Heraldo-Diario de Soria

El gesto final del chef Dani García que transforma una paletilla de cordero en pura gloria

La receta de Dani García para paletilla de cordero lechal con glaseado de miel y tomillo revela cómo un simple gesto al final del asado marca la diferencia entre un plato correcto y uno inolvidable

Dani García, en plena acción, ejecutando el gesto final que convierte un plato en una experiencia gastronómica.

Dani García, en plena acción, ejecutando el gesto final que convierte un plato en una experiencia gastronómica.Getty Images

Patricia de la Torre
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Hay recetas que se explican en minutos, y otras que se sienten. La paletilla de cordero lechal a la miel de tomillo que prepara Dani García es una de esas que atraviesan la cocina y se instalan en la memoria. Porque no es solo un asado. Es una declaración de intenciones, donde un gesto final (literalmente, una pincelada) convierte una receta tradicional en un bocado glorioso.

La paletilla de cordero asado de Dani García: tan jugosa que no necesita presentación

«Nos hemos dado una vuelta por Castilla-La Mancha y nos hemos traído esta maravillosa paletilla de cordero lechal para hacerlo a la miel de tomillo», explica el chef con naturalidad al comenzar la preparación. Ingredientes básicos, casi minimalistas: sal, pimienta, aceite de oliva virgen extra, patata, ajo, tomillo fresco y un chorrito de vino blanco. Todo directo al horno.

La magia empieza cuando ya parece que todo está hecho. Y no, no lo está. Lo que diferencia este cordero asado de cualquier otro no es el punto del horno ni el tipo de carne (que también), sino lo que viene después: un glaseado que no solo da brillo, sino carácter.

«Ahora lo que voy a hacer es lo que viene siendo un gástrico: azúcar, agua, hacemos un caramelo, un poquito de vinagre, miel y tomillo fresco». Así, con esa mezcla simple y perfumada, el chef ejecuta lo que podríamos llamar su "gesto final". Ese barniz dulce y aromático se aplica justo al final del horneado. Y transforma todo.

Con la carne caliente y los jugos aún burbujeando, la pincelada de ese caramelo ácido con miel de tomillo penetra la piel del cordero, creando una capa brillante que retiene la humedad y potencia el sabor. «No sé si lo veis bien tal y como lo veo yo, pero yo veo aquí un cordero lechal glaseadito con miel, tomillo, que huele absolutamente de maravilla y me lo voy a zampar ahora mismo».

No hace falta más. Solo ese toque.

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