Vino
Bodegas La Celestina, la brillantez del Ribera del Duero para todos
Nacida bajo el paraguas de la aclamada Dominio de Atauta, captura en cada botella de vino la esencia de la Ribera con uvas de Soria y Burgos con una calidad-precio imbatible

Jaime Suárez, enólogo responsable de la bodega.
Dominio de Atauta es un referente entre las bodegas de la Ribera del Duero, con vinos que capturan la esencia de pequeñas parcelas y cepas centenarias. Su San Juan 2020 ha obtenido recientemente 100 puntos en la Guía Vinos Gourmets. La Roza 2018 logró también la máxima calificación en la Guía Peñín 2025, La Mala se llevó 99 puntos Parker y hasta tres referencias han sumado 97 puntos Suckling en este último mes. Excelencia, por resumir. Pero ante caldos con personalidades muy definidas y producciones limitadísimas surgió una inquietud, la de ofrecer todo este saber hacer de forma más accesible y asequible. Ahí nació Bodegas La Celestina, una ‘melliza’ para todos los públicos.
Los padres son de hecho los mismos. Ismael Sanz acompaña a los viticultores todo el año en una auténtica garantía de buena uva. El enólogo Jaime Suárez afina y controla el proceso para lograr el resultado óptimo: por menos de 20 euros hay vinos de 92-93 puntos Parker que captan la esencia de la Ribera de Soria y Burgos.
«Intentamos tener una gama que dé respuesta a los diferentes perfiles de consumidor, a los diferentes momentos. Tenemos los vinos de Dominio de Atauta que resumen muy bien toda la esencia de este valle y de este viñedo tan increíble, el Valle de Atauta» que Jaime tiene a su espalda ya cargado de color otoñal. «Y luego, por otro lado, tenemos toda la gama de La Celestina, donde intentamos hacer vinos que representen un poco más la globalidad de la Ribera del Duero».
Los vinos de Dominio de Atauta «daban una gran calidad, pero se salían un poco de la tipicidad de la Ribera» y las críticas lo alababan destacando que «no se parece a ningún otro Ribera del Duero, que es lo lógico» por las características del terroir soriano. «Entonces se pensó que se podía hacer también desde aquí una versión que sí que coincidiera con ese estándar. En el año 2004 se funda Atalayas de Golbán. Y bueno, desde el año 2016, decidimos darle una vuelta a La Atalaya» y nació Bodegas La Celestina.
Para lograr ese ‘toque Ribera’ hubo que mirar a los vecinos burgaleses. «Es imposible generar un vino que represente toda la Ribera del Duero si solo utilizamos las uvas de Soria, ¿no? Teníamos que abrir un poco el horizonte». Para ello se apostó por un modelo «de compra de uva» pero con ‘truco’: hay acompañamiento continuo a los productores para garantizar las mejores condiciones posibles y lo que se adquiere se ha visto crecer.

Jaime Suárez ante un valle de Atauta que ya se tiñe de otoño.
En la proporción del crianza «hay un 50% más o menos de uvas de la Ribera del Duero soriana que aportan frescor, delicadeza y finura, sobre todo elegancia. Y el otro 50% son uvas que vienen de la parte de la Ribera del Duero burgalesa. Y ahí lo que buscamos es un poco la estructura, el cuerpo, la potencia. Los viñedos de la parte soriana son de unos 60-70 años e intentamos ir a buscar una predominancia de suelos arenosos. La arena va a hacer lucir más esa versión más delicada, la zona con mayor altitud que va a proporcionar ese frescor. Los suelos arenosos se encargan de que ese frescor sea delicado, muy elegante. Luego en la parte de Burgos vamos a buscar arcillas que armen un poco ese esqueleto, que den esa estructura, esa corpulencia. Estamos ahí en una horquilla de viñedos de 25 y 35 años».
