Heraldo-Diario de Soria

Climatología

La cosecha de lavanda, en jaque por la sequía y el calor

Las fincas de San Felices representan la mitad de la superficie sembrada en Soria y con una campaña a punto de finalizar sus propietarios destacan que es la peor cosecha desde que apostaron por el cultivo de esta planta en 2007

Campos de lavanda en Soria.

Campos de lavanda en Soria.HDS

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Soria

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En Soria, los campos de San Felices atesoran prácticamente la mitad de la superficie sembrada en la provincia de lavanda y lavandín. Las espectaculares tonalidades moradas y violetas desaparecen ahora a punto de terminar la cosecha de estas plantas aromáticas que comenzó hace aproximadamente un mes, tal y como indica Damián Navascués que junto a su mujer, Virginia Re, decidió dar un giro a su vida madrileña y apostar por su pueblo en el medio rural soriano. Navascués explica que esta cosecha, adelantada por la meteorología «supondrá alrededor de media cosecha en términos de producción ya que la sequía, el calor, las tormentas con cinco pedregadas cuando el ramillete ya estaba sólido... Si una producción óptima está en torno a los 27-35 kilos por hectárea, este año estaremos entre los 18 y 20 kilos». Con estos datos sobre la mesa, este agricultor soriano señala que «es la peor cosecha» desde que materializaron su apuesta por este cultivo, en 2007. Un escenario que, sin embargo, no les va hacer tirar la toalla: «Aguantamos pero sufriendo».

Frente a este panorama desolador hay una buena noticia ya que como la producción es escasa los precios a la hora de sacar el producto al mercado se incrementarán. «Tenemos varias cosechas guardadas, a consecuencia de la pandemia. El 15 de septiembres la Organización Francesa pone el  precio en el mercado y debido a la situación meterológica que se ha vivido en toda Europa, con olas de calor cuando no debía hacer tanto calor y con agua a destiempo toda la producción europea se encuentra en la misma situación». En este punto, explica que «son los franceses, sobre todo de la zona de la Provenza, los que llevan la voz cantante, son los que mueven el 80% del negocio. Tienen un sistema de organización territorial en el que los gremios y los productores están integrados en departamentos que tienen una potencia extraordinaria», asevera.

La previsión es terminar de cosechar sus 60 hectáreas «en torno al 31 de agosto o el 1 de septiembre». Una cosecha que están realizando dos personas «y está saliendo muy bien el trabajo. Otros años nos alargábamos hasta finales de septiembre pero este año está más concentrado con un poco menos de mata pero con holgura por lo que tanto la maquina de cosechar como la de destilar están funcionando sin problemas».

En lo que se refiere a los datos regionales, tomando como base los datos de 2021 del Anuario de Estadística Agraria de Castilla y León, la superficie sembrada alcanzó las 1.635 hectáreas con una producción de 3.986 toneladas.

Valladolid lidera las estadísticas, con 613 hectáreas, y le sigue Burgos, con 487. En tercer lugar, Palencia, donde se cultivan 261 hectáreas, y detrás, Soria, con 126. Muy lejos ya están las 65 hectáreas de Ávila y las 32 de Segovia; León, con 29 hectáreas, Zamora, donde se cultivan 17 hectáreas, y Salamanca, con apenas cinco hectáreas.

Se trata de un producto cuya rentabilidad se fija en el medio y el largo plazo, puesto que el primer año se planta pero no se recoge prácticamente nada, y no es hasta el tercero cuando se empieza a tener rentabilidad. Así, alcanza su nivel óptimo a partir del cuarto año y sus rendimientos se mantienen en niveles altos hasta los 12 ó 15 años desde el inicio del cultivo.

En este sentido, destaca Navascués «hemos cumplido los doce años de ciclo y vamos a comenzar a dar alternancia a las plantas» que, por otra parte, tienen un ciclo de floración anual, es decir, hay una única cosecha de este cultivo cada año.

El cultivo ecológico de plantas aromáticas requiere que la flor, una vez recolectada, se deposite en remolques de acero inoxidable y su almacenamiento hermético para después calentarla en un horno y obtener, mediante el vapor resultante, la esencia de lavanda. El vapor pasa por un serpentín en el que se enfría y se puede separar el agua del aceite, que es la esencia de la lavanda.

Navascués y Re cuentan con una destilería en la que se completa todo el proceso y trabajan las plantas de otros clientes de comunidades vecinas como La Rioja o Aragón.

Respecto a las diferencias entre la lavanda y el lavandín, Navascués explica que «la lavanda es una variedad muy fina de olor dirigida hacia la cosmética y la perfumería mientras el lavandín es mucho más fuerte de olor y con unos componentes naturales más marcados a nivel de linalol y alcanfor que se usa para insecticidas y productos de limpieza». Respecto a su producción, este agricultor afirma que «lo compran todo fuera, prácticamente se va todo a Suiza, Francia y Holanda».

Navascués y Re decidieron abandonar su vida y su trabajo en Madrid para asentarse en San Felices. «En el pueblo el espliego, que es de la misma familia que las lavandas crece de forma natural bastante bien. Es una zona de montaña sin concentración parcelaria... Decidimos apostar por el medio rural y por una zona que está bastante castigada dedicándonos al cultivo de la lavanda», apunta. Poco a poco van generando actividades complementarias ya que organizan visitas guiadas a sus campos y Virginia Re ha lanzado bajo la marca ‘Árboles Ecológicos’ una línea cosmética que contiene aceites esenciales de lavanda maillete, aceite esencial de lavandín Super, crema de gel facial, bálsamo labial, champú anticaída, serum antimanchas...

El cultivo de la tierra lo complementan con el turismo, que cada año intentan ampliar con nuevas actividades como propietarios del hotel rural Las Abadías, y mostrando su vida y su pasión: sus cultivos, el entorno y su pueblo. Es por eso que durante la floración ofrecen visitas guiadas.

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