El pueblo casi vacío de Soria que esconde un arte repartido por el mundo
Una joya artística de un pequeño pueblo de Soria y que ha acabado en países como Estados Unidos

Vista superior de la ermita mozárabe de San Baudelio
Casillas de Berlanga es un diminuto enclave situado en el municipio de Caltojar, en Soria. Cuenta apenas con seis habitantes según el INE a enero de 2024, por lo que es un reflejo ejemplar de la despoblación extrema en la comarca de Tierra de Berlanga. Sin embargo, su tamaño es inversamente proporcional al tesoro que esconde: una ermita considerada la 'Capilla Sixtina del arte mozárabe', un tesoro artístico que ahora se encuentra repartido por todo el mundo.
Se trata de un valle encajonado del río Escalote, con unas 30 casas históricas, pero que esconde una joya mozárabe que ha sido expoliada: la ermita de San Baudelio de Berlanga.
En las décadas de los cuarenta y sesenta, Casillas de Berlanga alojó a unas 50 o 60 familias que se dedicaban a la agricultura y la ganadería; hoy, el municipio solo cobra vida en verano, con hasta 200 personas que acuden a este lugar en vacaciones para encontrar la tranquilidad que no disfrutan en la ciudad.
La joya mozarabe de San Baudelio
A tan solo dos kilómetros del pueblo se levanta la ermita de San Baudelio de Berlanga, un templo mozárabe del siglo XI que en 1917 fue declarado como Monumento Nacional y que se la conoce como la ‘Capilla Sixtina del arte mozárabe’ por su arquitectura única y pinturas murales excepcionales.
Se encuentra construida sobre una necrópolis rupestre del siglo X, con más de 20 tumbas antropomorfas, y un interior sobrio pero que a día de hoy sigue sorprendiendo: una palmera pétrea de ocho arcos de herradura que soporta una linterna ostensorio, con tribuna-coro de cinco naves y acceso a una cueva eremítica.
Las pinturas al temple sobre yeso, del siglo XII, combinan temas cristianos y profanos con influencias califales: Cristo en majestad, tentaciones de Jesús, Santa Cena, cacerías con halconeros, elefante con castillo, dromedario, oso, perros y aves exóticas. Atribuidas a tres maestros locales (de Maderuelo, de San Baudelio y del coro), usaban pocos colores y decoraban muros, bóvedas y columnas.
El expolio que dispersó el tesoro
A pesar de la protección que velaba por la ermita, en 1922 los vecinos propietarios vendieron 23 frescos por 65.000 pesetas al marchante Leone Levi, intermediario de Gabriel Dereppe, coleccionista de arte afincado en París.
Sin embargo, a pesar de que pudiera parecer que esto era una ejecución ilegal, en 1925 se produjo la sentencia tras la intervención de la Guardia Civil y posteriores debates judiciales: el Tribunal Supremo validó la venta, permitiendo su exportación a los Estados Unidos.
Las piezas se repartieron por museos mundiales: Museo de Bellas Artes de Boston, Museo de Arte de Indianápolis, Cincinnati Art Museum y The Cloisters (Metropolitan de Nueva York). Ejemplos: Oso (Prado, depósito temporal desde 1957), Tres mártires en el sepulcro (vendido por 75.000 dólares). En 1957, España canjeó seis escenas por el ábside de San Martín de Fuentidueña (ahora en Nueva York), depositándolas en el Prado.
El legado vivo de la despoblación
En la actualidad, la ermita es un edificio anexo del Museo Numantino de Soria, y se encuentra restaurada meticulosamente y abierta a visitas. La techumbre de teja reemplazó la original de sillar en 1894, previniendo más daños. Este expolio controvertido ilustra la vulnerabilidad del patrimonio rural, pero las pinturas de Casillas viajan globalmente mientras la estructura perdura, atrayendo visitantes a este pueblo fantasma.