Entrevista
Eduardo, hostelero amante de lo bonito y una pizca diferente: «En Soria hay pocos garitos en los que entres y digas ‘qué música más bonita para comer’»
Sobre el cielo pendía una espada y acabó cayendo. Mientras los pedazos se reconstruyen, Eduardo Tejedor Gascón levanta otro paraíso en la tierra; de la estación de tren de la capital, con el mítico El Cielo Gira, a un bar de pueblo en San Andrés. Hay quien fusiona platos con experiencias culinarias que echan humo, él prefiere hacerlo creando ambientes relajados y artísticos. Algo bonito. Hablamos con este atípico hostelero de Zaragoza, afincado en Soria desde hace 26 años, cuando empezó a trabajar en Valdelavilla.

Eduardo Tejedor, cocinero de El Cielo Gira.
P. Jamás pensé que un tren en Soria pudiera llevarse por delante un trozo de cielo.
R. Ya. Lo que pasa es que la realidad a veces supera a la ficción. (Explíqueme eso, por favor). Te lo explico: pues es que hay gente y cosas que están por encima, por encima del cielo y más allá.
P. Dígame, ¿cocina mejor en el cielo o en la tierra?
R. Intento que la gente de la Tierra encuentre el cielo en mis platos.
P. ¿De qué está huérfana la hostelería en la provincia?
R. Yo creo que la hostelería está huérfana de música para empezar. Hay pocos garitos, con garitos hablo de bares, restaurantes y demás en los que entres y digas "qué música más bonita para comer". Te comes más a gusto unas anchoas con buena música, con un buen rock and roll, que en silencio o con Ana Rosa Quintana en una televisión.
P. Está ahora rodeado de campo y verde. Solo le faltan vacas y arte para regresar al inicio.
R. Vacas y arte es uno de los buenos garitos que hubo aquí en Soria, que consiguió tener buena vista, buena imagen, buenos cuadros y buena música y un personaje al mando con muy buena conversación. Es amigo mío.
P. ¿A dónde le ha llevado su última reflexión?
R. A que el cielo se encuentra en todos los sitios, en todas las partes a las que vayas con amor, encuentras el rinconcito ése que buscas.
P. ¿Qué ha encontrado explorando en el medio rural?
R. Mira, lo primero que he encontrado en el medio rural en Soria ha sido a gente sincera, sensata y coherente donde están. Yo vine a Soria de Zaragoza, hace 26 años. El primer sitio al que fui es Valdelavilla y conocía allí a mucha gente. Después fui a Villar del Río. Y también conocí a muy buena gente y muy buenos amigos. Después a San Pedro Manrique, pasando por algún sitio más; después bajé a La Rioja. En todos pueblos encontré una naturaleza exuberante y buena gente. Por supuesto, siempre hay una oveja negra, pero bueno, hasta en el cielo hay alguna oveja negra.
P. Nada comparado con El Cielo Gira ¿o sí?
R. Mira, lo mejor del Cielo Gira en Soria y lo mejor del Cielo Gira en San Andrés es que tengo a mi lado una bella mujer a la par que atractiva. Y buena empresaria, que la empresaria es ella.
P. ¿Le mueve más el fogón o la cultura?
R. Es que es lo mismo que te hablaba antes, que valen más unas anchoas con buena música. Tú agarras y vas a ver una exposición de pintura, te tomas un vino y la disfrutas bastante más. Si puedes, come en un bar con buena música, buenos cuadros por ejemplo, y buenos libros, una montaña de libros para tomarte después el café en el jardín, en tu campo, con un libro... Todo es parejo.
A mí la pintura me gusta mucho. Soy hijo de pintora. Desde las paredes de mis bares hasta mi casa, por ejemplo, tienen cuadros. Yo cuando monto un plato me fijo en sus colores, en su composición, en su modelo artístico. Y por supuesto en que esté rico. Eso es fundamental.
P. Una cualidad que eche de menos.
R. Creo que lo que más echo de menos es la coherencia, ¿sabes? Coger y ver a gilipollas por territorios y que por mierdas de comercio y de dinero se estén matando como tontos... Creo que la coherencia es lo que más echo de menos. Que sea capaz un tío de gobernar un país potentísimo y lo esté gobernando sin pensar en que están muriendo gente. Esas cosas. Un poco de coherencia, tío. Pero, ¿qué estamos haciendo? Eso ya no. Y también echo de menos que la gente sea un poco más humana. Eso, una coherencia.
P. Este impulso cultural suyo (conciertos, exposiciones, presentaciones...), ¿de dónde le viene?
R. De mi madre. Era pintora y daba clases de pintura. Después, he querido darle un toque a todo. En Soria hace falta también que en los sitios a los que va la gente, bares, restaurantes, vea un ambiente relajado y bonito. ¿Por qué vas a tener un sitio feo, un sitio sin cuadros o con unas lámparas con propaganda? Pues complícate la vida y haz algo bonito, es fácil.
En el bar que hemos abierto en San Andrés de Soria estoy viendo unas lámparas súper horteras vintage, pero de colores, que compramos en un rastro. Pagué por cada una 8 euros. Son originales y pegan con los cuadros. Pues eso, que te esfuerces un poco en eso que también es importante.
