SORIANOS POR EL MUNDO

El narrador sereno que necesita a Soria

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J. RAMÓN RODRÍGUEZ / Soria
Soria

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Su mirada es penetrante. Cuando sus ojos enfocan al entrevistador parece que no puedes escapar de su campo de visión. Hablar con él es hacerlo con José Ángel a pesar de que literariamente es J.Á. Quizás marketing o su pensamiento de escritor que en cada nombre ve personajes. J.Á. González Sainz es un soriano por el mundo que nunca ha olvidado a Soria, una tierra que le inspira, que se está apresurando a enseñar a sus amigos y en la que sueña tener su hogar y su fábrica de letras y libros. En Soria tendrá que buscar la ruta de los cafés para poder surfear como lo hace en Trieste, ciudad de espléndidos cafés que son, además, maravillosos sitios de tertulia.

Este singular soriano por el mundo es un narrador sereno que acumula premios en el mundo de la literatura. En 1995 fue el ganador del Premio Herralde de Novela y diez años más tarde le concedieron el Premio de las Letras de Castilla y León. Su novela más conocida es la última, ‘Ojos que no ven’ , según reconoce. Y las más complejas, ‘Volver al mundo’ y ‘Un mundo exasperado’, con la que comenzó a proyectar el nombre de Soria.

J.Á. nació en Soria y se crió en el bello pueblo de Valdeavellano de Tera. Muy pronto se trasladó a Barcelona, donde, además, se licenció en Filología Hispánica. Con 25 años salió hacia Padua, aunque comenzó su andadura laboral en la Universidad Ca’ foscari de Venecia, donde todavía imparte clases de literatura y traducción. En la ciudad de los canales instaló su residencia hasta el año 2002 y desde entonces reside en Trieste, «una ciudad rara, muy rara, que es lo que desde el principio me atrajo».

«Mucho antes de que fuera a vivir a Trieste, ahora ya hace nueve años, ya iba de vez en cuando a pasear y dejarme sentir intrigado por ella. Más que hermosa, que todavía no sé si lo es, es eso, extraña, intrigante, cultural, histórica y geográficamente intrigante, y en ella se dan cita todo tipo de contradicciones y extrañezas que son la materia prima de la literatura. Contradicciones y extrañezas geográficas, culturales, históricas y políticas y hasta mentales», apuntaba hace unos J.Á. sentado en una de las terrazas más demandadas del centro de la capital soriana, donde ha pasado sus vacaciones.

Este soriano internacional conversa en la plaza Ramón y Cajal sobre Trieste, ciudad a la que le diferencia, además de sus cafés, un viento endemoniado llamado ‘bora’, como parte de su pasado mientras sus ojos se abren cuando habla del futuro que parece ligado a Soria. «Llevo nueve años en Trieste y 30 es Italia, ya demasiado, primero en Padua y después, veinte años en Venecia, ciudad de la que me enamoré al principio y que acabé aborreciendo». J.Á., que va dos días a la semana a Venecia, en cuya Universidad es profesor contratado, es un asiduo en Trieste de «los montes y el mar» y, por supuesto, los cafés. «Últimamente voy mucho al café librería Lovat, en el Viale XX Settembre, un espacio muy interesante donde el café está metido en la librería.

 

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Algo que se podría copiar en Soria», cuenta sobre la ciudad en la que reside y en la que la cultura literaria en inmensa. Él sobre esta ciudad considerada una avanzadilla de la modernidad ha publicado, dice, poco. «He escrito, o más bien publicado, poco sobre Trieste; a lo mejor tengo que volver a Soria para escribir sobre Trieste, como he hecho en Trieste, que he escrito sobre España o a partir de lugares como Soria o el Valle, por ejemplo en ‘Volver al mundo’. Son los caprichos de la distancia», deja caer este autor a quien su cara le delata cuando se le pregunta por el retorno a casa. «Pues sí, es muy probable que lo haga y en breve. Hay muchas cosas que me atraen de Soria, no sólo los recuerdos de la niñez (mi madre me dio a luz en la clínica de Juan Sala de Pablo y pasé mis primeros años en Valdeavellano), sino la tranquilidad, la luz e, incluso las cosas que se pueden hacer en la provincia.