El pequeño pueblo de Soria donde los niños pisan uvas para aprender cómo se hacía el vino antiguamente
Una iniciativa que permite transmitir la cultura vitivinícola de este rincón de Soria cuando los antiguos lagares han quedado prácticamente en desuso

La pisada de la uva permite recuperar de forma práctica uno de los procesos tradicionales de la elaboración del vino, una costumbre que Quintanilla de Tres Barrios transmite ahora a los más pequeños
En Quintanilla de Tres Barrios, un pequeño núcleo del municipio soriano de San Esteban de Gormaz, los niños se meten directamente en medios toneles cargados de racimos y pisan las uvas hasta conseguir que el mosto empiece a correr bajo sus pies. La escena, que parece rescatada de una vendimia de hace décadas, se ha repetido en septiembre de 2026 con la segunda edición de una iniciativa que pretende evitar que desaparezca una parte de la memoria vitivinícola del pueblo.
La idea resulta todavía más curiosa cuando se conoce cómo sucedían las cosas antiguamente. Los niños de entonces sí participaban en la vendimia, hasta el punto de que la escuela llegaba a cerrar temporalmente para disponer de más manos durante la recolección, pero no eran ellos quienes pisaban la uva. Esperaban con una rebanada de pan a que saliera el primer mosto por el canutillo de la pila del lagar. Ahora los papeles se han invertido: los pequeños pisan y los mayores observan.
Quintanilla de Tres Barrios enseña a los niños a pisar las uvas
La Plaza Mayor de Quintanilla de Tres Barrios acogió este septiembre la segunda pisada de uva infantil. Los protagonistas entraron en medios toneles y comenzaron a presionar los racimos con los pies mientras la música acompañaba la actividad y el mosto iba apareciendo poco a poco.
La intención es recuperar una práctica relacionada con la antigua elaboración del vino y conseguir que quienes no llegaron a conocer los lagares en funcionamiento puedan entender físicamente lo que ocurría dentro de ellos.
La uva utilizada en la demostración fue donada por el viticultor Edu Catalina y, una vez terminada la pisada, los participantes pudieron probar el mosto recién obtenido. También recibieron refrescos y golosinas.
La edición de 2026 tuvo además una peculiaridad: el protagonismo fue femenino. Niñas de diferentes edades participaron en la experiencia, algunas por primera vez y otras repitiendo después de la edición anterior. Las hermanas Mila y Nines Carro realizaron además una demostración vestidas para la ocasión.
La imagen supone un cambio importante respecto a la tradición histórica documentada en la localidad, donde el trabajo de pisar las uvas había estado fundamentalmente asociado a los hombres. La recuperación de la costumbre, por tanto, no pretende reproducir de forma exacta las reglas sociales de otro tiempo, sino conservar el conocimiento y adaptarlo a una actividad comunitaria actual.

Viñedo en San Esteban de Gormaz.
Quintanilla de Tres Barrios tuvo una intensa relación con el vino
Para comprender por qué alguien decide llenar varios toneles de uvas y meter dentro a los niños hay que conocer la historia de Quintanilla.
La relación de la localidad con la viticultura está ampliamente documentada. Un trabajo etnográfico publicado por la Fundación Joaquín Díaz recoge que antiguamente al menos la mitad del terreno cultivado de Quintanilla de Tres Barrios estaba ocupado por la vid, una presencia considerable que posteriormente fue reduciéndose debido a factores como la despoblación, las transformaciones económicas y las dificultades de comercialización.
La huella del vino permanece incluso en los nombres de sus antiguos lagares. La documentación cita, entre otros, el Lagar del Tercio, el Lagar Viejo, el Lagar del Cura, el Lagar de la Poza, el Lagar de la Cruz o el Jaraicillo. Muchos dejaron de utilizarse cuando las técnicas tradicionales fueron sustituidas por sistemas de elaboración más modernos.
Por eso la pisada infantil tiene un componente que va más allá del juego. Recrea un proceso que durante generaciones fue cotidiano y que los niños actuales difícilmente podrían contemplar de otra manera.
La tradición tampoco pertenece únicamente al pasado. En el término de Quintanilla existen todavía viñedos vinculados a la actual D.O. Ribera del Duero. El proyecto de Bertrand Sourdais sitúa allí la parcela La Hormiga, con cepas de Tinto Fino plantadas en 1922 a unos 950 metros de altitud.

Un grupo de viticultores en Quintanilla de Tres Barrios-Valentín Guisande
En Quintanilla de Tres Barrios el vino empezaba bajo los pies
La elaboración tradicional era bastante más laboriosa de lo que sugiere la aparentemente sencilla imagen de alguien pisando racimos.
La investigación etnográfica dedicada a Quintanilla describe los lagares como edificios divididos en diferentes espacios, con una gran pila destinada a recibir las uvas y una enorme viga que atravesaba buena parte de la construcción. Durante las noches de vendimia, los participantes se reunían para preparar el prensado a la luz de los candiles.
Antes de utilizar la enorme prensa de viga, la uva tenía que trabajarse. Se apartaba, se pisaba cuidadosamente y se iba actuando sobre ella por capas. El vino obtenido se retiraba mientras se continuaba con el proceso hasta que la pisada dejaba de resultar suficiente y entraba en juego el sistema de prensado.
Es esa primera transformación la que los pequeños pueden comprender ahora sin necesidad de demasiadas explicaciones: entran uvas y, después de pisarlas, empieza a salir mosto.
Quintanilla de Tres Barrios invierte los papeles de la antigua vendimia
La historia de los niños resulta especialmente significativa. Hace generaciones no eran espectadores ajenos a la vendimia. Participaban en la recolección y esperaban después junto al lagar para probar aquel primer mosto que comenzaba a salir.
En 2025, cuando se recuperó la pisada infantil, fueron ellos quienes entraron en los toneles. Aquella primera jornada se completó con una paella popular y una partida de bolos tradicionales, combinando diferentes elementos de la memoria local.
Un año después, la segunda edición confirma que aquella experiencia no se quedó en una actividad aislada. En septiembre de 2026 volvió a celebrarse y nuevamente fueron los más pequeños quienes comprobaron qué ocurre cuando se presiona una uva hasta convertirla en mosto.
La pisada infantil tiene algo especialmente eficaz como forma de transmisión cultural. Un niño puede escuchar qué es un lagar, observar fotografías antiguas o aprender cómo se vendimiaba. Pero difícilmente olvidará la sensación de hundir los pies entre las uvas y ver aparecer el mosto.
En Quintanilla de Tres Barrios han convertido esa experiencia en el puente entre dos generaciones que vivieron mundos completamente diferentes.
Los antiguos lagares y jaraíces fueron perdiendo su función a medida que las prensas y los sistemas modernos sustituyeron los procedimientos tradicionales. Sin embargo, la cultura de la vid no ha desaparecido del territorio. Los viñedos continúan formando parte del paisaje y algunos alcanzan edades centenarias.