Heraldo-Diario de Soria

Redacción

Las redes y el lobo

La autora, Juana Largo Lagunas, diserta sobre los usos de las redes sociales donde las palabras, defiende, no son lo que parecen

Creado:

Actualizado:

Lo primero explicar a lo que me refiero con este título: hace referencia a los usos, múltiples, de las redes, y en concreto a lo que les ocurre o puede ocurrir a ciertas usuarias o a las mujeres “socias” de las redes.

En este pandemónium de mundo, en el cual ahora vivimos cada vez más en las catástrofes: recordemos que casi toda esta racha mala que algunos llevamos, ocurrió en el 2008, y muchas personas sin poder levantar cabeza, cada vez más polarizada la colectividad: los de arriba con sus ganancias –aunque sean fraudulentas- y los de abajo sin poder subir los escalones que los otros dichos ponen a toda aquella gente que, antes, podía utilizar el ascensor social, bueno pues se han desarrollado por parte de la Tecnología –que no sabemos si ésta es de derechas o de izquierdas- alguna que otra aplicación que, en medio de la confusión social, algunas personas utilizan de forma en que pueden cometer fraude y no solo escandalizar a las personas honradas, sino además perjudicarlas.

Hay un uso en las redes que, con el Messenger, ponen en cuestión el otro uso: el uso legítimo de las redes. No se refiera una solo a que se lancen mensajes de todo tipo y descaro e incluso de las intimidades peligrosas en las que caemos todos.

Hay, en el Globo, una soledad creciente por parte de las poblaciones e individuos. Parece que el Sistema (llámelo usted si quiere también: “Cuarta Revolución Industrial) para sobreponerse en la carrera de la ganancia o beneficio con el menor esfuerzo o la mayor explotación, tiene que solapar o ensombrecer a una gran capa de población que, bien por la economía, bien por la política reaccionaria, sacrifica a algunos niveles de gente: las Residencias, no solo las de Soria, están llenas, los viejos son apartados del ajetreo social y de movimiento económico, el Sistema retrasa o menoscaba a las poblaciones ancianas en aras del progreso, cuando, cosa curiosa, las capas jóvenes son sacrificadas con la bajas oportunidades de salir adelante. Pero no es esto solo lo que se quiere hacer constar: es que, en esas capas de población inutilizadas, las mujeres también, si se afanan a meterse en las redes, ocurre que hay por ahí, por el mundo, listos que tratan de sacar su ganancia.

A muchas de nosotras nos ha ocurrido a menudo que, al participar en una red, nos llegan cartas de novios enamorados, solo por nuestra carita, y que nos hablan y nos machacan con la palabra “amor”. Este es el perfil de mujeres sobre todo mayores y aisladas que confían en las virtudes de las redes. Y, claro, como todos nos tenemos que buscar la vida, les o nos puede salir un novio que nos prometa, con su dulce verbo escrito, el Paraíso. Y nos llegan voces lisonjeras y llenas de las palabras “Te quiero, amor” o “Love” o “Dear”. Y nos llenan de gratitudes y afabilidades sabiendo los remitentes de nuestra soledad y más, como el caso de todo el mundo, en el amor.

Tenemos que, aunque las palabras sean bonitas y nos adulen y satisfagan, saber que esas palabras pueden ser mentirosas y falaces. Habría que saber de quién vienen. Habría que saber si realmente quieren una relación sana y habría que ver si pueden esconder otro fin distinto al proclamado. Como no tenemos servicios sociales para nuestro propio albedrío, y por eso usamos las redes, habría que saber si nos están intentando engañar o no. Muchas mujeres solas nos vemos a veces acometidas por estos impostores. Y nos hacen soñar con una vida mejor que la que llevamos en nuestras comunidades, nos hablan de países lejanos y de yates y de merecidos premios… En fin, que dejemos de ser un poco tontitas y desconfiemos de estos aspectos de las redes. El lobo puede ocultarse en ellas.

tracking