Heraldo-Diario de Soria

Vinos de Soria

Camino Soria, vino de la Ribera del Duero caído del cielo

José Luis Sanz dejó su trabajo de ingeniero aeronáutico para entregarse a su pasión por la viña y el vino. Hoy sus ‘Camino Soria’ acumulan premios nacionales e internacionales entre Bacchus, IWAs y Zarcillos

José Luis Sanz posa entre las viñas de las que salen sus vinos de 'Camino Soria'.

José Luis Sanz posa entre las viñas de las que salen sus vinos de 'Camino Soria'.HDS

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Detrás de cada botella de los vinos Camino Soria hay una historia personal de amor a la tierra, pero también un presente y un futuro. José Luis Sanz ejercía como ingeniero aeronáutico cuando el estrés le llevó a replantearse su futuro. Con 45 años decidió formarse de nuevo para convertir lo que hasta entonces era una afición en una nueva vida. Aterrizó en la Ribera del Duero de Soria y ahora los numerosos premios nacionales e internacionales celebran su decisión.

José Luis llevada dos décadas de trabajo en la industria aeronáutica y tanto por el tipo de empleo como «por estar ya en puesto directivo tenía mucho estrés». Llegó un momento en el que sintió que necesitaba disfrutar más la vida y se planteó hacia dónde dirigirse.

«Ya tenía como hobby el mundo del vino. Esta haciendo microvinificaciones en mi casa, comprando uvas y... en fin. Así es como empecé. Pero claro, me salían mal porque no tenía ni idea». Para solucionarlo «empiezo a estudiar por mi cuenta» para mejorar. Llegó un punto en el que el trabajo en Alcatel Espacio «empezó a presionarme muchísimo y decido quitarme el estrés. Decido estudiar enología». De allí al Máster en Enología y Viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid, en la Escuela de Ingenieros Agrónomos, que lo de tener buen ‘coco’ estaba ya demostrado.

José Luis posa con algunos de los diplomas acreditativos de los premios del vino 'Camino Soria'.

José Luis posa con algunos de los diplomas acreditativos de los premios del vino 'Camino Soria'.HDS

Redefinida la vocación, tocaba comenzar a producir y le llamaron sus raíces. «Soy de padres sorianos, de Cubo de Hogueras y Renieblas», municipio este en el que hay parte del cerco de Numancia para dar más ‘sorianidad’ al asunto. «Tengo en Soria treinta y tantos primos carnales». Así que hace ya 14 años miró hacia la Ribera del Duero soriana y como «ni iba a poder tener una gran producción ni invertir en grandes bodegas, busqué». Y halló.

Ahora las uvas de Camino Soria vienen de dos zonas. «Hay viñas en Velilla de San Esteban, a 880 metros y en terreno calizo. En los últimos siete años también en Langa de Duero en una viña muy buena de unos 40 años. Es terreno calizo, en vaso, pero también cascajoso con piedra suelta». Para la vinificación salta la frontera y se adentra en tierras al norte de Aranda de Duero, pero siempre dejando claro el origen del fruto.

El tipo de terreno «unido a la altitud y la climatología, lo que se llama el terroir hace que salgan vinos muy estructurados, con mucha fruta y mucha personalidad». José Luis lo tenía claro, quería dejar que su vino hablase por sí mismo, que cada añada aportase sus matices y huir de la uniformidad.

Es entonces cuando «comienzo a elaborar vinos. Empiezo con 5.000 botellas» que pronto se transforman en 15.000, una cifra que por el momento quiere mantener estable –aunque la vendimia decide– para mantener la calidad por encima de la cantidad. «Pretendo que el vino llegue a la gente» y por eso, a pesar de ser una marca selecta y de cantidades limitadas, se mantiene en precios asequibles.

Lo de ‘selecta’ no es una licencia. En los últimos años ‘Camino Soria’ lleva un Bacchus de oro y otro de plata, otro par de medallas áureas en los International Wine Awards, dos premios Zarcillo de Oro o uno más de plata entre otros galardones nacionales e internacionales. Vinos de altos vuelos, valga la licencia.

Cata de los vinos 'Camino Soria' en una reciente feria en Suiza.

Cata de los vinos 'Camino Soria' en una reciente feria en Suiza.HDS

La gama se centra principalmente en dos referencias. ‘Camino Soria’ se basa en la uva tinta del país para realizar su crianza en barrica antes de salir al mercado. ‘Monte de las Ánimas’, «un lugar emblemático para los sorianos», es su versión de vendimia seleccionada. Reposada 16 meses en barrica nueva de roble francés aunque no se ponga la etiqueta de crianza o reserva.

