Elvira, trasplantada de riñón: «Es necesario donar, a mí me ha salvado»
Después de tres años en diálisis, la mujer se ha sometido a un trasplante con éxito, tras un intento fallido cuatro meses antes, y destaca el aumento de su calidad de vida

Elvira García Gil
A partir de este año, Elvira celebrará su nacimiento dos veces al año. Una, el día en que vino al mundo, un 3 de julio en San Leonardo de Yagüe (Soria); la segunda, el 22 de octubre, cuando, ya avanzado el otoño, le quitaron uno de sus dos riñones enfermos y le trasplantaron uno sano. La mujer, de 40 años y vecina de la capital, no encuentra palabras hacia el humano gesto que le ha permitido vivir con un riñón ajeno y solo halla tres que pronuncia de forma muy sentida: «Gracias. Muchas gracias». Elvira García Gil era uno de las alrededor de 60 personas que se sometían a tratamiento en la Unidad de Diálisis del Complejo Hospitalario de Santa Bárbara, en Soria.
Casi tres años en diálisis derivó en un agotamiento de los dos riñones, hasta el punto de ingresar en la lista de personas que necesitan un trasplante. Ninguno de sus dos riñones funcionaba al cien por cien. «Estuvo mucho tiempo con tratamiento farmacológico, hasta que no se pudo más y tuvieron que ponerle diálisis». Todo ello «sin una queja ni media porque estás ante una mujer muy valiente». Lo cuenta Esther, trabajadora social de Asamis, donde desde hace años reside Elvira. Discapacitada intelectual, su grado de autonomía es alto y su funcionamiento dentro de la residencia, también: entra y sale con normalidad y queda con amigos. En estos momentos está de baja laboral y, por ahora, no acude a ver los partidos del Numancia, del que es socia, por decisión propia. «Tengo que cuidarme un poco. Además, va bastante mal», dice Elvira.
El rosario de vicisitudes hasta el trasplante, en octubre, no se le hizo largo ni duro, pero reconoce que «estaba cansada». Y no es para menos: cuatro horas tres días a la semana. A lo que hay que sumar más de un viaje al hospital de Burgos, donde le pusieron una fístula por donde entraba la diálisis, que luego hubo de pasar del brazo al pecho por complicaciones.
«Al poco tiempo de ser incluida en la lista para trasplante, la llamaron y tuvo que ir al Clínico de Valladolid, pero finalmente no pudo ser porque no cumplía los requisitos médicos en esos momentos», explica la trabajadora social. «Eso fue en agosto y en octubre ya me llamaron otra vez. Fue sobre las 5 de la tarde y tuve que ir para allá corriendo» y con la confianza de que el viaje no fuera en balde como la vez anterior.
Y no lo fue. Días después estaba de nuevo en Soria. «Es dura esta mujer», reitera Esther, que elogia la actitud vital de Elvira. «La verdad es que lo ha llevado todo con una valentía que es de admirar».
La mujer confiesa algunos nervios durante su viaje hasta el hospital vallisoletano, «porque no sabía cómo iba a ser todo», pero se muestra más que satisfecha del resultado. La evolución está siendo positiva. Desde que le dieron el alta hospitalaria, ha estado yendo al Clínico semanalmente para revisión, examen que a partir de ahora va a ser quincenal. Allí le modifican la medicación en función del resultado de las analíticas. En estos momentos toma 13 pastillas para evitar el rechazo. «Seis por la mañana, dos a mediodía y un sobre y el resto por la noche», explica.
Con la recuperación, de momento, sobre ruedas, a Elvira todavía le tira la herida, de la que a la vez se siente «agradecida. Me ha salvado», añade.
Trabajadora en el sector de la limpieza, Elvira no se ha reincorporado aún a su puesto de trabajo y sigue de baja médica, en espera de una recuperación plena. Trabaja en un centro de empleo de personal de limpieza en la residencia Duques de Soria. «Ayer mismo fue al Inss para informar de su situación. Lógicamente sigue de baja. En ese sentido su vida sí ha cambiado mucho porque ella es muy autónoma. Nuestros usuarios de Asamis van al centro ocupacional, pero ella trabaja, como puede hacerlo cualquier persona, y además está muy bien valorada», apunta Esther.
Elvira está a cargo de la curatela de la fundación Futudis, encargada de la protección de derechos en el ámbito jurídico en Castilla y León de discapacitados intelectuales. La mayoría de las personas que curatela Futudis en Soria no trabajan. La fundación se comunica con empresas que requieren perfiles con discapacidad intelectual, por ejemplo para el sector de limpieza, salas de eventos, entre otras. Además facilita cursos, que promueven terceras personas, para que ellos puedan formarse para el mundo laboral.
En el caso de Elvira, Futudis y Asamis trabajan de forma coordinada, pero cada una en su ámbito. «En Asamis somos prestadores de servicios, alojamiento, manutención, pero son ellos (por Futudis), quienes gestionan los aspectos más importantes», se indica desde Asamis, que ponen sobre la mesa el deseo de Elvira de «vivir en un recurso con más libertad, que en Soria no tenemos, como un piso tutelado».
En similares términos se expresa Alba Postigo Marín, referencia en Soria de Futudis, fundación curatela de Elvira, que también echa de menos un piso tutelado en la ciudad para personas con discapacitad intelectual. «Ella está en un centro, en una residencia de Asamis, pero ojalá pudiera estarlo en un piso tutelado, de lo que Soria carece. Es nuestra prioridad que tanto el Ayuntamiento de Soria como la Diputación nos ayudaran a gestionar este tipo de viviendas para estas personas, bastante independientes y autónomas».
La referencia de Futudis en Soria califica a Elvira de "fantástica, risueña, trabajadora y siempre está contenta, pase lo que le pase. Ha sido super valiente porque someterse a un trasplante renal pues no todo el mundo puede".