El Centro de los Alimentos de Soria y la UVa ponen a punto un laboratorio de cultivos celulares para evaluar efectos de ingredientes
La actividad del centro se basa en el desarrollo de alimentos más saludables y sostenibles y en la investigación de métodos que permitan controlar o reducir el riesgo alergénico

Imagen de archivo de una investigadora del Centro de los Alimentos.-HDS
El Centro para la Calidad de los Alimentos, con sede en Soria, dará continuidad en 2026 a las actividades científicas de la Unidad Asociada con la Universidad de Valladolid, UVa, y nuevas solicitudes de financiación, explicó la científica titular Eva Guillamón, de cara a los próximos meses. En enero, personal de la UVa realizará una estancia en el centro para poner a punto un laboratorio de cultivos celulares, una herramienta de investigación que permite estudiar, en un entorno controlado in vitro, cómo responden células a determinados compuestos, algo útil para evaluar efectos potenciales de ingredientes o procesos.
El centro continuará además con la tramitación y desarrollo de proyectos, contratos y convenios con empresas y organismos del sector. En este apartado figura el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación), la entidad pública que apoya proyectos empresariales de I+D.
La actividad vinculada al PRTR (Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia) se concreta en la participación en proyectos financiados con fondos Next Generation EU.
El Centro ha consolidado en 2025 una cartera de trabajo que conecta ciencia aplicada, apoyo técnico al tejido productivo y proyección internacional. Su actividad se centra en dos ámbitos con impacto directo para la ciudadanía: por un lado, el desarrollo de alimentos más saludables y sostenibles y, por otro, la investigación de métodos que permitan controlar o reducir el riesgo alergénico de determinados ingredientes.
A estas líneas se suma una apuesta estable por la micología aplicada, el estudio científico de los hongos con utilidad alimentaria y económica, con especial atención al valor gastronómico y al potencial de desarrollo rural de recursos como la trufa.
En la última Comisión de Asistencia al Subdelegado del Gobierno en Soria, celebrada este mes de diciembre, se analizó el informe de actividad del centro. El CCA se integra en el INIA (Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria) especializado en el ámbito agroalimentario, que forma parte del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), principal organismo público de investigación del país.
En la reunión, el subdelegado del Gobierno destacó el papel de este centro público “como puente entre la investigación y la realidad del territorio”, con resultados que se traducen en conocimiento útil para empresas, profesionales y consumidores.
Igualmente puso en valor el trabajo realizado para organizar recientemente el II Foro de Ciencia y Tecnología de los Alimentos del CSIC, celebrado en Soria. Reunió a más de 110 investigadores de centros de toda España y acercó al tejido local los principales debates sobre innovación alimentaria, nuevas tecnologías de procesado y desarrollo de productos más saludables. La cita sirvió además para consolidar la proyección nacional del centro y su papel como punto de encuentro entre ciencia y sector agroalimentario, con un programa que incluyó sesiones técnicas y un espacio de demostración abierto a la ciudadanía.
Una parte relevante del trabajo científico del centro se orienta a la caracterización y valorización de recursos naturales con interés alimentario. En términos sencillos, esto implica estudiar materias primas del entorno y sus componentes (proteínas, grasas, fibra, compuestos bioactivos) para transformarlos en ingredientes o productos con mejores cualidades nutricionales, tecnológicas o sensoriales.
En esta línea, el centro trabaja mediante una Unidad Asociada (UA), una fórmula estable de colaboración científica entre instituciones. La UA recibe el nombre de “Agrolab de Alimentos Saludables” y articula proyectos conjuntos entre grupos de la Universidad de Valladolid (UVa) y el Centro para la Calidad de los Alimentos (INIA CSIC). Durante 2025, esa alianza presentó solicitudes de proyectos de investigación y registró una nueva propuesta coordinada con la Facultad de Ciencias de la Salud de la UVa.
El proyecto se presentó a la convocatoria estatal de Proyectos de Generación de Conocimiento, que financia investigación competitiva en España, y aborda el desarrollo y análisis clínico de alimentos enriquecidos para personas adultas mayores, con el objetivo de contribuir a mejorar su estado de salud y reducir riesgos asociados a determinadas patologías.
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El centro organizó también un encuentro de trabajo con centros tecnológicos de Castilla y León, con la participación de NODDO, una plataforma que agrupa a centros tecnológicos y que facilita la colaboración entre investigación y empresa. La finalidad de este tipo de encuentros resulta muy concreta: detectar necesidades reales del sector, identificar capacidades científicas disponibles y abrir vías para proyectos compartidos.