«Es un vino de autor», apunta José Luis. «A mi me gusta decir eso, que hago vinos de autor. Lo hace una persona con su criterio» dejando que cada añada se exprese y huyendo de la uniformidad entre cosechas. «Un año tiene más estructura, otro año es más sutil. El perfil es el mismo porque la uva viene de las mismas cepas, pero siempre hay matices» diferentes.

En las catas ‘Monte de las Ánimas’ suele ser el preferido, pero «a veces hay personas a las que les gusta más ‘Camino Soria’. No siempre el más caro gusta más y este es quizás más fácil para el gran público. Fue además la primera referencia de José Luis como vinicultor. «Cuesta mucho introducirlo desde el principio, desde cero», sin socios ya instalados en el mundo del vino o grandes inversiones. «Tienes que ir poco a poco, pero sabiendo que tienes un buen producto que puedes vender», asevera echando la vista atrás casi tres lustros.

Presencia internacional

Gracias a ello sus vinos han llegado a mercados como Suiza, Alemania e Inglaterra, manteniendo las exportaciones en torno al 30% de la producción. Su idea es mantenerse en las 15.000 botellas anuales y frente a la ambición numérica de otras empresas, la suya -él mismo- apuesta por mantener un estándar que ha gustado. En España Málaga, Cantabria o las Islas Canarias son algunos de los mercados con más demanda aunque Soria se bebe buena parte de la producción, que para eso es producto de proximidad y el vinicultor tiene tantas raíces como sus cepas.

«Las cosas van funcionando y te empieza avenir gente que se quiere asociar, que quiere llevar tu vino a China o a Estados Unidos... Pero para bien o para mal ya he trabajado en una multinacional. Quiero estar tranquilo y mantener la producción, que es mi forma de mantener la calidad. A veces, por querer crecer puedes descuidarla. Pero no tengo intención de crecer», apunta un vinicultor convencido como pocos aunque llegase a la profesionalización ya entrado en años.

José Luis sostiene que «no pretendo ser un gran bodeguero» en términos de cantidad. «No tengo esa ambición. Esta es mi historia» y el lugar donde se siente feliz y realizado.

Tanto es así que ahora, a sus 60 años, tiene claro dónde le gustaría verse en una década y con la edad de jubilación cumplida. «No, no, no me veo quitándome del mundo del vino. Mientras haces una cosa que te gusta y tienes salud hay que seguir». En la conversación deja caer, por ejemplo, los buenos ratos aprovechando los sarmientos para pasar por la brasa unas chuletillas «con la gente del campo, con los que están en la viña». La cultura del vino va más allá del líquido.

De momento, no falta entretenimiento. «Para una persona sola está bien sacar 15.000 botellas, porque realmente trabajas con muchas más. Ahora está saliendo el crianza de 2020 y hay en stock otras 45.000 botellas» como tal o madurando todavía en las barricas. «Tener un crianza de 2020 te hace tener que guardar tres o cuatro añadas completas».

A ello se suma que la Ribera del Duero soriana tiene en la dura climatología un aliado para la calidad de los caldos, pero también una amenaza en ciernes cuando la cosa se complica. «Ha habido años muy difíciles como este pasado. Las heladas de primavera, el pedrisco en junio y el estrés hídrico han bajado la producción muy por debajo de lo habitual. Se pueden hacer cosas para paliarlo pero son muy difíciles. No puedes evitar que hiele sobre todas las viñas. Hay rebrotes, pero no dan calidad, no son vinificables». De hecho hay autolimitaciones para las cantidades recolectadas de forma que sólo se convierta en vino lo mejor. Para ‘Camino Soria’ no se pasa de 4.000 kilos por hectárea; para ‘Monte de las Ánimas’, de 3.000 kilos.

Todas estas pautas autoimpuestas, tanto en la vendimia como en la producción, tienen su premio más allá de los galardones ‘oficiales’ y los concursos. José Luis señala por ejemplo la última presentación en Suiza. «Es muy gratificante cuando voy a una cata y la gente me dice cómo disfruta, los buenos momentos que ha vivido con ese vino, qué rico está. Vuelves a España y cuando bajas de avión y tomas perspectiva te creces un poco. Vas levitando», asevera este ingeniero aeronáutico que cambió sus metas sin bajar de nivel.

También puso en marcha una tienda online que ayuda a asentarse en «un mundo complejo cuando partes de cero, porque el consumidor es muy ‘de nombres’». Todo por conseguir que «un proyecto humilde funcione» y que «la gente disfrute de un buen vino». Hay pasión, hay formación, hay reconocimientos y hay productos singulares que han logrado que el ‘Camino Soria’ llegue hasta lugares mucho más lejanos. Confucio dijo «elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida». Aquí hay ‘tajo’, pero también está la felicidad.

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