Soria llegó a mover 50.000 ovejas y hoy solo queda un rebaño de 1.200 merinas en el pueblo que dice adiós a la trashumancia
Los hermanos Pérez protagonizan la última trashumancia de la provincia de Soria desde Tierras Altas, un viaje que pone fin a una tradición ganadera que durante décadas fue el motor económico de cientos de familias

Las ovejas merinas protagonizaron durante siglos la trashumancia soriana, una actividad que llegó a mover unas 50.000 cabezas de ganado y de la que hoy solo queda un último rebaño de 1.200 animales.
El paso de las ovejas por las cañadas sorianas ha sido durante siglos una de las imágenes más características de la provincia. Hubo un tiempo en el que decenas de miles de merinas recorrían cada año las cañadas sorianas en dirección a los pastos cálidos del sur peninsular. Hoy, sin embargo, apenas queda un último rebaño de 1.200 animales y una familia de pastores dispuesta a cerrar definitivamente un capítulo esencial de la historia de Soria.
Los hermanos Pérez, de Navabellida, han iniciado estos días la que está considerada como la última trashumancia de la provincia. Su viaje concluyó el pasado domingo en su localidad natal y simboliza el final de una actividad que durante generaciones marcó la economía, el paisaje y la forma de vida de buena parte del norte soriano.
Tierras Altas de Soria y el tiempo en que partían 50.000 ovejas
La dimensión que alcanzó la trashumancia en Soria resulta difícil de imaginar hoy. En declaraciones recogidas por Cadena SER, Basilio Pérez recuerda que en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta llegaron a embarcarse unas 50.000 ovejas desde la provincia.
«Ha sido el motor económico de muchas familias, sobre todo en nuestra zona de Tierras Altas», asegura uno de los últimos ganaderos trashumantes sorianos.
La trashumancia era entonces mucho más que una actividad económica. Las cañadas reales articulaban la vida de los pueblos, generaban empleo y permitían que numerosas familias vivieran de la ganadería. Cada otoño, cuando llegaba el frío, los pastores iniciaban un recorrido de aproximadamente un mes hasta las dehesas de Extremadura y Castilla-La Mancha.
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IRENE LLORENTE YOLDI
Tierras Altas de Soria y el último rebaño de 1.200 merinas
La imagen actual es muy diferente. Las 50.000 ovejas de mediados del siglo pasado han quedado reducidas a un único rebaño de 1.200 merinas, el de los hermanos Pérez.
Según recoge Cadena SER, la falta de relevo generacional ha sido la principal causa de la desaparición progresiva de esta práctica. Las largas jornadas, la dureza del oficio y los cambios experimentados por el sector ganadero han provocado que cada vez menos jóvenes estén dispuestos a continuar una forma de vida que sus padres y abuelos desempeñaron durante generaciones.
La despedida de los hermanos Pérez tiene, por ello, un enorme valor simbólico. Según la Mancomunidad de Tierras Altas, con la retirada de los hermanos Pérez desaparece el último ejemplo de trashumancia tradicional de la provincia de Soria.

Los hermanos Pérez conduciendo su ganado por los montes de Soria.
Tierras Altas de Soria y el legado de un oficio que hizo historia
También en declaraciones a Cadena SER, José María Pérez recuerda la enorme relevancia que llegó a tener la ganadería merina en la provincia. «La lana merina era como el petróleo hoy en día», afirma.

Merinas en los frescos pastos de Tierras Altas.-VALENTÍN GUISANDE
Durante siglos, la riqueza de amplias zonas de Castilla estuvo estrechamente vinculada al comercio de la lana y al movimiento de los grandes rebaños trashumantes. La propia comarca de Tierras Altas conserva un fuerte vínculo con el antiguo Consejo de la Mesta, una de las instituciones más poderosas de la España medieval y moderna.

Las ovejas de los hermanos Pérez atravesando la ciudad.
La desaparición de la trashumancia no significa, sin embargo, el olvido de su legado. Desde la Mancomunidad de Tierras Altas defienden la importancia de preservar la memoria de esta actividad y de seguir apoyando la ganadería extensiva, clave para la conservación del paisaje y la biodiversidad.