Así convierte Karlos Arguiñano pan duro en el plato más irresistible de tu Navidad
Karlos Arguiñano recupera una de sus recetas más queridas y humildes, perfecta para estas fechas

Karlos Arguiñano comparte una de sus recetas más queridas: migas tradicionales con pan duro y sebo de cordero, elaboradas con su característico cariño y sencillez.
En estas fechas en las que lo tradicional y lo compartido cobran más sentido que nunca, recuperar recetas de raíz se vuelve casi un acto de celebración. Lejos de tendencias pasajeras, Karlos Arguiñano continúa cultivando su esencia más auténtica con recetas de raíz. En un vídeo grabado semanas atrás, el chef vasco enseña cómo preparar unas migas clásicas con pan duro, grasa de cordero y verduras cocinadas con sencillez, técnica y cariño. «Esto va a salir bueno… sí o sí», dice convencido mientras transforma una hogaza seca en un plato que huele a memoria.
Arguiñano y el arte de hacer magia con pan duro
«Mirad, un pan de días, no tiene que ser del día», comenta mientras enseña una hogaza visiblemente seca. Es su forma de reivindicar la cocina de aprovechamiento.
Comienza fundiendo sebo de cordero y tocino blanco, una base de grasa potente a la que añade un chorrito de aceite para equilibrar. En esa grasa se fríen primero las patatas, luego la cebolla, después las setas y, finalmente, tres dientes de ajo picados, «todo en la misma grasa», como insiste en repetir.
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Técnica precisa y emoción sincera
Después de sofreír todos los ingredientes, el chef reincorpora a la sartén la mezcla de cebolla y patata, añade un poco de salsa de tomate y entonces llega el momento crucial: el pan duro. «La hogaza pesaba medio kilo, se la añadimos entera», afirma mientras lo corta en tiras gruesas y lo mezcla con los ingredientes anteriores.
Con el pan ya integrado, añade caldo (de verdura o ave) en pequeñas cantidades, moviendo con cuidado para que las migas queden sueltas y con la textura deseada. «Que no queden ni muy secas ni formen bola», explica con ese tono cercano que tanto lo caracteriza.
El resultado es un plato que rezuma sabor y memoria, sin pretensiones pero con una técnica impecable. Lo prueba al final y sentencia: «Muy bueno, muy bueno. Apago el fuego y presento». No hace falta más. Una receta que, sin buscarlo, encaja perfectamente con el espíritu de estas fechas.