El informe recoge la continuidad de un proyecto centrado en el desarrollo de biomarcadores para el control del riesgo alergénico de cacahuete, avellana y altramuz. Un biomarcador es una “señal” medible que ayuda a detectar o cuantificar algo; en este caso, se trata de identificar marcadores que permitan controlar la presencia o el comportamiento de proteínas con capacidad alergénica en diferentes productos. El objetivo final es doble: mejorar los métodos de detección y, cuando sea posible, dar pasos hacia alimentos hipoalergénicos, es decir, alimentos aptos para personas alérgicas.
El centro participa además como personal investigador en un proyecto internacional financiado por la convocatoria Bilaterales TEC 2024 con México. Ese proyecto estudia el efecto de la Descompresión Instantánea Controlada (DIC) en la reducción de la alergenicidad de proteínas en distintas matrices alimentarias. DIC es una tecnología de procesado basada en cambios rápidos y controlados de presión. Dichos cambios pueden modificar la estructura de ciertos componentes del alimento. En términos prácticos, la investigación analiza si esa modificación reduce la capacidad de algunas proteínas para desencadenar reacciones alérgicas. Se trata de un trabajo de base científica, pero con un potencial de aplicación directo, porque apunta a procesos industriales y a mejoras en seguridad alimentaria.
Junto a la investigación, el Centro para la Calidad de los Alimentos mantiene una línea de prestación de servicios y apoyo técnico a entidades del sector. Durante 2025 ejecutó trabajos para el Centro de Pruebas de Porcino del ITACYL (Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León), en una línea de análisis de piensos elaborados con leguminosas. Este tipo de análisis permite evaluar composición, calidad y parámetros relevantes para la alimentación animal, un ámbito que influye en la cadena agroalimentaria en su conjunto.
El informe recoge también la continuidad de contratos de apoyo tecnológico con empresas del sector agroalimentario. Estos contratos permiten trasladar métodos analíticos, validaciones y conocimiento técnico a necesidades concretas de producción, calidad, seguridad y desarrollo de productos.
En paralelo, el centro asumió la coordinación científica de la convocatoria de proyectos de innovación por Grupos Operativos EIP-AGRI 2025 en el área de industria alimentaria. EIP-AGRI es la Asociación Europea para la Innovación en productividad y sostenibilidad agrícolas. Los grupos operativos reúnen a empresas, cooperativas, centros tecnológicos e investigadores para resolver un reto real y obtener una solución aplicable y transferible.
El informe presentado por Eva Guillamón incluye una actividad continua de divulgación científica y educativa. El centro participó en eventos como Soria Gastronómica y en la Semana de la Ciencia de Castilla y León, con acciones dirigidas a alumnado de educación secundaria en centros como el IES Castilla y el IES Virgen del Espino. Además, el centro recibió visitas formativas de estudiantes universitarios, entre ellos alumnado de EiFAB-UVa, la Escuela de Ingeniería Forestal, Agraria y de la Bioenergía del campus de Soria.
En el ámbito de formación investigadora, el centro dirige el plan de formación de Claudia García García, financiado por las becas JAE Intro ICU 2025 del CSIC. Este programa ofrece una primera inmersión en investigación a estudiantes, bajo tutela científica, y se prolonga hasta mayo de 2026.
El informe incorpora también dirección de TFG (trabajo de fin de grado) y prácticas curriculares: uno de esos trabajos abordó el efecto de la educación nutricional en la celiaquía y su impacto en la industria; otro analizó una plantación de encina micorrizada con Tuber melanosporum (trufa negra). Una planta micorrizada es una planta cuyas raíces se han asociado, de forma controlada, con un hongo beneficioso. En truficultura, esa asociación permite que, con el manejo adecuado, se produzcan trufas en el terreno.
La segunda gran línea del informe corresponde a la investigación en servicios ecosistémicos de los hongos silvestres comestibles. Estos “servicios” son beneficios que los ecosistemas aportan: biodiversidad, resiliencia del bosque y, además, recursos alimentarios con valor económico y cultural.
En 2025, el centro vertebró consorcios y proyectos europeos en micología aplicada. Destaca la creación de la Asociación de Truficultores Europeos y la presentación de dos proyectos europeos. Se consolidaron redes internacionales de investigación y transferencia mediante el European Mycological Institute (EMI), que integra socios de Europa y de otros países como Estados Unidos, Canadá, Australia, China y Japón. También se desarrollaron foros y talleres internacionales, entre ellos Trufforum Nueva York, además de Living Labs (laboratorios vivos) como Mycotour en Soria y Ávila y Fungiverso en Orihuela del Tremedal.
Un living lab es un formato que prueba y valida propuestas en condiciones reales con participación de actores locales, lo que facilita que la innovación no se quede en teoría y llegue al terreno.
El centro gestionó asimismo la estancia del profesor Luis García Montero (UPM), experto en trufa, y ejerció labores de asesoramiento científico en congresos y encuentros como Cocinando con Trufa, además de coordinar el seminario científico de la Feria de la Trufa de Soria.