Jaime lo tiene claro y destaca que para hacer un vino que busca sobre todo la mejor relación calidad-precio todo comienza en racimo. «Para hacer vino de calidad se necesitan uvas de calidad. Eso es eso es fundamental. Tenemos contratos a largo plazo con viticultores con los que llevamos trabajando históricamente en todos estos pueblos de la Ribera del Duero. Lo que hacemos es trabajar con ellos y cambiarles el asesoramiento técnico» que pasa a las expertas manos «de nuestro director de viticultura, que es Ismael Sanz, por asegurarnos una calidad y en el precio que necesitamos. La filosofía es de acompañamiento durante todo el año del viticultor». Muchos de ellos tienen otras profesiones y no pueden atender a tiempo completo las parcelas. «Es una especie de win-win. Ellos ganan tranquilidad, saben que no van a tener problemas en sus viñedos y nosotros aseguramos la calidad».
Bodegas la Celestina ofrece dos referencias principales que además están estrenando imagen. «Hay una Celestina crianza. Estamos ahora mismo con la añada 2022. Y un Celestina reserva que lanzamos ahora mismo en la añada 2020. El reserva tiene más uva de Soria, sobre un 70% y un 30-40% de uvas de Burgos». Hasta ahora se llamaba ‘Vendimia Seleccionada’ y, aunque el nombre cambie, esa sigue siendo la base.
Jaime, en charla distendida, viene a resumir la gama en un vino para tomar de pie y otro para disfrutar sentado, uno para acompañar con una tapa en barra y otro para descorchar con tiempo en torno a la mesa. «Estamos en unos niveles fenomenales de reconocimiento. Está llegando también al público. Soria es un poco el epicentro, como siempre, pero ya se chatea con La Celestina en Valladolid, ya vas a Madrid y lo hay en muchas barras, vas a Burgos y lo hay, vas a Valencia y lo hay. Funciona muy bien porque tiene una relación calidad-precio altísima. Nos permite llegar a barras y ofrecer un chateo de calidad» con el crianza y acompañar las mejores mesas con el reserva. Es, en definitiva, ‘democratizar’ el brillo de Dominio de Atauta.
Pero Jaime no habla de cubrir perfiles de mercado, sino de poder llevar su trabajo a «momentos», a «personas». La Celestina Crianza «es un vino perfecto, con muchísima fruta. Tiene un poco de todo en la boca, tiene una cierta estructura, pero es muy redondito, muy fino, muy elegante, muy fácil de beber, con una cierta golosura y es un poco lo que muchos consumidores buscan. No complicarse la vida, cada momento no es para hacerle un análisis en profundidad al vino que te estás tomando. Simplemente necesitas un vino que acompañe» la charla.
En cambio «el reserva es otra cosa. Es un vino más ‘serio’, te lleva más a la mesa, a un momento un poquito con menos prisa, un mantel, es otra cosa. Un poquito más profundo también. Al final, yo creo que un reserva de Ribera del Duero debe ser siempre un gran vino».
Además el haber nacido bajo el sello de Dominio de Atauta, «tiene que ser un sello de garantía. Puede ser, clarísimamente, una puerta de entrada. Puede acceder a La Celestina, y que eso traiga a buscar luego otro escalón, otras sensaciones con los vinos de Dominio de Atauta».
Mientras, se trabaja en la tendencia mundial de buscar vinos donde la madera ensalce sin llegar a saturar. «Cada vez se busca más un poco un estilo de vino más fluido, más fácil de beber, más fácil de entender también, sin tanta complejidad». Para ello en La Celestina se busca «utilizar una madera muy fina, donde en un porcentaje razonable pueda soportar un poquito la estructura, pero que deje lucir la fruta».
Por el momento 150.000 botellas del crianza y 20.000 del reserva logran año tras año el objetivo de llevar la excelencia de su origen a un público más amplio. Vinos para iniciarse o para iniciados que simplemente quieren una buena copa a buen precio para una buena conversación. Una Celestina que, como la de Fernando de Rojas, crea parejas, pero esta vez uniendo al gran público con el buen vino de la Ribera del Duero.