Alimentación
Almendras del Moncayo, ramas llenas de tradición y calidad desde Soria
Javier López Cacho apostó por seguir con la tradición familiar del almendro añadiendo una transformación que defiende la frescura para destacar: "No he hecho más que copiar lo que hacía mi madre"

Jesús López Cacho posa ante el Moncayo junto a uno de sus almendros bien cargados para este año.
Los humanos llevan unos 4.000 años disfrutando de la almendra y hay quien se ha empeñado en que sepan a campo y a tradición. Así nació Almendras del Moncayo, una empresa familiar que tomó los árboles ancestrales para avanzar en una transformación que garantiza la calidad y la frescura.
«Esto nace del cultivo de la almendra de toda la vida en Valverde de Ágreda (Soria). Es familiar, una tradición. Hace un par de años vimos los precios muy bajos que había en el mercado, que daban lo justo para cubrir los costes de producción. Dimos el paso de elaborar y transformar un poco la almendra y comercializarla por nuestra cuenta», explica Jesús López Cacho, quien no duda en destacar lo bonitos que están en este mes de mayo los árboles.
Provincia
"Me gustaría sacar valor añadido con Almendras del Moncayo y ser el dueño de mi propio destino"
Nuria Fernández
La primera clave para «sacar un valor añadido» fue ‘sencilla’ aunque no tanto si se mira a las grandes explotaciones industrializadas. Lo primero, que «es nuestra propia cosecha. Sólo vendemos lo que nosotros producimos. Son de Valverde, del pueblo» y lo que se tiene es lo que se comercializa, sin adquirir a terceros para engrosar cifras.
La segunda está en comercializar con toda la frescura que sea posible. «Nosotros vendemos naturales y tostadas, con o sin sal» en varios formatos. «Y siempre, siempre, recién cascada. Como tiene su mejor sabor. Y la tostada, recién tostada. No suministramos grandes cantidades se echen en cámaras 4 o 5 meses. Nuestra bandera es del almendro a tus manos. Es nuestra línea de comercio».
¿Tanto se nota? Pues sí. «Tiene una aceptación muy buena porque es que hay diferencia. Si tú coges una almendra del almendro de tu abuelo, la cascas con dos piedras y te la comes –lo que se ha hecho toda la vida– tiene un sabor de almendra. Si tú coges una almendra que lleva en una bolsa desde hace 5 meses, que ha estado en cámaras durante un año, pues está buena, pero ya no tiene ese sabor».
«Nuestra bandera es esa, que lo que se come se sabe dónde se produce, cómo se produce y que está recién cascado o recién tostado, siempre», asevera orgulloso Jesús dejando claro que la trazabilidad y la frescura son tan importantes como el árbol. También lo es la variedad. En este caso las «12-15 hectáreas» están produciendo almendra Belona, una de las categorías de la almendra de mesa.
«Es similar a la Marcona. Un sabor dulce, una forma muy bonita, que la puedes comer sin sal, tostada, repelada. No es como otro tipo de almendra que es la Guara, la Llargueta, la Ferragnès, que es un sabor más amargo». Estas últimas, por resumir, son almendras cuya menor dulzura las suele enfocar hacia elaborados como los turrones, donde el azúcar añadido ‘disimula’ que no son tan dulces como las de Valverde de Ágreda. Vaya, que para comerse un puñado de almendras en un vermú las de este rincón de Soria entran solas.
Además Almendras del Moncayo no sólo lleva el nombre del icónico monte, lleva su esencia. La zona «tiene sus dificultades. Estamos a 900 metros de altitud y tiene el frío, las heladas tardías». Este año «nos hemos salvado, pero ha habido años que no hemos cogido prácticamente nada»
«Pero lo que también tiene es un clima en verano fresco, no es como el Bajo Aragón o en la Mancha. ¿Qué pasa? Que lo mismo que las heladas tardías y las bajas temperaturas merman la producción aquí prácticamente» la necesidad de combatir insectos u hongos se reduce «a una cuarta parte» y la sanidad vegetal es máxima. «Se propagan mucho menos y no es necesario estar todo el rato sulfatando almendros. El mejor fungicida es una mañana fresca de dos o tres grados. Y eso nos beneficia».
Aunque la demanda principal se queda en la Comunidad, «tengo clientes por toda España. Pero vamos, que no tenemos tampoco somos una industria muy grande. Somos una pequeña empresa familiar que estamos mi mujer y yo». Menuda campaña les espera. «La cosecha es muy buena. Este año se pueden coger 2.000, 3.000 kilos por hectárea de almendras. Este año va muy bien, pero eso depende de la climatología».
Jesús, toda una vida entre almendros, sigue disfrutando de su fruto. «Sigo, sigo. Me deberían de salir por las orejas», ríe, « pero me gustan. Siempre estoy con una almendras, ‘comprobándolas’». El secreto es sencillo: «no he hecho más que copiar lo que hacía mi madre». La almendra americana es más fácil de repelar para que salga entera y se usa mucho entre las grandes comercializadoras. Las de Almendras del Moncayo requieren más mimo, más pausa. Pero aquí la intención es cara: volver a llevar a la boca el sabor real del campo.