Heraldo-Diario de Soria

El antiguo pueblo celtíbero de Soria rodeado de misterio siglos después y cuyos habitantes siguen siendo un enigma

La historia de los pelendones, el pueblo celtíbero que habitó la Soria prerromana, sigue envuelta en incógnitas, leyendas y hallazgos arqueológicos que aún hoy desafían a los historiadores

Las piedras hincadas del castro de Castilfrío formaban parte del sistema defensivo que utilizaban los pelendones para frenar ataques enemigos.

Las piedras hincadas del castro de Castilfrío formaban parte del sistema defensivo que utilizaban los pelendones para frenar ataques enemigos.Junta de Castilla y León

Patricia de la Torre
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El viento del norte de Soria tiene algo antiguo. Sopla entre pinares, atraviesa montañas ásperas y baja desde las sierras con una fuerza seca que parece arrastrar historias olvidadas. Allí, donde nace el Duero y donde la tierra obliga a endurecerse para sobrevivir, vivió hace más de dos mil años uno de los pueblos más enigmáticos de la Hispania prerromana: los pelendones.

Su nombre apenas ocupa unas líneas en las fuentes clásicas y, sin embargo, sigue despertando preguntas entre historiadores y arqueólogos. Quiénes fueron exactamente, cómo vivían o cuál fue su verdadero territorio continúa siendo motivo de debate siglos después. El podcast Enclaves de Leyenda, dirigido por Álvaro Anula, recupera esa memoria difusa con una descripción tan literaria como precisa: «Las águilas de Roma, esas que pacificaban a la fuerza, se toparon con un pueblo duro de roer».

Los pelendones y el gran enigma de la Soria prerromana

Para rastrear el origen de los pelendones hay que viajar hasta la Edad del Hierro, alrededor de los siglos VII y VI antes de Cristo. Mario Díaz Meléndez, historiador y colaborador del podcast, explica que «tenemos que recurrir primeramente a las fuentes escritas grecorromanas y después contrastarlas con las evidencias arqueológicas». Ahí comienza el rompecabezas.

Los autores clásicos apenas dejaron referencias fragmentadas. Estrabón los incluyó dentro de los pueblos celtibéricos. Plinio el Viejo escribió que el río Duero «ha nacido entre pelendones». Ptolomeo llegó a citar varias ciudades asociadas a ellos, aunque muchas siguen sin localizarse con certeza.

La sensación que atraviesa toda investigación sobre los pelendones es la de caminar sobre terreno movedizo. Cada hallazgo arqueológico abre nuevas hipótesis. 

El Centro de Interpretación de Castros y Pelendones recrea cómo era la vida cotidiana en los asentamientos fortificados de la Soria prerromana.

El Centro de Interpretación de Castros y Pelendones recrea cómo era la vida cotidiana en los asentamientos fortificados de la Soria prerromana.Junta de Castilla y León

La Soria prerromana donde Roma encontró resistencia feroz

El territorio pelendón ocupaba una de las zonas más duras de la península. El norte de Soria, el sur de Burgos y las sierras del Sistema Ibérico configuraban un paisaje frío, abrupto y estratégicamente perfecto para resistir invasiones.

Álvaro Anula lo define en Enclaves de Leyenda como «tierras indómitas, indoblegables, bravías». Una descripción que encaja perfectamente con la forma de vida de estos grupos celtibéricos.

Los pelendones levantaron pequeños castros fortificados en zonas elevadas y fáciles de defender. Vivían rodeados de murallas, piedras hincadas y riscos naturales que convertían cada asentamiento en una pequeña fortaleza. La arqueología ha documentado esos asentamientos castreños como una de las primeras formas de poblamiento estable de la región.

Mario Díaz Meléndez detalla que aquellas comunidades evolucionaron después hacia una sociedad celtibérica más compleja, organizada alrededor de élites guerreras y sistemas de fidelidad muy estrictos. «Se crea un entramado de clientelas a través de pactos que siempre se apoyarían para ejercer el liderazgo», explica.

El misterio de Numancia y los pelendones sigue dividiendo a los historiadores

Uno de los debates más fascinantes de la Soria prerromana gira alrededor de Numancia. La gran ciudad símbolo de la resistencia contra Roma suele asociarse a los arévacos, aunque existen teorías que relacionan estrechamente a los pelendones con ella.

Mario Díaz Meléndez recuerda que algunos investigadores llegaron a interpretar que «los numantinos podían ser pelendones» o que este pueblo ocupó posteriormente la ciudad tras su destrucción en el 133 antes de Cristo.

La confusión nace porque las fronteras étnicas en la Celtiberia eran mucho más flexibles de lo que hoy imaginamos. Había mezclas culturales, alianzas militares y territorios cambiantes. La identidad de aquellos pueblos se movía constantemente entre la guerra, el comercio y las relaciones de poder.

Cómo vivían los pelendones en las montañas de Soria

La dureza del paisaje condicionaba absolutamente todo. Los pelendones basaban gran parte de su economía en la ganadería, especialmente en el aprovechamiento del ovino. Vestían el famoso sagum de lana negra para soportar el frío extremo de las montañas sorianas.

«Combatían ese frío, ese cierzo que llega desde la Idúbeda», relata Mario Díaz Meléndez en referencia al antiguo nombre que recibía el Sistema Ibérico.

También cultivaban trigo y cebada, elaboraban una bebida fermentada conocida como caelia y aprovechaban intensamente los recursos forestales. Uno de los detalles más sorprendentes mencionados en el podcast explica que «panificaban las bellotas», transformando un alimento humilde en recurso básico de supervivencia.

La metalurgia tuvo igualmente un papel importante. Las cercanías del Moncayo eran conocidas por sus producciones metálicas y algunos autores clásicos llegaron a elogiar la calidad de aquellas manufacturas celtibéricas.

Los pelendones siguen alimentando el misterio de Soria siglos después

El tiempo borró murallas, transformó caminos y mezcló culturas, pero hay preguntas que continúan intactas. Los pelendones siguen representando una de las grandes zonas grises de la historia antigua de España. Quizá por eso siguen fascinando tanto, encarnan una época donde la frontera entre historia y leyenda todavía permanece difusa.

Lo más fascinante es que el misterio no se quedó atrapado en los libros de arqueología. En Castilfrío de la Sierra todavía se puede recorrer el paisaje donde levantaron sus castros hace más de 2.500 años.

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