Bodas de diamante de la llegada a El Burgo de las Carmelitas descalzas
Las obras del monasterio comenzaron en 1952 y a mediados de 1955 se bendijo la nueva iglesia a cargo del obispo Saturnino Rubio Montiel

Capilla del convento de San José el pasado 15 de octubre.
No pocos años hace que leí el «Libro de las Fundaciones» de la Santa Madre, Santa Teresa de Jesús. Creo recordar que refería que al fundar o intentar hacerlo en Jaén, por las causas que fueran, acabó sacudiendo sus alpargatas y volviéndose a Castilla. El que esto escribe ha tenido que hacer algo parecido hace unos días. Intentó hablar con la priora del convento y todo fue a través del torno, previo haber dejado constancia a la tornera de mis ocho años estudiados en el Colegio Seminario de El Burgo, un curso en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, y el final de estudios teológicos en la Pontificia de Salamanca. ¿No era lógico que me hubieran hecho pasar al locutorio para tratar del tema de la celebración de la llegada, hace setenta y cinco años, de la hijas de la «Santa inquieta y andariega» a la villa Episcopal? Siglos atrás, Teresa de Jesús que, sin duda, hubiera actuado de otra manera, había hollado estas tierras, en los meses de mayo y agosto de 1581, cuando se dirigía a fundar en Soria.
El nuevo monasterio, titulado de San José, de Madres Carmelitas Descalzas, se erigió durante el pontificado de Pío XII; el episcopado de Saturnino Rubio Montiel, que concedió licencia para ello el 19 de abril de 1950; y el generalato del P. Silverio de Santa Teresa (Julián Gómez Fernández (1878-1954), notable historiador y prepósito general de la Orden).
Lado Oculto
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José V. de Frías Balsa
Lado Oculto
El alcalde de El Burgo y notable pintor que discutía con sus vecinos (siglo XVII)
José V. de Frías Balsa
Las monjas fundadoras, procedentes de El Escorial, fueron la madre Javiera de Jesús, con novicia de la madre Maravillas de Jesús, -desde 1998 Santa Maravillas de Jesús, en el siglo María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, hija del 2º marqués de Pidal-; madre María Pilar del Espíritu Santo y la joven profesa Mercedes de Cristo Rey, a las que se unió, después de no pocas dificultades, Elvira Alarcón que pasó a ser la primera postulante de la nueva fundación.
Llegaron a la villa episcopal el 18 de octubre de 1950. Las esperaban el prior de los carmelitas, P. Teódulo de la Sagrada Familia, y el canónigo penitenciario de la catedral y secretario del obispado, Segundo Palacios Madrid, quienes las condujeron al convento de sus hermanos, siendo recibidas con volteo de campanas. Se celebró un acto eucarístico y la fundadora y familiares degustaron un refresco antes de ser conducidas al improvisado convento, en una casa alquilada junto al Puente Viejo, en la finca de La Matilla. El 24 del mismo, fiesta de San Rafael Arcángel, se dijo la primera misa en ella y se hizo reserva del Santísimo Sacramento.
Las obras del nuevo monasterio, a cargo de los Hermanos Soldevilla, dieron comienzo el 11 de mayo de 1952, bendiciéndose y colocándose la primera piedra de la futura iglesia el 13 del mismo, en solemne acto al que asistió gran parte del pueblo presidido por su alcalde, Jesús Jiménez Ridruejo, el clero secular y regular y el obispo de Osma junto al provincial de los carmelitas, el P. Otilio del Niño Jesús, venido Burgos. Éste dio lectura a un pergamino, en que se hacían constar los datos de la fundación, las principales autoridades eclesiásticas y civiles, los nombres de las religiosas integrantes de la nueva comunidad, y los de los padrinos, marqués de Siete Iglesias, D. Antonio Vargas-Zúñiga y Montero de Espinosa, y la cita Francisca, de idénticos apellidos. El 4 de diciembre se trasladaron las religiosas a su nuevo domicilio, aún en construcción, y al día siguiente, el prelado celebró misa, reservándose el Santísimo en la improvisada capilla.
En 20 de enero de 1955 Rubio Montiel procedió a inspeccionar el inmueble para establecer la clausura papal y concedió indulgencias a las imágenes de la Virgen del Carmen y de Santa Teresa. El 12 de junio se procedió a la bendición de la nueva iglesia por el ordinario del lugar, asistido por los canónigos de la catedral de Santa María de Osma, Segundo Palacios Madrid y José Núñez de Pedro.
Entre los patrocinadores que participaron en el exorno de la iglesia cabe citar, además de los ya referidos, a los marqueses de Cenete, Antonia Roland y Tomás O. Pérez del Pulgar, que donaron un sagrario, obra del artista Félix Granda. Eloísa Montero de Espinosa, cáliz, casullas y otros objetos de su oratorio. Los Sres. Vargas Zúñiga y de la Calzada, condes de la Oliva de Plasencia, hermanos de la fundadora, una custodia, del mismo artista. Josefina Vargas de Zúñiga, la imagen de San José, que preside el altar mayor. Francisca Vargas de Zúñiga, la de San Juan de La Cruz. Los Sres. de Tavira y Vargas Zúñiga, la imagen de piedra de la Virgen del Carmen, puesta en la portada. La figura de Santa Teresa y los bancos los Sres. de Nogales, primos de la fundadora y vizcondes de Montesina. Las familias de algunas religiosas fueron entregando otras imágenes, objetos de culto y otros útiles para la comunidad.