Sorianos en el Gulag
La figura de cuatro sorianos que bien por captura o por deserción terminaron en los campos soviéticos de trabajo

Imagen de un gulag de la Unión Soviética.
El 2 de abril de 1954 arriba al puerto de Barcelona el Semiramis. Fletado por la Cruz Roja francesa, este buque procedente de la Unión Soviética transportaba 286 ex-cautivos españoles a los cuales aguardaba en el muelle una enardecida multitud. Tras años de presidio, por fin retornaban a casa algunos pilotos y marinos «republicanos» que habían pasado por los campos de trabajo soviéticos, 4 de los llamados niños de la guerra y 229 combatientes de la División Azul. Y será precisamente ahí, en el listado de este último grupo, donde encontraremos dos prisioneros oriundos de Soria. Eusebio Calavia Bellosillo y Sotero García Hernández. No obstante, no serán los únicos, y actualmente podemos afirmar que al menos otros dos sorianos pasaron por la Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correccional de la URSS. El tristemente célebre Gulag soviético.
Evidentemente, la historia de estos 4 sorianos comienza con su alistamiento en el seno de la 250.ª División de Infantería del ejército alemán. Oficialmente, División Española de Voluntarios, pero gracias al color de la camisa que lucían muchos de sus integrantes falangistas, popularmente bautizada como División Azul. Sus orígenes se remontan al 22 de junio de 1941. En esa fecha, la Alemania nazi inicia la invasión de la Unión Soviética y dos días más tarde, Serrano Suñer lanza su famosa proclama desde la sede de Falange en la madrileña calle Alcalá. Así pues, al grito de «Rusia es culpable», se inicia el reclutamiento de miles de voluntarios, más de 45.000, que en sucesivos relevos combatirán desde 1941 a 1944 en diversas batallas relacionadas con el asedio de Leningrado. Entre los primeros enrolados nos encontramos con Eusebio Calavia, natural de Vozmediano. Alistado en Madrid el 29 de junio de 1941, quedará integrado en la plana mayor del I Batallón/Regimiento 269.
Al igual que el resto de los componentes de la división, Eusebio pasará por un periodo de instrucción en Alemania que culminará a finales de agosto con su traslado al frente. Así, en octubre de 1941, y tras una dura marcha a pie de 1.000 km, la división llega a su destino al sur de Leningrado, las orillas del río Vóljov.
El 26 de noviembre, se presentará voluntario para transportar suministros a Otensky y Possad. Se trataba de un trayecto peligroso, ya que la ruta entre ambas posiciones estaba sometida al acoso de numerosas partidas soviéticas. Al día siguiente, su patrulla compuesta por 5 hombres sufrirá una emboscada que, años más tarde, el propio Calavia describirá así: «Llevaríamos andados unos cien metros cuando, de improviso, la descarga cerrada de unas ráfagas de ametralladora nos atronó los oídos.
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El fuego salía de ambos lados del bosque e iba dirigido a la cabeza del grupo. […] de pronto noté que alguien por detrás me tiraba del fusil, me volví rápido y vi junto a mí un soldado ruso todo enfundado de blanco. Yo no solté el fusil y forcejeamos un momento hasta que resbalé, y al caer al suelo me sentí cogido por los brazos desde atrás y obligado a soltar el arma. Al incorporarme vi que estaba rodeado a tres metros de distancia por 15 o 20 hombres, cual desfile de fantasmas encapuchados que cubrían los flancos de la carretera».
Ya prisionero, para Eusebio Calavia y otros dos «guripas». Antonio Pérez y Antonio Peláez, se iniciaban 13 años de pesadilla.
Igual suerte correrá, Pedro Duro Revuelto. Natural de Arguijo, servía en la I compañía del Regimiento 262. Durante la batalla de Krasny Bor, 10/02/1943, su posición se verá superada por el avance de las tropas soviéticas, cayendo prisionero junto a varios de sus compañeros.
