Heraldo-Diario de Soria

El Burgo de Osma: la procesión de Las Gitanillas y sus casi 80 coplillas

El cancionero popular recoge numerosos cánticos que se interpretaban
en la procesión del Domingo de Pascua Florida en la villa

Procesión del encuentro del año 2014.

Procesión del encuentro del año 2014.JUAN CARLOS CERVERO VADILLO

Publicado por
José V. de Frías Balsa
Soria

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Para comenzar, y en honor a la verdad, es obligada nuestra más sincera felicitación a los componentes de la Junta directiva de la Cofradía de los Misterios y Santo Entierro de Cristo, de El Burgo de Osma, así como a sus más directos colaboradores. Y esto por el esmero y trabajo que han puesto en la organización de los desfiles procesionales que, durante la pasada semana, transitaron por las calles de la Ciudad y la Villa.

Particular mención hemos de hacer a la procesión, no ha mucho años puesta en escena, que, saliendo de la Catedral, transcurre pegada a la muralla, en la que se procesiona la imagen de la Soledad -que el Viernes Santo suplanta a la de la Dolorosa- y, este año por primera vez, un cristo yacente. En la Plaza Mayor tiene lugar un ceremonial digno de ser visto, por lo que invitamos a nuestros lectores a que, Deo volente, acudan a presenciarlo.

Como contra partida, y no es la primera vez que lo escribimos y muchas las que lo hemos comentado, en la procesión del domingo de Pascua Florida, llamada por tierras burgenses Procesión del Encuentro, Procesión de las Gitanillas…, se debía sacar un Resucitado, del siglo XVII y estilo barroco, que ha sido el que se ha procesionado, durante siglos, hasta la adquisición de una copia del Resucitado de Juan de Juni. Resucitado al que nuestros antecesores apodaban cariñosamente como El Tirillas. La malísima copia del de Juan de Juni, un auténtico ninot fallero, está fuera de lugar en una Semana Santa declarada de Interés Turístico Regional. Ninot que, con todo respeto, debía ser quemado.

Cerca de ochenta coplas son las que en su día recopilamos de boca de Flor Frías y Emilia Hernando, cantadas por ellas en la procesión de las Gitanillas. Denominación de Gitanillas o Serranilas, según el burgense Federico Olmeda San José, que hace referencia a las canciones que «dicen un grupo de mujeres, pequeñas o mayores, vestidas elegantemente a los serrano o gitano. La cantan en la procesión matinal de Resurrección».

Las coplillas que la devoción popular improvisa, pidiendo salud para los enfermos, asistencia en la hora de la muerte, remedio a las necesidades… eran espontáneas y sentidas manifestaciones públicas de fe de nuestros antepasados.

En el cancionero popular de Semana Santa ocupa una parte importante la serie de coplillas dirigidas a ensalzar las prerrogativas marianas, cuyo conjunto constituye un auténtico tratado de Mariología.

Situémonos. A las siete de la mañana del Domingo de Resurrección, a los acordes de la Marcha Real, interpretada por la banda de música, salía de la ermita de la Vera Cruz la Virgen de la Soledad. Se entonaba:

Sale esta paloma hermosa

de su pobre y triste nido,

hoy afligida y llorosa,

en busca de su Hijo querido.

Era tradición que los hombres fueran a la Catedral, donde aguardaba el Resucitado para salir al encuentro de María. Encuentro que tenía lugar a la puerta del Palacio Episcopal:

Váyanse por ahí los hombres

con aquel Rey de la Gloria

y por aquí las mujeres

con la gran Consoladora.

A lo largo de la procesión -cuyo trayecto ha cambiado con el correr de los tiempos- se entonaban coplas como éstas:

Abandona tu dolor,

palomita blanca y pura,

porque tu Hijo y Redentor

ya no está en la sepultura.

El dogma de la Inmaculada Concepción -por el que tanto batallaron algunos obispos de Osma- era proclamado en repetidas ocasiones. Esta era una de ellas:

No era justo que al nacer

belleza tan celestial

diera ,mancha tener

del pecado original.

Al producirse el encuentro de ambos cortejos procesionales, en la confluencia de la calle mayor con la de Pedro Soto, las mujeres asistentes reverenciaban al Resucitado y cantaban:

Con estas tres reverencias que le hizo la Madre al Hijo, con estas tres reverencias días ha que no te he visto.

Posteriormente, también a los acordes de la Marcha Real, se procedía a despojar a la imagen de la Soledad del manto negro para quedar con el blanco da alegría o de albricias. Entonces se ordenaba:

Quítale el mando de luto que ese luto es muy pesado.

Quítale al manto de luto que su hijo ha resucitado.

La procesión, ya unificada, se dirigía a dicha ermita de acuerdo con el ceremonial:

Pasen los mozos delante

con el Lucero del día

y aquí vamos la mujeres

acompañando a María.

Había también una coplilla especial al pasar por la Plaza Mayor. Y al llegar a la ermita, donde se celebraba misa con asistencia del Ayuntamiento, por ser éste patrono de la ermita y encargado de organizar las procesiones de esa semana, se entonaba:

Abrid, señores, la puerta.

Abridla, con gran cuidado,

que viene la capitana

a desechar los candados.

Acabada la función religiosa se despedía a María en estos términos:

Adiós Reina Inmaculada,

de tu casa nos marchamos,

si antes de volver morimos

que en el cielo nos veamos.

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