El pueblo de Soria señalado durante siglos por una fama inquietante
En Soria existe un rincón marcado durante siglos por leyendas inquietantes y secretos que aún perduran

Piedra de las brujas en Barahona
Barahona es un pequeño pueblo que ha sido objeto de numerosas historias, leyendas y documentos con casi cinco siglos de antiguëdad. Hoy día es una localidad muy tranquila, con 122 habitantes (INE 2024), pero su nombre ha quedado fijado en la historia por una fama inquietante ligada a la brujería y a los aquelarres que se decía que, tiempo atrás, tenían allí lugar.
Un lugar de paso… y de misterio
Barahona se asienta en una llanura cerealista rodeada de encinas y matorral mediterráneo, lejos del bullicio de las grandes ciudades. Su paisaje tranquilo y su arquitectura tradicional no presagiaban que este rincón soriano sería objeto de la atención de la Santa Inquisición en el siglo XVI.
Los registros del Tribunal de la Inquisición de Cuenca sitúan a Barahona como un foco de brujería en 1527, cuando se documentaron procesos contra dos mujeres: Quiteria Morillas y Francisca ‘La ansarona’, acusadas de celebrar reuniones de aquelarres en una época en que el miedo a lo oculto y a lo demoníaco marcaba profundamente la mentalidad de la sociedad europea.
El origen de la fama inquietante
Esta fama de ‘pueblo brujo’ no surge a partir de la rumorología y los cuentos tradicionales: está documentada en los archivos inquisitoriales, que mencionan a brujas que acudían al campo de Barahona para celebrar juntas fiestas consideradas diabólicas. Como consecuencia, el lugar pasó a formar parte de relatos y crónicas durante siglos.
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Este aura legendaria se ve reforzada por topónimos locales que han perdurado en la memoria colectiva:
- El ‘Mojón’ o ‘Confesionario de las Brujas’, una piedra caliza de aproximadamente 1 metro de altura con un agujero central de 15 cm que, según la tradición popular, servía para que las brujas se "confesaran" o realizaran rituales. En la parte superior tiene grabada una cruz.
- Los ‘Pozos Airones’, sumideros naturales asociados en la tradición a prácticas esotéricas, que absorben el agua de lluvia.
Estas marcas en el paisaje alimentaron con el tiempo relatos transmitidos oralmente y, a veces, se reflejaron en la literatura: desde relatos del siglo XVII hasta obras posteriores que evocan la presencia del mal y de fiestas nocturnas en los campos de este pueblo.
Influencia cultural y legado
La fama de Barahona trascendió su propio territorio. Escritores como Diego de Torres Villarroel mencionaron estas leyendas en el siglo XVIII: en 1731 escribió ‘Las brujas del campo de Barahona’, un almanaque que popularizó la leyenda. Además, el historiador Julio Caro Baroja ha sugerido que estas historias pudieron inspirar a Francisco de Goya en algunas de sus representaciones de aquelarres y escenas de brujería, especialmente en ‘Los Caprichos’. El manuscrito del Prado sobre brujería menciona al "brujo que dirige el seminario de Barahona".
Dice así:
“Sin corrección ni censura no se adelanta en ninguna facultad: y la de la Brujería necesita particular talento, aplicación, edad madura, sumisión y docilidad á los consejos del gran Brujo que dirige el seminario de Barahona"
Hoy, Barahona conserva vestigios de su pasado y su paisaje rural sigue despertando la curiosidad de quienes se adentran en sus caminos. Aunque la brujería como institución desapareció hace siglos, la memoria de ese pasado inquietante permanece en la toponimia, las leyendas y los lugares señalados de la zona.