Aunque de un modo distinto, también llegarán a los campos de trabajo, Gonzalo Barrena Blanco y Sotero García Hernández. El primero, natural de Miño de San Esteban y combatiente del ejército republicano durante la Guerra Civil, presuntamente desertará en julio de 1942 de la V compañía del regimiento 262. El segundo, un sampedrano que, para eludir su detención por delitos comunes, se había alistado en Cadiz bajo el nombre de Francisco Continente Martínez. Con esta identidad, parte como voluntario hacia Rusia en el batallón de marcha nº 24. Ya en el frente, pasará por zapadores y de allí a la sección motorizada del cuartel general. Al producirse la retirada de la División Azul, es reacio a regresar y permanece encuadrado en la Legión Azul. En esta unidad continuará utilizando su falsa identidad, afirmando ser de Zaragoza y teniendo como nº de placa el 23259. Quizás por miedo a ser identificado si volvía a España, Sotero desertará en diciembre de 1943.
Así pues, ya fuesen capturados o «pasados» el destino de estos cuatro sorianos será el mismo, internamiento y trabajos forzados en el sistema de campos soviéticos. Existen algunos libros, incluso alguna película, que describen estos años de cautiverio. Uno de ellos, Enterrados en Rusia, cuenta con firma soriana al haber sido escrito por el propio Calavia a su regreso.
Este texto, sigue la línea de otras autobiografías divisionarias, estructurándose en tres partes; los «años del hambre entre 1941 y 1945, la «esperanza truncada» con las primeras repatriaciones de otras nacionalidades de 1946 a 1948 y por último, los llamados «años de resistencia», de 1949 hasta el regreso a casa. Durante la primera etapa, su existencia fue extremadamente dura; trabajos extenuantes, hambre, enfermedades y una severa disciplina carcelaria causarán una elevada mortandad. . Así, según el testimonio del capitán Teodoro Palacios, Pedro Duro Revuelto será ejecutado por sus guardianes cuando se dirigía al trabajo en una mina.
Calavia también está a punto de perecer en el campo número 58. Según narra en sus memorias, aquejado de una grave disentería, es enviado a la enfermería cuando ya se le daba por moribundo. Será la llegada de una remesa de raciones norteamericanas la que le permita recuperarse y salvar la vida. Otro campo por el que pasó este soriano será el número 75. La descripción que hace de este gulag ejemplifica perfectamente el sistema de trabajo que el régimen soviético aplicaba a sus prisioneros.
«Empezó la campaña de extracción de turba en la que se trabajaba a un ritmo febril. En aquel terreno pantanoso, nos hundíamos en el légamo y el agua hasta la rodilla. Estábamos, pues, sometidos nuevamente a un esfuerzo agotador, y los rusos, como siempre, jugaban con dos factores: esfuerzo y hambre, para lograr su objetivo obsesionante, el rendimiento».
Los años finales de este cautiverio estarán marcados por constantes enfrentamientos entre prisioneros y carceleros. Estos desencadenaran en diversas huelgas de hambre, como en la que en 1951 participó Calavia para reclamar la correspondencia que se les estaba negando. Durante la misma, 8 españoles serán juzgados y condenados, utilizando para ello las declaraciones de otros compatriotas. Este hecho evidencia la existencia de un grupo de reos hispanos que, bien por ideología o por necesidad, eran proclives a la colaboración con sus captores. Denominados «antifas» en ellos podríamos incluir a Gonzalo Barrena Blanco. Así, según el testimonio de sus compañeros de cautiverio, ocupó cargos de responsabilidad dirigiendo el trabajo de sus compatriotas. También se testimonia que durante la huelga del campo de Borovichi, separó a los líderes de los reclusos, para agruparlos en una brigada especial destinada a trabajar en las minas de carbón.
