Heraldo-Diario de Soria

Vandalismo sobre el monolito a dos asesinados en Fuentebella en la Guerra Civil

El ataque al lugar de memoria de Antonio Cabrero Santamaría y Valentín Llorente Benito tuvo lugar entre noviembre y abril y la Guardia Civil ya está investigando los hechos tras la denuncia interpuesta por Recuerdo y Dignidad

La Guardia Civil observa el monolito, con la placa arrancada.

La Guardia Civil observa el monolito, con la placa arrancada.HDS

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Recuerdo y Dignidad ha denunciado el vandalismo sufrido por el monolito en memoria de dos asesinados en Fuentebella (Soria) durante la represión en la Guerra Civil. Según señala la asociación, "en uno de los puntos más altos del barranco en que fueron asesinados Antonio Cabrero Santamaría y Valentín Llorente Benito fue erigido hace ya casi 14 años un monolito en su recuerdo. Sin embargo, 87 años y medio después de su asesinato en un lugar de extremadamente difícil acceso hoy en día, sigue habiendo quien no quiere que se les recuerde ni que se cuenten sus historias". 

"En algún momento de estas últimas semanas, alguien decidió intentar, sin éxito, como en anteriores ocasiones, silenciar una vez más la voz que surge desde el fondo del barranco hasta el lugar de memoria para contar a gritos lo que ocurrió, y arrancó, y ya van tres veces, la placa conmemorativa anclada a la piedra", señalan. 

Según los testimonios recogidos por Recuerdo y Dignidad, el ataque tuvo lugar en algún momento durante este invierno. La ubicación del monolito y sus dimensiones lo hacen difícilmente localizable para quien no transite mucho por esa zona o no conozca su localización exacta. Además, los daños provocados requieren el uso de herramientas específicas, ya que las cabezas de los tornillos están desgastadas y la placa quedó adherida a la piedra con poliuretano.

"Dado que las herramientas tuvieron que ser llevadas con la intención de cometer el delito, queda patente la premeditación, la planificación y la mala fe, así como el odio y la visceralidad, que movieron al autor o autores a cometer el acto vandálico en un lugar conectado tan sólo a través de pistas forestales al último núcleo poblacional habitado, a más de ocho kilómetros de distancia". 

Según ha podido saber Recuerdo y Dignidad, la placa también habría recibido disparos, probablemente desde un puesto de caza próximo. Como en otras ocasiones, Recuerdo y Dignidad ha interpuesto una denuncia ante la Guardia Civil por lo que "es a todas luces un delito de odio a través de la vandalización de un lugar de memoria a civiles asesinados por defender la libertad y la democracia y con la clara intención de que no se conozca su historia ni por qué fueron asesinados". 

Familiares de las víctimas, personas cercanas a las mismas e integrantes de Recuerdo y Dignidad colocarán en fechas próximas una nueva placa en el lugar del que fue arrancada. Este acto, además, se repetirá en cada ocasión que sea violada la memoria de estas dos personas asesinadas y que todavía no han podido ser devueltas a sus familias. 

"Este grave ataque a la memoria de dos civiles asesinados ha determinado, aun más si cabe, a las familias de los asesinados y a los integrantes de Recuerdo y Dignidad a localizar la fosa clandestina en la que fueron enterrados y a exhumarlos para que puedan volver con sus familias". Una tarea a priori harto complicada debido al difícil acceso a la fosa, que yace al fondo de un barranco y a varios kilómetros de cualquier pista forestal de acceso, por lo que cualquier trabajo debe ser llevado a cabo sin maquinaria. 

Éste no es el único lugar de memoria vandalizado y violentado en la provincia de Soria. Al destrozo reiterado de la placa del monolito a Antonio Cabrero Santamaría y a Valentín Llorente Benito se une el robo de una lápida en Barcones con los nombres de dos de las personas exhumadas en 2013 y enterradas en el cementerio de dicha localidad. En este caso, la presión social hizo que la lápida fuera devuelta poco tiempo después. 

"Estos no son hechos aislados, ya que son decenas las placas, monumentos y memoriales dedicados a las víctimas de la dictadura atacados en las provincias cercanas. Hay una auténtica corriente de odio hacia los memoriales dedicados a simples civiles que nunca levantaron un arma contra nadie y cuyas identidades son reivindicadas especialmente en los últimos años. Estas personas, así como otros más de 700 sorianos y sorianas, fueron asesinadas en la represión posterior al alzamiento militar contra el Gobierno democrático de la II República. Las víctimas en general eran personas que trabajaron por sus convecinos, en especial sindicalistas, miembros de profesiones liberales, o, como en este caso, maestros y cargos políticos elegidos por los ciudadanos", recuerda la asociación. 

Asimismo apuntan como ejemplo que "Valentín, maestro de Igea y Fitero, educaba niños y niñas, llevando su vocación y su creencia en la liberación del pueblo a través de la cultura incluso a sus últimos momentos, puesto que aun estando escondido poco antes de ser asesinado seguía enseñando cuentas a los pastores que les facilitaban comida. Por su parte, Antonio, alcalde de Pitillas, en Navarra, devolvió unas tierras que pertenecían al común del pueblo usurpadas por los terratenientes locales. El 3 de septiembre de este año se cumplirá el 88º aniversario del asesinato de estas dos personas, cuyos asesinos, así como los militares inductores de éste y tantos crímenes cometidos contra la población civil, continúan impunes". 

