Heraldo-Diario de Soria

El secreto de las casas de pueblo en Soria para mantenerse a 20 grados sin encender la calefacción

Arquitectura vernácula e inercia térmica: los materiales que desafían el clima extremo de Soria. El ingenio de la arquitectura tradicional consigue un confort térmico homogéneo sin consumo energético

Medinaceli

MedinaceliJavier Martin Espartosa

Antonio Bret
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En una provincia caracterizada por un clima continental extremo y marcadas oscilaciones térmicas que abarcan desde heladas persistentes hasta intensas olas de calor estivales, las edificaciones tradicionales del medio rural soriano consiguen conservar una temperatura interior constante de forma pasiva. 

La integración de muros de gran espesor, una rigurosa planificación geométrica respecto al recorrido solar y la selección precisa de materiales autóctonos actúa como un sistema de climatización natural eficiente. Este entramado constructivo centenario logra mantener unas condiciones de confort térmico homogéneas en el espacio habitable sin depender de insumos energéticos ni de tecnologías de calefacción modernas.

Inercia térmica y masa construida: el comportamiento de la piedra, el adobe y la madera tradicional

El mecanismo principal que garantiza la estabilidad térmica reside en la inercia térmica de los paramentos verticales exteriores. La construcción de muros maestros ejecutados mediante mampostería de piedra calcárea, sillarejo o esquisto, combinada en numerosos municipios con fábrica de adobe y tapia de barro reforzada con paja, otorga a la envolvente una densidad estructural determinante. 

Estos muros, cuyos grosores oscilan habitualmente entre los 60 y los 80 centímetros, cuentan con una alta capacidad de almacenamiento calórico y una elevada amortiguación de la onda térmica exterior.

El desfase temporal en la transferencia del calor permite que, durante las jornadas veraniegas, las elevadas temperaturas exteriores no penetren al interior del inmueble. El calor acumulado en la superficie externa del muro tarda entre ocho y doce horas en atravesar la estructura, liberándose hacia el interior únicamente durante la noche, momento en que el descenso térmico exterior facilita la disipación del exceso de temperatura mediante ventilación. 

Durante el invierno, este mismo principio permite retener la radiación solar captada en las horas diurnas y amortiguar las caídas bruscas de temperatura nocturnas.

A este comportamiento de la envolvente se suma el uso de la madera como elemento estructural y de cerramiento. Las escuadrías de pino silvestre de la comarca de Pinares y las vigas de roble empleadas en forjados y cubiertas presentan una conductividad térmica significativamente inferior a la de los materiales industriales contemporáneos. 

Planificación bioclimática, microclima y espacios de amortiguamiento en la vivienda soriana

El diseño de las viviendas rurales responde a patrones de implantación funcional adaptados a la topografía local, las corrientes de viento dominantes y la orientación de la parcela. Las fachadas principales y las aberturas de mayor superficie se orientan prioritariamente hacia el mediodía (sur y sudeste), optimizando la captación directa de radiación solar en los meses de invierno cuando el sol se encuentra en un ángulo bajo. 

En las fachadas septentrionales, las aberturas se reducen al mínimo indispensable para prevenir pérdidas excesivas de aire caliente y mitigar el impacto del viento frío.

El esquema distributivo de la vivienda popular incorpora zonas de amortiguamiento térmico que protegen los espacios habitables principales. En la planta superior, el desván o cámara —utilizado tradicionalmente para el almacenamiento de grano y productos agrícolas— genera una amplia cámara de aire estanco, situándose entre la cubierta y las estancias de vida, aislando la vivienda de las inclemencias del tejado. 

De manera idéntica, las bodegas excavadas en el subsuelo aprovechan la temperatura constante del terreno para estabilizar el suelo de la planta baja. La interacción de estos elementos, unida al uso de sombreados pasivos como aleros pronunciados y a la ventilación cruzada matutina, conforma un ecosistema arquitectónico autosuficiente capaz de regular la temperatura ambiente sin impacto medioambiental ni coste económico.

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