Heraldo-Diario de Soria

La ruta soriana que conecta dos comarcas y acaba bajo un castillo de siete torres

Un recorrido de 23 kilómetros atraviesa la sierra del Madero y desciende hasta uno de los castillos más imponentes del noreste de Soria

Castillo de Magaña, en Soria.

Castillo de Magaña, en Soria.

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Hay rutas que no solo unen pueblos, sino territorios enteros. Este trazado lo hace de forma literal, conectando la Tierra de Ágreda con las Tierras Altas a través de una de las sierras más desconocidas de la provincia y terminando en un pueblo dominado por una fortaleza que se ve desde kilómetros.

La etapa Matalebreras–Magaña del GR-86 es una de las más largas y exigentes del itinerario, pero también una de las más completas desde el punto de vista paisajístico, histórico y geográfico.

Sierra divisoria

El recorrido comienza en Matalebreras y se adentra de inmediato en la sierra del Madero, una alineación montañosa clave porque marca la divisoria natural entre las cuencas del Ebro y del Duero. Desde sus laderas, en días despejados, se alcanzan vistas del Moncayo, Urbión, Cebollera e incluso de los Pirineos.

La vegetación refleja ese carácter de frontera natural. A las repoblaciones de pino silvestre y laricio se suman encinas, quejigos y rebollos, con un interés botánico poco común: la presencia del Quercus numantina, un híbrido natural documentado por primera vez precisamente en esta sierra.

Camino antiguo

Tras pasar por Montenegro de Ágreda, el trazado abandona pistas amplias y enlaza con sendas tradicionales, algunas de ellas restos de cañadas ganaderas históricas. No es un detalle menor: esta zona fue durante siglos territorio de paso entre comarcas, tanto para el pastoreo como para el comercio.

Uno de los puntos más singulares es el paraje de Los Tres Obispos, llamado así por ser lugar de reunión de los obispos de Osma, Tarazona y Calahorra, un cruce simbólico de jurisdicciones que aún hoy conserva su nombre y su carácter fronterizo.

Valle abrupto

La segunda mitad de la ruta cambia por completo de carácter. El terreno se vuelve más áspero y el camino se asoma al valle del río Alhama, con fuertes desniveles y una sensación clara de aislamiento. Es aquí donde aparece, poco a poco, la silueta de Magaña, encajada en el fondo del valle.

El descenso final sigue el antiguo camino de Magaña a El Espino, una senda histórica que baja de forma directa hasta el casco urbano, ofreciendo una de las panorámicas más impactantes de toda la ruta.

Castillo guerrero

La llegada culmina bajo el castillo de Magaña, una fortificación del siglo XV con siete torres cilíndricas, poco habitual en Castilla y León. Fue una plaza militar de primer orden y sirvió como recinto defensivo en los conflictos vinculados a la recuperación de Soria frente a las tropas francesas.

Su posición elevada no es casual. Desde lo alto se controla todo el valle del Alhama, lo que explica por qué este punto fue clave durante siglos y por qué hoy sigue siendo uno de los finales de etapa más espectaculares de toda la red de rutas sorianas.

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