de toda Castilla y León. Encaramados a un acantilado de bloques rectilíneos y coronados con remates de piedra y cruces talladas, tienen un aire señorial a pesar de ser edificios funcionales. Para quien guste de la arquitectura popular, una muy grata sorpresa.

Miño de Medinaceli, ‘capital’ del municipio al que pertenece Ambrona, también tiene lo suyo. Las antiguas escuelas se reconvirtieron en un museo,  hay abrigos rupestres descubiertos recientemente, cuenta con un sepulcro neolítico en el que apareció cerámica campaniforme con lo que se cree que son restos de cerveza. Aunque hay otros candidatos, se apunta que puede ser la primera cerveza de Europa tras los hallazgos del profesor Manuel Rojo (Universidad de Valladolid). También merece la pena parar en la iglesia y cueva de la Santa Cruz de Conquezuela, donde la roca y la arquitectura se cree que llevan siendo escenario de diversos cultos desde hace milenios; o en la iglesia románica del pueblo, con su campanario almenado a modo de castillo. 

Chaorna, Benamira, Azcamellas o Somaén ya pasaron por estas páginas y más hacia el este conforman una ruta de rincones ocultos y sorprendentemente bellos. En Arbujuelo tampoco faltan motivos para pellizcarse, desde los dos gigantescos tolmos de piedra que se alzan hacia el cielo hasta la posibilidad de que un antiguo autobús inglés de dos pisos dé la bienvenida al pueblo. Todo un contraste con los elefantes prehistóricos, pero vecinos al fin y al cabo.

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