Heraldo-Diario de Soria

Soria confirma su temor: Cierra la peor campaña micológica de otoño desde 1995

Los técnicos de la Fundación Cesefor no han constatado registros de boletus ni de níscalos en las parcelas de muestreo de Pinar Grande y Pinares Llanos, aunque sí ha habido fructificaciones dispersas en zonas concretas 

Sin registro de boletus ni de níscalos en las parcelas de muestreo de Pinar Grande y Pinares Llanos de la Fundación Cesefor .

Sin registro de boletus ni de níscalos en las parcelas de muestreo de Pinar Grande y Pinares Llanos de la Fundación Cesefor .HDS

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El descenso térmico de las últimas semanas que se ha mantenido constante y con heladas durante varios días seguidos confirma el fin de la campaña micológica de otoño, la peor desde que hay registros de datos en parcelas de Soria, hace ya 30 años. Y es que en los muestreos que realiza la Fundación Cesefor para el proyecto micológico Micocyl de la Junta en Pinar Grande y Pinares Llanos no se ha constatado producción alguna ni de Boletus tipo edulis ni de níscalos, las dos especies culinarias más relevantes en esta época del año, y tampoco se espera fructificación para la próxima semana, la última del inventario según los técnicos de Cesefor.

A pesar de que los suelos han recuperado un buen estado de humedad, las heladas registradas han provocado daños en los escasos carpóforos que han fructificado, según constata Fernando Martínez Peña, científico titular del INIA-CSIC y director del Instituto Micológico Europeo (EMI en sus siglas en inglés).

«Según los datos procedentes de los inventarios financiados por la Junta desde 1995, para Boletus edulis en Pinar Grande, aunque ha habido fructificaciones dispersas en las últimas semanas, se trataría de un año muy malo, similar o peor al de las campañas de otoño de 2005 y 2016», sostiene Martínez Peña.

Especies saprobias como la seta de cardo (Pleurotus eryngii) o los parasoles (Macrolepiota spp), sí han registrado fructificaciones más generalizadas, mientras las que especies otoñales más comercializadas como Boletus y Lactarius «hay valores de producción marginales».

De hecho, tan sólo se han registrado tres campañas tan malas por el momento como la actual, que ha acabado a cero en los muestreos de las parcelas de Pinares Llanos y Pinar Grande. En 2004 y 2005 apenas hubo producción ni de Boletus edulis ni de Lactarius deliciosus (níscalos). Entonces se paró por los hielos ‘prematuros’. También 2016 fue una temporada pésima, sin fructificación hasta la segunda quincena de octubre. «La primera seta que identificamos fue a mediados de octubre, tras las lluvias de finales de septiembre», recordaban fuentes del proyecto Micocyl. También ha habido otras temporadas de otoño de poca producción de níscalos, como las de 2007, 2011 y 2017, que se quedaron igualmente a cero, si bien fueron años que se ‘compensaron’ con los resultados de boletus, con 3, 9 y 14 kilos por hectárea, respectivamente.

Cabe recordar que la Fundación Cesefor, con el apoyo de la Junta, lleva 30 años realizando un gran esfuerzo para la recopilación e interpretación de datos de producción y aprovechamiento de setas silvestres, con la finalidad última de transmitir una información útil tanto a los miles de recolectores usuarios como a los gestores de aprovechamientos micológicos. Su inventario anual se realiza con periodicidad semanal desde febrero a diciembre, coincidiendo con los periodos de fructificación de las principales especies con interés socioeconómico y probablemente la próxima semana será la última, debido a la nula fructificación.

Arrancó en 1995 y desde entonces las producciones han sido de lo más dispares. Así, se queda una media de 23 kilos por hectárea para el caso de Boletus edulis y de 6,7 kilos por hectárea de níscalos. De los estudios destaca que el año de mayor fructificación fue 2014, cuando se registraron 103 kilos por hectárea de Boletus y 80,1 kilos por hectárea de níscalos.

En cuanto a la producción de boletus también 1998, 2012 y 2002 fueron años muy buenos, con 80, 77 y 56 kilos por hectárea en las parcelas de estudio, mientras que los mejores años de níscalos, además de 2014, fueron 2020, 2012 y 2006, con registros de 33, 30 y 25 kilos por hectárea, respectivamente.

No obstante, este experto en micología constata que «esta variabilidad interanual de la producción micológica también tiene una lectura positiva, ya que forma parte de la ‘magia’ de la micología, ya que las setas silvestres son productos de temporada que no siempre están disponibles y eso las hace más especiales y valiosas». Eso sí, asegura que «el hecho de que los hongos no fructifiquen no quiere decir que no estén ahí, en el horizonte superficial del suelo, ayudando a los árboles a crecer y producir madera y haciendo los bosques más resilientes ante las adversidades».

Lo cierto es que la campaña de otoño es la más importante en lo que respecta a producción y variedad de especies, y en la provincia al menos en los últimos años la fructificación se generaliza en la zona de Pinares y de Pinares Llanos para mediados de septiembre, y es una época considerada de ‘temporada alta’ para los establecimientos hosteleros de la provincia porque atrae a multitud de turistas.

De hecho, Montes de Soria, que aglutina el mayor acotado micológico con más de un centenar de propietarios y 160.000 hectáreas de superficie, ha continuado sin descanso con su programa de Micotour de Otoño 2025, que arrancó el pasado 7 de octubre para llevar todos sus recursos expositivos y divulgativos a más de 30 localidades. Estos días estarán en Espejón, Quintana Redonda, Valdemaluque, Quintanilla de Tres Barrios y Valdeavellano de Tera.

Para Martínez Peña sería conveniente diversificar el modelo de micoturismo, a su juicio «demasiado centrado en el producto y la recolección, y dar cabida a un micoturismo de experiencias abierto al aprendizaje de los múltiples valores de los hongos». Aquí considera que «es clave el papel de los guías u orientadores micológicos». En este sentido recuerda que el EMI y el INIA-CSIC trabaja en colaboración con socios europeos y canadienses en la formación de nuevos orientadores micológicos con el objetivo de generar nuevos modelos de negocio en el medio rural más adaptados y orientados al cambio global y al micoturismo regenerativo y de aprendizaje.

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