Heraldo-Diario de Soria

SOLIDARIDAD

Un pinariego construye la escuela ‘Cocina por el cambio’ en el Sáhara

Natural de Duruelo, Erik de Pedro, pasará casi dos meses en los campamentos de refugiados saharauis construyendo esta escuela para mujeres, contando tan sólo con sus ahorros y la ayuda de donaciones altruistas

El pinariego Erik de Pedro que ha puesto en marcha el proyecto. RAQUEL FERNÁNDEZ

El pinariego Erik de Pedro que ha puesto en marcha el proyecto. RAQUEL FERNÁNDEZ

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RAQUEL FERNÁNDEZ
Soria

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Más de 3.500 kilómetros separan Soria del desierto del Sáhara, pero no hay distancia por mucha que sea, que pueda frenar la solidaridad y la entrega cuando alguien está verdaderamente dispuesto a ayudar a los demás. Es el caso de una iniciativa surgida en tierras sorianas, de la mano de un joven de Duruelo de la Sierra de 29 años, que pasará en total casi dos meses en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf construyendo una escuela de cocina, para formar después a mujeres en este oficio para que puedan optar a un futuro mejor. Un proyecto que ha titulado ‘Cocina por el cambio’ y que lo está llevando a cabo contando tan solo con sus ahorros y la ayuda de donaciones altruistas de familiares y amigos, a la que todavía se puede sumar todo aquel que desee colaborar.

Él se llama Erik de Pedro y estudió cocina en Granada donde conoció a los dos compañeros que le hacen no estar solo en esta impresionante aventura. Ellos son Banani y Sonia, la pareja con los que mano a mano el durolense trabaja desde hace un mes, y lo hará todavía hasta mediados de diciembre, para poder crear este lugar en el que, posteriormente, serán ellos también los que den a lo largo del próximo año clases de cocina para ayudar en la formación de las mujeres saharauis en la wilaya de Auserd, el lugar exacto donde están construyendo esta escuela.

«Banani, de procedencia saharaui, me propuso hace unos años la idea de poder crear una escuela de cocina para mujeres en los campamentos de refugiados y así poder darles una oportunidad a todas estas personas, y en recompensa también por el papel tan importante que ha marcado la mujer en este pueblo», explica Erik de Pedro desde el desierto del Sáhara.

Esa idea no dejó de retumbar en la cabeza del durolense y, aunque ambos amigos tomaron por motivos profesionales caminos distintos, siempre estuvieron unidos por el mismo objetivo que hoy ya es una realidad. «En el parón del Covid, retomamos la idea y fuimos dándole más forma al proyecto. Ahora, coincidiendo tiempos en los que los tres podíamos viajar, decidimos coger el toro por los cuernos y aventurarnos en este viaje con tan sólo nuestros ahorros y la ayuda de donaciones, a las que cualquiera puede sumarse colaborando con lo que cada uno quiera vía bizum al 641142960».

Lo primero que hicieron nada más llegar allí fue un estudio de la zona y sin perder tiempo empezar a construir para que esta escuela pueda estar lista lo antes posible. «Después de terminar la construcción, proveeremos este espacio de todo el material necesario para adecuar que intentaremos mandar con la caravana saharaui que viaja desde España en abril y la idea es venir cada año y así poder impartir los cursos de cocina. En nuestra ausencia, las chicas seguirán también trabajando en la cocina-restaurante para poder mantenerla y ellas formarse en este bonito trabajo», añade Erik.

A día de hoy ya tienen la estructura terminada y se disponen estos días a hacer las instalaciones necesarias para el funcionamiento de este espacio. «El objetivo principal es fomentar que las mujeres refugiadas continúen con la formación, más allá de la educación básica, para que les permita acceder a la vida laboral y crear nuevos empleos remunerados que les ayude a salir de la situación de pobreza y dependencia de las ayudas externas. Con este proyecto en concreto, queremos cambiar esa situación aportando lo que sabemos hacer: ayudar y cocinar», añade el pinariego.

Asegura Erik de Pedro que esta idea cobró fuerza sobre todo cuando unieron los conocimientos en materia culinaria, los de él y de Banani, y los conocimientos de cooperación internacional aportados por Sonia. «Podemos contribuir a un desarrollo social y económico sostenible y, aunque la situación de refugiados seguramente continúe más tiempo, la población puede extrapolar todo el desarrollo alcanzado el día que abandonen los campamentos», añade.

Lo que hace unos años era una idea volátil de unos jóvenes cocineros con ganas de ayudar, ahora por fin se ha convertido en una realidad. «La vida en el desierto no es nada fácil, las temperaturas son extremas, el empleo es escaso, la falta de recursos, la monotonía y el no poder hacer nada hacen que el tiempo pase aún más lento. Aún así, una frase que he escuchado reiteradas veces en este viaje es: si tuviera trabajo aquí, no tendría por qué irme fuera. A pesar de estas condiciones ellos valoran la familia ante todo, son leales a su pueblo, están dispuestos a quedarse y seguir en la lucha. Son una gente maravillosa, amables, generosos, pacientes, siempre están haciendo bromas y son muy respetuosos y sabios. Creo que todos tenemos un compromiso con el pueblo saharaui», concluye De Pedro, apuntando que se puede seguir esta aventura solidaria en Facebook e Instagram como ‘Cocina por el cambio’. Sin duda, iniciativas como ésta nos hacen volver a creer en el ser humano.

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