A Antonio Cabrero su familia le ha estado buscando desde 1936. A primeros de octubre de ese año, desde San Pedro Manrique llegó la noticia a Pitillas de que a Antonio Cabrero le habían asesinado en esa zona. La familia, en esos días de incertidumbre y miedo, se puso en marcha para interesarse por lo sucedido y recuperar su cuerpo. Un hermano de su esposa viajó a San Pedro Manrique donde le confirmaron la noticia. Le entregaron un cinturón y la cédula familiar que Antonio llevaba en la cartera, pero ninguna respuesta o información sobre lo sucedido ni sobre el paradero de su cuerpo. 

En 1940, la mujer del alcalde, Juliana, escribió al párroco Luciano Morga pidiendo información, a lo que el párroco le respondió confirmando con certeza la muerte, pero diciendo no saber dónde se encontraba el cuerpo, ya que “oficialmente no había nada”. A partir de 1978, su hijo mayor, Valentín, reinicia la búsqueda.

Durante años recoge algunos datos sueltos que apuntan a un lugar en el monte llamado Fuentebella, como lugar de su muerte. Aprovecha todas las ocasiones en las que encuentra personas de la zona para preguntar. Los testimonios no son claros y el silencio sobre lo sucedido es una constante. 

Es a partir de 2005 cuando los nietos encuentran a personas de la zona que deciden ayudarles. Hacen un primer viaje, con un descendiente de Fuentebella, al lugar donde sucedieron los hechos y relata lo que tiene oído. Durante 2006 se contrastan datos y se consigue saber que el maestro que se encontraba con el abuelo era Valentín Llorente, igeano y maestro en Fitero. Desde noviembre de 2006 hasta hoy, se han encontrado testimonios que ayudan a reconstruir con muchos datos lo sucedido. 

Con algunas personas se entrevista la familia, con otras la comunicación ha sido telefónica o digital. A través de internet encuentran las páginas y revistas de los pueblos de la zona, permitiéndoles contactar con personas que los han acompañado en la búsqueda. En 2013, con financiación del Gobierno de Navarra, se hace un último intento por encontrar la fosa común que alberga sus restos. El resultado fue infructuoso, pero la visita de miembros de la Fundación Aranzadi facilitó la recuperación de los restos mortales de los seis sanestebeños exhumados en Barcones

En Julio de 1936 Antonio Cabrero, huyendo de las amenazas de muerte, se dirigió a Acrijos, pueblo hoy despoblado cerca de San Pedro Manrique, buscando el apoyo de unas amistades. En el trayecto a esta población, coincidió con el maestro el cual se encontraba en similar situación. En su estancia en Acrijos fueron escondidos en un corral cercano al pueblo. Allí permanecieron durante más de un mes siendo asistidos por algunos pastores y vecinos; les dieron de comer “de lo poco que tenían” y algunas mantas para abrigarse. 

También les dieron noticias de lo que acontecía en la guerra y de “cómo iban las cosas”. Según los testimonios recogidos por la familia, en Acrijos se dieron, por lo menos, dos registros en algunas casas de personas que se creía que estaban proporcionándoles ayuda. Los registros fueron efectuados por diferentes patrullas venidas de Igea y San Pedro, y fueron realmente agresivos y amenazadores. 

Finalmente, algunas personas del pueblo transmitieron al alcalde y al maestro el riesgo y el temor de lo que pudiera suceder, aconsejándoles que abandonaran el municipio. Fue entonces cuando se trasladaron a Fuentebella. Allí permanecieron unos días escondidos en un corral. La situación se complicaba día a día, pero, a pesar de ello, un cabrero de Fuentebella les llevaba a diario comida e información. 

La noticia de que estaban en Fuentebella llegó a San Pedro Manrique. De allí comunicaron al alcalde que tenía que buscar a los “huidos” y asesinarlos. Un grupo de personas fueron a buscar al cabrero que les ayudaba. Éste se hallaba escondido. Tras amenazar a su padre con una escopeta, lograron que les condujera al corral donde se encontraban. Los hicieron salir y los condujeron a la zona de Moscares, siendo asesinados y enterrados los dos juntos en una fosa común. 

"Recuerdo y Dignidad lleva 18 años trabajando para recuperar la identidad de estos dos civiles y de los más de 700 sorianos y sorianas que fueron asesinados en cumplimiento de las órdenes sistemáticas de exterminio dadas por los militares sublevados contra su propio gobierno y su pueblo. El incumplimiento de las obligaciones con las víctimas de los crímenes contra la humanidad del franquismo por parte del Estado español ha sido denunciado en los últimos años, por el Comité de Derechos Humanos y el relator especial de Naciones Unidas del Consejo de Derechos Humanos entre otros", apuntan desde la asociación.

Para más información, la familia recoge las impresiones de su búsqueda de tantos años en el blog La Vara de la Libertad (lavaradelalibertad.blogspot.com.es), cuyo nombre se basa en el título de una jota que los vecinos de Pitillas compusieron a Antonio Cabrero ensalzando su dignidad como alcalde. La jota, anónima, ha sido interpretada por varios grupos de música. Entre otros, aparece en el disco de Paco Marín de 2011 'Sentimientos en crudo'. Asimismo, la historia de estos dos desaparecidos se recoge en el libro La Vara de la Libertad, de Isabel Goig Soler.

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