El Paso del Fuego en San Pedro Manrique en Soria: 27 pasadores reafirman la tradición
El recinto de la Virgen la Peña vibra de emoción con los que atravesaron descalzos la alfombra de ascuas

Uno de los pasadores con la móndida a su espalda cruzando la alfombra de brasas.
Con semblante serio, en el que se adivinaban los nervios, paso firme y ante un silencio sepulcral así fueron entrando descalzos anoche uno a uno, hasta 27, en el alfombra de ascuas los pasadores de San Pedro Manrique. Cumplieron con una de las tradiciones más singulares de Soria en la noche de San Juan: el Paso del Fuego.
A las 12 de la noche comenzó el acto en el recinto de la Virgen de la Peña que se encontraba lleno a rebosar y que posee una capacidad para 2.400 personas. Como marca la tradición, tres pasadores fueron los que portaron a las espaldas a las tres móndidas. Familiares o amigos cercanos que ellas eligieron para la ocasión.
Lara Gutiérrez fue la primera; Saray del Rincón, la segunda y María Domínguez, la tercera. Después de ellas otros 24 sampedranos y sampedranas realizaron el camino de una alfombra de ascuas, de unos tres metros de largo, que cruzaron en siete u ocho zancadas.
La veteranía de algunos de los protagonistas se mezcló con la juventud y los nervios de algunos de otros que se estrenaron y que al finalizar el recorrido no pudieron contener las lágrimas entre los abrazos de familiares y amigos.
El Paso del Fuego en la noche de San Juan en la localidad soriana de San Pedro Manrique está reservado a los vecinos y a los hijos del pueblo. Es un rito ancestral que los estudiosos relacionan con el mundo celtíbero que se celebraba en el solsticio de verano.
Es una celebración que cuenta con repercusión internacional por su declaración de Interés Turístico Nacional pero que a la vez es muy íntima y muy familiar para los sampedranos que unidos por los lazos de vecindad de un pueblo de algo más de 500 habitantes conocen bien las razones personales que llevan esa noche a sus conocidos a pasar el fuego y que tienen mucho de promesa. Por ello, como siempre, muchos de ellos cruzaron el fuego con un familiar a las espaldas o en los hombros.
El trabajo de los hurgoneros, encargados de preparar la alfombra de ascuas, es fundamental para que la noche de San Juan en San Pedro Manrique sea un éxito y sus vecinos no se quemen. Está elaborada con más de 3.000 kilos de leña seca de roble que se enciende a las 9 de la noche y no se deja de atizar hasta las 12 de la noche, momento en el que se ha convertido en una alfombra uniforme de 3 centímetros de grosor.
Esta tradición que un año más despertó el interés de miles de espectadores se enmarca en las fiestas de San Juan y de las Móndidas que celebra estos días San Pedro Manrique, en las que tres mujeres jóvenes son las principales protagonistas de los actos. En la mañana de San Juan se encargan de recitar las cuartetas ante los vecinos, unos versos compuestos por ellas , después de la Caballada, en la que también participan el alcalde y concejales del Ayuntamiento.