Heraldo-Diario de Soria

No solo existen las preuvas con torreznos: rincones de España que reinventan las campanadas con alternativas gastronómicas

Frutas del bosque, chicharrones, gominolas o dulces típicos sustituyen a las clásicas uvas en varias celebraciones populares por toda España, anticipando la Nochevieja con sabor local y mucha creatividad

El reloj de la Puerta del Sol, epicentro de las campanadas en España, también acoge cada año las populares preuvas con alternativas como gominolas o snacks.

El reloj de la Puerta del Sol, epicentro de las campanadas en España, también acoge cada año las populares preuvas con alternativas como gominolas o snacks.Getty Images

Patricia de la Torre
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La imagen es universal: una copa en la mano, un puñado de uvas y doce campanadas que marcan el inicio de un nuevo año. Pero, como en tantas otras tradiciones aparentemente inamovibles, también en este rito colectivo empiezan a florecer reinterpretaciones sabrosas, atrevidas y profundamente locales. Cada vez son más los rincones de España que deciden darle la vuelta a la tradición y celebrar las campanadas con un bocado distinto. A veces lo hacen por reivindicación identitaria, otras por puro sentido del humor, y en ocasiones por pura funcionalidad: no todos los públicos disfrutan con la textura o el ritmo imposible de las uvas, sobre todo niños o personas mayores.

Y así es como han nacido las preuvas gastronómicas. No hablamos del 31 de diciembre a medianoche, sino de celebraciones anticipadas que permiten reunir a vecinos y visitantes en una fecha menos exigente y más festiva, con rituales que emulan las campanadas pero cambian el menú. Desde productos de la tierra (como frutos rojos en Huelva) hasta clásicos locales (como torreznos y chicharrones en Soria o Cádiz), pasando por propuestas adaptadas al público infantil, como las gominolas que se reparten en otras localidades. Todas tienen en común la misma idea: la tradición puede mantenerse viva y vibrante si se permite evolucionar.

Las preuvas de Madrid reúnen a miles de personas cada 30 de diciembre en un ambiente festivo que combina humor, música y rituales alternativos.

Las preuvas de Madrid reúnen a miles de personas cada 30 de diciembre en un ambiente festivo que combina humor, música y rituales alternativos.Getty Images

Torreznos que marcan el cambio de año en Soria

En tierras sorianas, donde el torrezno es símbolo cultural, no sorprende que haya acabado reemplazando a la uva. Lo curioso es cómo se ha institucionalizado: en la capital de provincia, el Ayuntamiento organizó en 2023 unas preuvas que adelantaban el ritual al 30 de diciembre, con reparto de torreznos para los asistentes. La iniciativa cuajó tanto que, al año siguiente, la experiencia se trasladó a Almazán, y este año será Ólvega quien acogerá la cita. El evento, bautizado como "Feliz Torrezno Nuevo", no solo homenajea la gastronomía local, sino que ofrece una alternativa amable y con sabor para quienes buscan vivir las campanadas sin presión, sin televisor y sin atragantamientos.

Más que una moda, se trata de una celebración itinerante y reciente, pensada para reforzar el sentido de comunidad en diferentes municipios de la provincia. Cada edición reparte raciones de torrezno en formatos pequeños (uno por campanada), acompañadas de música, actuaciones y un ambiente festivo que nada tiene que envidiar a la tradicional Nochevieja.

Chicharrones en Cádiz: sabor andaluz para despedir el año

En la localidad gaditana de Algar, situada en plena sierra, las campanadas adquieren un tono profundamente andaluz gracias a un sustituto inesperado pero muy celebrado: los chicharrones. En lugar de las clásicas uvas, los vecinos se reúnen en torno a un ritual festivo donde estos bocados de carne frita se convierten en los protagonistas del cambio de año. La cita se celebra el 28 de diciembre, manteniendo la tradición horaria, pero con un sabor mucho más contundente.

