Heraldo-Diario de Soria

Este pequeño pueblo de Soria tiene uno de los árboles más antiguos de España y casi nadie lo conoce

En el municipio de Montejo de Tiermes encontramos una encina casi milenaria, símbolo de resistencia e icono de la provincia de Soria

Carrasca de Valderromán. ISIDRO VALERO GARCÍA

Carrasca de Valderromán. ISIDRO VALERO GARCÍA

Antonio Bret
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Valderromán, una pequeña localidad integrada en el municipio de Montejo de Tiermes, donde apenas viven unas pocas personas, alberga uno de los mayores tesoros naturales nacionales: uno de los árboles más antiguos del país.

Y es que siempre que se habla de la España rural, que muchas veces se la conoce de manera injusta como España vaciada, se la suele relacionar con términos como ‘abandono’, ‘despoblación’... Sin embargo, muchos de los municipios que pueden entrar en este grupo albergan, también, parajes, enclaves y localizaciones que debemos asumir como verdaderos tesoros nacionales y patrimonio de nuestra historia.

Este árbol es la conocida como carrasca o encina de Valderromán, un ejemplar inmenso, monumental, que con el paso del tiempo se ha convertido en un destino inesperado para todos aquellos amantes de la naturaleza y curiosos. En una provincia donde abundan los paisajes espectaculares, este árbol destaca por su historia silenciosa y su impresionante longevidad.

La encina de Valderromán: más de 800 años de historia

Diferentes fuentes especializadas en patrimonio natural coinciden en que la encina de Valderromán supera los 800 años de historia, lo que la convierte en uno de los ejemplares más antiguos de todo el territorio nacional. Este dato convierte a la encina en un auténtico monumento vivo, testigo de siglos de historia, cambios climáticos y actividad humana.

Pero además de su antigüedad, hay otro dato que impresiona a los visitantes: sus dimensiones. Su tronco tiene más de cinco metros de perímetro y su copa ofrece una sombra que supera los 100 metros cuadrados. Durante generaciones, el ganado se ha guarecido bajo su sombra; además, numerosos habitantes la han usado como punto de encuentro. El árbol ha formado parte de la vida rural de la localidad desde tiempos ancestrales.

Como no podía ser de otro modo, este árbol se integra dentro de un espacio protegido: el entorno natural de los encinares de Tiermes, incluidos en la red europea de espacios naturales, lo que refuerza su valor ecológico y patrimonial.

Un símbolo natural que ha resistido el paso del tiempo

El tiempo, por supuesto, no le ha dado tregua. La encina ha sufrido el impacto de las tremendas nevadas de los últimos años, provocándole que algunas de sus ramas principales caigan, lo que ha alterado parte de su forma original. Aún así, sigue en pie, siendo uno de los árboles más representativos de toda la provincia.

Su forma actual, con un tronco robusto y una ramificación compleja, es el resultado de siglos de interacción entre la naturaleza y el ser humano. La actividad ganadera, muy presente históricamente en la zona, ha influido directamente en su crecimiento y aspecto.

Valderromán, un destino infravalorado

A pesar de su valor, Valderromán sigue siendo un destino poco conocido. Su ubicación está alejada de las rutas turísticas más populares, y la escasa población ha contribuido a mantener este enclave fuera del foco del turismo de masas. No obstante, en este aspecto reside parte del encanto de Valderromán: visitar este árbol y el pequeño pueblo que lo alberga es también viajar a un paisaje detenido en el tiempo.

En un momento en el que el turismo busca cada vez más experiencias auténticas y alejadas de las masificaciones, lugares como este empiezan a ganar protagonismo. La encina de Valderromán es un árbol gigante y también un símbolo de resistencia, historia y conexión con la tierra.

Un patrimonio natural que merece ser descubierto

España cuenta con árboles milenarios repartidos por todo el territorio, pero pocos combinan historia, accesibilidad y autenticidad como este ejemplar soriano. La carrasca de Valderromán demuestra que todavía existen rincones desconocidos capaces de sorprender incluso a quienes creen haberlo visto todo.

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