En marzo de 1953 fallece Stalin iniciándose una nueva era en la Unión Soviética. Aprovechando este giro político, Georges Brouar del, presidente de la Cruz Roja francesa, iniciará una serie de contactos que culminarán, por fin, con la tan ansiada repatriación. Para ello se fletará el Semíramis, un buque griego con pabellón de Liberia, que será el encargado del traslado de los prisioneros desde el puerto de Odesa. En él embarcarán junto al resto de sus compañeros, Sotero y Eusebio, mientras que Gonzalo optará por permanecer en la Unión Soviética. Era el 26 de marzo de 1954, y así fue descrito por Calavia el instante que ponía fin a sus 13 años de cautiverio.
«A nuestro lado, el barco, blanco, silencioso y desierto, cabeceaba suavemente. Un oficial nombraba, mientras otro comprobaba datos y señas personales; el prisionero permanecía firme frente a este último, hasta que con un «dabai» y un ligero movimiento de cabeza era autorizado a subir por la escalinata al barco. La palidez de todos era mortal. Yo fui de los últimos en ser llamado, los minutos parecían años. Con estremecimiento avancé unos pasos. Mi emoción era tanta que no acertaba a dar con precisión los datos de rigor. Pasaron unos segundos y la voz, ronca, desabrida, dijo: «dabai». Era la despedida del infierno, dos pasos más, una pasarela y otro mundo».
A las 17:35 del viernes 2 de abril de 1954, el Semíramis recalará en el puerto de Barcelona, donde una gran multitud esperaba a los repatriados. Allí, familiares, prensa y autoridades como el antiguo general divisionario Agustín Muñoz Grandes, les darán la bienvenida entre sobrecogedoras escenas de reencuentros. Tras su llegada, los ya ex cautivos se dirigirán a sus lugares de origen. Así, tanto Sotero como Calavia regresaron brevemente a Soria, acontecimiento del cual dará debida cuenta la prensa local. Con estas líneas lo recogía Campo Soriano en sus números del 22 y 25 de mayo de 1954.
«El ex cautivo Sotero García, en Soria. El pasado jueves visitó al Excmo. Sr. Gobernador Civil, D. Luis López Pando, en su despacho oficial, el ex cautivo en Rusia, Sotero García Hernández, natural de San Pedro Manrique. Nuestra primera autoridad departió largo rato con el ex cautivo a quien hizo entrega de un donativo de 1000 pesetas.»
«Emocionante recibimiento al repatriado Calavia Bellosillo en su pueblo natal. El pasado día 23, el pueblo en masa tributó un cariñoso recibimiento al heroico soldado, Eusebio Calavia Bellosillo. A la villa de Ágreda se trasladó el alcalde, Don Maximino Notivoli, quien lo acompañó hasta su pueblo natal. En el momento en que el valiente soldado descendió del coche, todo el pueblo prorrumpió en vítores y aplausos».
Para muchos de estos retornados, a algunos se les daba por muertos, no debió ser fácil adaptarse a los cambios sufridos durante sus años de ausencia. Relaciones familiares, sociales y laborales debieron ser rehechas en un proceso en el que no tuvieron el debido acompañamiento psicológico.
La suerte de los tres sorianos supervivientes será dispar. Gonzalo Barrena Blanco permaneció en la URSS donde trabajará como contable en Tblisi. Casado con Dulce Diez, una niña de la guerra, tendrán un hijo que nacerá en la Unión Soviética. La familia regresará a España en 1957, fijando su residencia en Avilés. Sotero, a pesar de su deserción, participa en varias huelgas durante su internamiento, motivo por el cual contó con el testimonio favorable de sus compañeros. A pesar de tener la posibilidad de marchar a Francia, opta por permanecer en España, donde le aguardaban una esposa y una hija a la que no conocía.
Eusebio Calavia, como recoge una publicación de la época, Los Bravos del Semíramis, contemplará su nombre en la relación de fallecidos que figuraba en el muro de la iglesia de su pueblo. Fijará su residencia en Madrid, donde trabajará como funcionario en el Instituto Nacional de Previsión. Casado y con tres hijos, publicará las memorias de su cautiverio en 1956. Estas se inician con una cita en latín, fideles usque ad finem, que ya a modo de epitafio, reproducirá años más tarde en su sepultura.