Heraldo-Diario de Soria

MÁS SE PERDIÓ EN CUBA

Ignacio Soria

Yo sí entro en fiestas, ¿y tú?

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Alertan los jurados de 2024 que ha bajado, al menos hasta la fecha, el número de vecinos que dan el paso para apuntarse a sus cuadrillas y por tanto entrar en fiestas. Siempre he comprendido que hay muchos sorianos a los que no les gustan los sanjuanes, y por ello veo lógico que no quieran participar. Toda la vida ha habido un buen número de gente que huye despavorida como alma que lleva el diablo hacia las costas españolas buscando sol y playa a finales de junio. Bueno, sol y playa, pero, sobre todo, también tranquilidad y relax mientras aquí la ciudad se sumerge en cinco días frenéticos de fiesta continua. Pero somos más, muchos más los que nos quedamos, y es verdad que las cuentas no salen. Más allá de las típicas excusas que muchos utilizan, es un hecho innegable que cientos de los que no deciden entrar en fiestas, se quedan y disfrutan de nuestros sanjuanes. Nadie dice, y en ningún sitio está escrito, que sea “conditio sine qua non” que para disfrutar de las Fiestas de San Juan o de la madre de Dios, sea necesario dar el sí a los emisarios de los 12 alcaldes de barrio que tras el Catapán se patean las comunidades de vecinos acabando con un callo en el dedo de tanto llamar a los timbres. Pero si no entra en escena la pedagogía para explicarles a algunos que con este tipo de actuaciones poco a poco se perderán los usos y costumbres, estaremos contribuyendo a desvirtuar la esencia de unas fiestas arraigadas como pocas en la ciudad. Todos los años surge la polémica en torno a la participación de los vecinos en las fiestas locales. Alguna vez, incluso se ha amagado con abrir el debate sobre la posibilidad de aplicar fórmulas que pasaran, por ejemplo, por aplicar una cuota general a todos los vecinos fueran sanjuaneros o no. Fórmulas que quizás se dicen en caliente, pero que se sabe serían difíciles –por no decir imposibles–, de aplicar, ya que se montaría, no sin razón, la de San Quintín en la capital. Por eso insisto, que la pedagogía debería de colarse entre los más pequeños primero, como futuros sanjuaneros de pro, y sin parar, llegar también hasta los jóvenes, que son quizás los que más disfrutan (a su edad todos lo hicimos), pero que dejan la parte más ortodoxa y pura de las fiestas a sus mayores (padres y abuelos), que desgraciadamente no sostendrán el sistema eternamente. Estas fiestas se pueden vivir de mil formas distintas, y eso precisamente, es lo que las hace grandes e inigualables. Todos hemos “sanjuaneado” en la niñez de la mano de nuestros abuelos y padres; de adolescentes, negociando la hora de llegada a casa; de adultos, yéndonos a dormir un poco antes porque el cuerpo nos marca los años acumulados; y cuando lleguemos a mayores –los que lleguemos claro está–, las viviremos de otra forma que aún está por ver…. Pero la raíz, el rito de decir sí, podríamos decir, y que enciende la mecha a todo lo que sucede desde el Catapán al Lunes de Bailas, hay que regarlo todos los años, o la sequedad se abrirá paso marchitándolo todo. Yo sí entro en fiestas, ¿y tú?

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