Los pueblos de Soria donde la cocina rural alcanza la excelencia, según National Geographic
Calatañazor, El Burgo de Osma, Navaleno, Vinuesa, Ucero y El Royo conforman la lista definitiva para descubrir la riqueza culinaria soriana

Vinuesa, enclave soriano rodeado de naturaleza, destaca por su cocina de cuchara, sus torreznos y su cercanía a la Laguna Negra.
Soria no presume de su cocina, la sirve. En pueblos donde aún se oye el silencio y el monte está más cerca que el supermercado, la gastronomía no es una moda sino una continuidad. Según Viajes National Geographic, estos son los pueblos donde mejor se come en la provincia, no por casualidad, sino porque su cocina ha sabido mantener la conexión directa con el territorio, las estaciones y los sabores ancestrales.
Cuchara, horno y brasas: la cocina soriana más auténtica
Calatañazor abre esta lista con la imponente presencia de su castillo medieval y un restaurante que guarda la esencia de la cocina castellana. En El Palomar de Calatañazor, los platos como la sopa castellana, el lechazo asado, las migas pastoriles o el chuletón de buey se sirven en un entorno que respira historia. Es un homenaje al fuego lento y al sabor honesto.
El Burgo de Osma, por su parte, convierte el invierno en un festival gastronómico. Desde 1974, las Jornadas Gastronómicas de la Matanza transforman este pueblo en epicentro del ritual culinario más ancestral. En el Restaurante Virrey Palafox, se celebra la matanza como un acto cultural y gastronómico que reúne tradición, abundancia y espectáculo.
Vinuesa, en el norte de la provincia, ofrece otro enfoque de esta cocina cálida y rural. Los torreznos, el ajo carretero, la caldereta de cordero o las carnes a la brasa se degustan en locales como El Balcón del Brezal, el Club Náutico de Soria o el Asador La Gallega, todos ellos herederos de una forma de cocinar que respeta el tiempo y el producto.
Soria
El pueblo de Soria que ha dejado boquiabierto a National Geographic por su castillo
Patricia de la Torre
El monte como despensa: setas, trucha y caza de temporada
Navaleno se ha convertido en un destino de culto para los apasionados de la micología. La Lobita, con una estrella Michelin, lidera esta revolución culinaria desde la raíz, transformando boletus, perrechicos, trufa negra y otras joyas del sotobosque en platos de autor con alma silvestre. Elena Lucas, su chef, ha hecho de este pequeño pueblo pinariego un lugar imprescindible en la alta cocina rural.
No lejos de allí, en El Maño, también se honra el producto del monte, complementándolo con carnes a la brasa y recetas sorianas en las que se percibe el saber hacer transmitido generación tras generación.
La caza marca el ritmo en El Royo, una aldea serena enclavada entre los pinares, donde el restaurante El Cintora propone menús centrados en piezas de temporada: ciervo, gamo, perdiz, liebre. Comer aquí es reconectar con el origen y con la tierra.
Y Ucero, puerta natural del Cañón del Río Lobos, completa la ruta con su trucha mítica (pescada en los ríos Ucero, Lobos y Chico) y unas carnes a la brasa memorables en La Parrilla de San Bartolo. Como señala el reportaje, «la gastronomía de Soria se centra en los platos de cuchara para hacer frente a los fríos inviernos, los insumos provenientes del monte, las carnes de pastoreo y caza y los pescados de río».
La cocina soriana no necesita relecturas vanguardistas, ya es un relato en sí misma. Desde el monte al plato, pasando por la matanza, las brasas, la cuchara y el fuego bajo, cada uno de estos pueblos demuestra que el buen comer en Soria no es un hallazgo fortuito, sino una tradición sostenida.