Heraldo-Diario de Soria

Las peleas se duplican en la última década en Castilla y León pero Soria es donde más bajan en el último año

Para el Colegio de Psicólogos, que advierte que “sin consecuencias” no se puede modificar la conducta humana, detrás de este incremento de la violencia está la falta de aprendizaje de la gestión emocional

Delito de lesiones y riña tumultuaria (10cmx7cm).

Delito de lesiones y riña tumultuaria (10cmx7cm).FS

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Los delitos de lesiones leves y riñas tumultuarias casi se han duplicado en la última década en Castilla y León, pasando de los 621 contabilizados en 2016, a los 1.203 con los que se cerró el pasado año, convirtiéndose en la cuarta infracción penal en cuanto a número, por detrás de las estafas informáticas (24.925), los hurtos (17.921) y los robos con fuerza en domicilio y otras instalaciones (7.217). Sin embargo Soria deja datos en positivo, al menos si se comparan los dos últimos años completos. Es la provincia donde más descendieron este tipo de sucesos en toda la Comunidad. De hecho en siete subieron y en una octava, Valladolid, la diferencia permite hablar prácticamente de estabilización.

Soria sin embargo pasó de las 65 peleas y riñas tumultuarias constatadas en 2024 a 57 en 2025, con un descenso del 12,3% frente a la subida interanual de más de nueve puntos en el conjunto de la Comunidad. Un dato que le permite volver a situarse a la cola en este tipo de incidentes después de que en 2024 Palencia mejorase por poco sus cifras.

A nivel nacional, según datos del Ministerio del Interior a los que ha tenido acceso Ical, el crecimiento ha sido del 81,6%, al pasar de 17.331 a 31.481. Además, en los primeros seis meses de este año el incremento en Castilla y León es del 19,6% con relación al mismo periodo de 2025, con 640 delitos.

En el 2025, la subida en el conjunto de la Comunidad fue del 9,56%, tendencia que se repitió en todas las provincias a excepción de Soria, donde cayeron un 12,3%, hasta los 57, y Valladolid, donde la caída fue del 2,4% (249). Los mayores incrementos se registraron en Ávila, con un 32,9%, hasta los 113; en Zamora, con un 25,7% (88) y en Palencia, con un 17,2% (75).

En León, la provincia que más infracciones de este tipo registra por detrás de Valladolid, se contabilizaron 228, lo que supone una subida del 14,6%. En Segovia el incremento fue del 10,6% (73); en Burgos del 9,9% (210), y en Salamanca del 6,8% (110).

Desde el Colegio Oficial de Psicología de Castilla y León (Copcyl), su vicedecano, Vicente Martín, explica este incremento de la violencia en las calles por la falta de consecuencias que tienen determinados actos y recalca que “si no hay consecuencias es muy difícil manejar las conductas humanas”.

Martín argumenta que en la escuela, en la universidad y en el ámbito laboral no hay los suficientes controles como para mantener “conductas adecuadas”, lo que provoca que las personas no aprendan gestión emocional. “Si en la escuela no hay consecuencias a determinadas conductas y si a los niños no se les enseña a regular las emociones, en favor de una educación permisiva y en contra de los castigos, se acostumbran a manifestarse de forma descontrolada”. En este sentido, remarca que no se puede pretender que se extingan determinadas conductas sin que existan consecuencias negativas.

Además explica que detrás de este aumento se encuentra el aprendizaje vicario, proceso mediante el cual una persona adquiere comportamientos, valores o actitudes al observar las acciones de otra e imitarle, y en el que tiene un enorme pesos las redes sociales, donde continuamente se puede ver peleas, agresiones o conductas antisociales, pero donde no se muestran sus consecuencias. “Si nos enseñaran que la persona que agrede otra acaba en la cárcel, con una gran multa o con una orden de alejamiento, seguro que intentaríamos evitar ese tipo de comportamientos”, afirmó.

Martín lamenta también la falta de regulación emocional que antes se aprendía en la escuela, de métodos coercitivos por parte de la policía, “hasta el punto que una parte de la sociedad se confunde y piensa que castiga a ciertos ciudadanos” y la ausencia de argumentos de autoridad.

En este sentido, critica la falta de autoridad que existe en la actualidad por parte de profesores, padres, policías y, prácticamente, por los jueces. “No hay censura ni control y el problema es que determinadas conductas violentas se incrementan por la falta de regulación emocional, de expectativas de empleo, o por la frustración que ahora existe entre los jóvenes. No existen valores de control como pueden ser la honestidad o la responsabilidad y tampoco religiosos. Ante su falta, la intolerancia a la frustración, más las drogas, más la falta de expectativas y, sobre todo, la falta de regulación emocional, hace que la gente se dispare y busque un desahogo a través de la violencia”.

Polarización

Por su parte, el secretario autonómico del Sindicato Unificado de Policía (SUP), José Robles, apunta que detrás de este incremento de la violencia no hay una única causa, a la vez que advierte que la actual polarización de la vida política acaba por trasladarse a la sociedad y se convierte en un elemento que hace aflorar la agresividad.

Robles también asegura a la proliferación de bandas juveniles violentas, “contra las que la Policía Nacional está realizando una importante labor preventiva en las ciudades de Castilla y León”. En este sentido, indica que gracias a las unidades de información se viene realizando un seguimiento cercano, y apunta que en ningún caso alcanzan la estructura que bandas como los Trinitarios o los Dominican Don’t Play tienen en las grandes ciudades.

Jupol

En términos similares se pronuncia desde sindicato Jupol en Castilla y León su secretario regional, Víctor Manuel González, que además de apuntar que la mayoría de peleas se producen en zonas de ocio nocturno, remarca que a la falta de un castigo penal se suma la proliferación de bandas juveniles violentas de carácter latino, y a los incidentes que se producen en zonas rurales con temporeros, en su mayor parte procedentes de Marruecos, donde el consumo del alcohol se convierte en el principal detonante.

Además, González resalta que de forma paralela a este incremento de peleas, también se está registrando un incremento de delitos por desobediencia o resistencia a la autoridad, así como infracciones por faltas de respeto a los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

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