P. ¿Qué es lo más revolucionario que ha hecho usted?
R. Es importante hacer cualquier cosa. Ahora mismo en el bar en el que estoy sentado hablando contigo, tengo un cuadro de 1,80 por 1 y medio que es una señora vaca sentada en un sofá. Es de Javier Hernández.
Pero en el Cielo Gira tengo colgados cuadros en el techo, con un hombre con el torso desnudo, por ejemplo. Hay que intentar darle a Soria también una sala de conciertos con rock and roll, con punk y con hardcore. ¿Revolucionario? Un poco loco y ya está.
P. Un día de campo vale más que un día de bar. En su caso, ahora todo está bastante junto.
R. Pero no es lo mismo. Tú coges y vienes a mi bar y a la larga estás dentro del bar y no estás en el campo. Antes me preguntabas qué hemos hecho revolucionario. Nos hemos juntado con una persona que controlaba el cultivo de trufas y hacía un tour por Soria para gente, principalmente americanos, australianos, con el fin de dar a conocer la trufa. Así que vamos a los americanos y les dábamos una dosis de campo y de realidad brutal.
Nos sentábamos en un ribazo, sacábamos un pedazo de manteca de cerdo pasada por su trufa, le pasábamos una bota de vino y hacíamos unas migas en el campo. En un ribazo sentados con un cacho de chorizo y migas y su toque de trufa. Y se quedaban flipaos, alucinados. Eso es un día de campo. Un día de campo es pan, jamón, vino, chorizo y una compañía buena.
P. De todas las vueltas que ha dado ¿con cuál se queda?
R. He estado en muchos sitios, muchos, muchos. ¿Con cuál me quedo? Bueno, te diría que me quedo con un pueblo que me gusta muchísimo y que lo perdí hace años por una serie de tele: Valdelavilla. Valdelavilla era para mí un sitio especial porque encontré el amor allí, porque metí muchas horas y porque es un sitio que me gusta. Viví solo en Valdelavilla en invierno durante 3 años y medio. Y te da para para encontrarte muchísimo, casi sin televisión, con mucha música, muchos libros, restaurando mis chismes, mis cacharros. Pintando un poco. Y atendiendo mucha gente. Dábamos cursos y conociendo muchas gentes de mundo. Valdelavilla siempre será para mí un sitio especial. Especial, especial. En Villar del Río tengo mil amigos, he llevado el aula paleontológica, un restaurante, un supermercado allí con bar.
P. ¿Qué echa de menos en su etapa del Cielo Gira en Soria? ¿Y del medio rural?
R. Bueno, el Cielo Gira también tiene algo de rural porque en la estación de Renfe hay un poco de campo. Pero he echado de menos eso, los árboles, los pinos, el estar más en el aire fuera y no tantas horas en la cocina. Eso lo he echado de menos mucho.
P. El primer versículo de su biblia profesional.
R. Amar a las personas que te aman como a ti mismo. Y después al resto.
P. En la vida también se compite. ¿Contra qué lo hace usted?
R. Curro muchas horas y lo primero contra lo que compito es la pereza. Contra la pereza, el tedio y la galbanera en general. La pereza es lo que menos me gusta y con lo que más me mido.
P. ¿Cuál es su sello?
R. El amor. El mío y el de mi chica.
P. Semanas, jornadas, rutas... ¿bares y restaurantes de Soria disfrutan de un buen momento o lo parece?
R. Yo creo que no disfrutamos de tan buen momento. Mira, nos está costando muchísimo encontrar gente para currar. Y ganar dinero, ganábamos mucho más antes, eso te lo garantizo. Pero bueno tampoco nos quejamos. ¿Buen momento? Sí, algunos pasamos por buenos momentos, otros pasamos por alguno peor, pero creo que estamos bien. Tendríamos que ser un poco más auténticos, pero bueno, así estamos bien.
P. ¿De qué es esclava la hostelería?
R. Yo creo que fundamentalmente de eso que te hablaba, de no encontrar gente que curre, gente que trabaje, camareros profesionales. De esas cosas es muy esclava.
P. La hostelería también tiene sinsabores. Confiese uno amargo.
R. Pues mira, te voy a decir un amargor. Un amargor te lo puede coger y te lo puede dar El Cielo Gira, con algún demonio que se nos cuela por angelito, por ejemplo. Cualquier persona que no es consecuente de dónde está, de lo que somos o que es exigente con algo que no es sensato. Hay gente para todo, también curramos para el público. Y eso a veces es duro.
P. ¿Es de los que se miran al espejo y pasan?
R. Me miro al espejo para analizarme, a veces sí, y para medirme. Para ver si estoy guapo, eso ya lo sé. Hay veces que no me gusta lo que veo y tengo que hacer examen de conciencia y decir 'joder, esto que estás haciendo es una cagada o te estás comportando mal'.
P. ¿Qué hay de inacabado en usted?
R. Nosotros estamos intentando, construirnos una reputación un poco mejor. Estamos intentando dar un servicio un poco mejor, para que el día que no estemos haya gente que nos recuerde por lo que hacemos. Hay un montón de cosas que están inacabadas, que nos faltan: nos falta tener muchos más amigos, cuidar un poco más a la familia. Nos faltan un pilón de cosas.
P. ¿Qué hay mejor que el cielo?
R. El infierno del rock and roll. Yo creo que mejor que el cielo no hay nada. Quizá un poco el infierno para los más heavies, pero mejor que el cielo no hay. Nada de nada.