Las recientes riadas obligan a aplazar las obras del puente de Almazán
La crecida del Duero ha arrastrado la estructura que se había colocado en el río para la ejecución de la plataforma. La empresa indica que se ha generado una «situación riesgo»

Subida del caudal del Duero en el puente de Almazán en la crecida de febrero.
El puente medieval de Almazán no levanta cabeza. La crecida del río por las recientes borrascas de febrero ha arrastrado la ataguía que se había colocado para la obra de la construcción de una nueva plataforma que se ha parado y no se reanudará hasta el mes de junio.
El Ayuntamiento ha aprobado, en Junta de Gobierno, la suspensión temporal de las obras que ha solicitado la empresa adjudicataria Técnicas para la Restauración y Construcciones S.A.
La empresa alega que con las crecidas del río Duero el caudal ha alcanzado lo 215 metros cúbicos por segundo, «lo que ha generado una situación de riesgo e imposibilidad técnica para la ejecución de los trabajos», según se recoge en el comunicado que ha remitido al Ayuntamiento.
En este sentido aclara que la riada ha arrastrado la ataguía (estructura provisional construida dentro del río para aislar una zona de trabajo), por lo que no se pueden ejecutar los trabajos previstos aguas arriba y desde el propio cauce, así como la implantación y la modificación de los medios auxiliares.
La empresa indica que ante este estado no es posible asegurar unas condiciones mínimas de estabilidad y protección necesarias que ofrezcan la total seguridad de los trabajadores . Las obras no podrán continuar hasta que no se acceda al cauce y reconstruir la ataguía.
Las obras que se han aplazado incluyen la construcción de una nueva plataforma sobre el puente medieval y las reparaciones en la calzada del puente en la carretera N-111.
Las reparaciones en la calzada eran ya la última fase de intervención en el puente, en las que el Ayuntamiento adnamantino ha destinado unos 370.000 euros.
Tras la dura borrasca de la Filomena, en el invierno de 2021, el puente medieval ha sufrido daños y destrozos en los años sucesivos como la borrasca Juan (2024) y en la borrasca Jana (2025).
Tras la Filomena se realizó un estudio que determinó que la estructura se encontraba muy dañada por lo que se acordó iniciar una consolidación estructural con intervención en las pilastras, la cimentación, las bóvedas y de todos aquellos materiales deteriorados, así como se decidió la construcción de una plataforma volada y la reparación de la calzada. Estas últimas son las que se estaban ejecutando ahora y han tenido que se paralizadas.
Desde que se aprobó el proyecto inicial, en el que se decidió intervenir, el impacto de la borrascas invernales en los últimos tres años en el ha sido considerable, se han detectado fisuras y daños en los estribos, así como instalaron testigos para monitorear la estructura.
La estructura actual del puente es fruto de diversas modificaciones a lo largo del siglo XX. En 1915 se ensanchó la plataforma inicial demoliendo los muretes de piedra, y en 1980 se amplió nuevamente mediante voladizos de hormigón forrados con piedra caliza y barandillas metálicas.