Aunque se trata de una iniciativa reciente, ha calado hondo en la comunidad por su autenticidad, su vínculo con la gastronomía local y su capacidad para convocar tanto a mayores como a jóvenes en una celebración común. Comer doce chicharrones al ritmo de las campanadas puede parecer una hazaña, pero para los algareños es una forma deliciosa de celebrar lo propio.

Fresas y moras para brindar en Lepe

La localidad onubense de Lepe ha sabido aprovechar su riqueza agrícola para convertir los frutos rojos (fresas, moras, arándanos) en una seña de identidad también en Navidad. Allí, las campanadas adelantadas que se celebran cada diciembre no se acompañan de uvas, sino de tarrinas con "berries de la suerte", ofrecidas a vecinos y turistas en una celebración abierta, alegre y muy sabrosa. Lo que nació como una forma de visibilizar el producto local se ha convertido en una fiesta esperada, que fusiona tradición y modernidad con un enfoque muy claro: celebrar lo nuestro.

El cambio no solo tiene sentido simbólico. Las berries, cultivadas con mimo en los campos de Lepe, son más fáciles de consumir y más accesibles para los más pequeños. Además, la celebración se realiza en fechas anteriores al 31, con lo cual se evita el colapso típico de la noche de fin de año y se ofrece una experiencia compartida sin estrés.

Gominolas y dulces: la opción favorita para las preuvas infantiles

En distintas localidades españolas, sobre todo en contextos festivos dirigidos al público infantil, el ritual de las campanadas también se adapta: en lugar de uvas, se reparten gominolas o golosinas blandas para que los más pequeños vivan su particular Nochevieja con seguridad y alegría. El formato es simple y efectivo: doce chuches, una por campanada, en un ambiente distendido y lúdico. Estas preuvas infantiles suelen celebrarse el 30 de diciembre por la tarde, con actuaciones, música, reparto de bolsas personalizadas y un enfoque claramente familiar. Aunque varían de un municipio a otro, es habitual encontrar iniciativas de este tipo en ciudades y pueblos de la Comunidad de Madrid y otras regiones, especialmente pensadas para que niños y niñas participen en la fiesta sin riesgos.

También en Salamanca, durante la popular Nochevieja Universitaria, que cada diciembre congrega a miles de estudiantes en la Plaza Mayor, las uvas suelen ser sustituidas de forma espontánea por gominolas, caramelos blandos o snacks dulces más fáciles de tragar en medio del bullicio. Aunque no es una regla oficial, esta práctica se ha asentado entre el público joven como una versión festiva, desenfadada y más segura del tradicional ritual. La cita, que se celebra a mediados de diciembre para que los universitarios puedan participar antes de volver a casa por Navidad, es ya todo un clásico del calendario juvenil.

Estas versiones dulces del cambio de año han ganado popularidad entre las familias y los ayuntamientos, que encuentran en ellas una forma segura y divertida de involucrar a todos los públicos en la celebración. Lejos de ser una simple "versión infantil", las preuvas con golosinas demuestran que hay espacio para todos en la tradición.

Cuando la tradición se adapta sin perder su esencia

La costumbre de tomar doce uvas como amuleto de la suerte tiene poco más de un siglo, y su origen está más ligado al marketing vitivinícola que al simbolismo ancestral. Pero como todas las tradiciones populares, ha echado raíces. Eso no impide que se adapte, se transforme, se reinvente. Ya sea por motivos prácticos, culturales o identitarios, cada vez más localidades proponen rituales alternativos que, lejos de romper con la costumbre, la enriquecen.

No se trata de rechazar la tradición, sino de ampliarla. De entender que el fin de año puede celebrarse con torreznos o fresas, con gominolas o chicharrones, siempre que el gesto conserve su significado: reunirse, compartir un momento simbólico y mirar hacia adelante con ilusión. Al final, lo importante no es lo que comes entre campanada y campanada, sino con quién lo haces, y qué representa ese gesto colectivo que cierra un ciclo y abre otro.

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