Historia del pueblo de Soria que se cambió de nombre porque era "deprimente y malsonante"
El Consejo de Ministros aprobó el cambio de denominación de esta población soriana a mediados del siglo XX en respuesta a la petición del vecindario

Imagen de parte del casco urbano de Fuente Tovar en una captura de Google Maps.
La primera referencia escrita sobre la localidad de Fuentelpuerco nos la facilita la estadística de las iglesias que había en la diócesis de Sigüenza el año de 1353. Documento redactado con el fin de saber cuál era el valor de ese Obispado, porque había sido requerido por el rey con objeto de cobrar «la décima» de las rentas. Pues bien, refiere que «En fuent el puerco son tres beneficios el curado vale 80 mrs. e los dos absentes vale cada uno 30 mrs.». Y por la averiguación de la Corona de Castilla, llevada acabo entre 1525 y 1540, sabemos que por aquellos años contaba con 73 vecinos pecheros, sólo superada en cuando a éstos por Berlanga, con 278, y Bayubas de Abajo, con 75.
El diccionario de los pueblos de la provincia de Soria contempla el nombre de algunos de ellos que podemos calificar de malsonantes. Se lleva la palma el lugar de «Fuentecabrón», así documentado en las 143 cajas de protocolos notariales que pasaron por la escribanía de San Esteban de Gormaz, correspondientes a los años de 1578 a 1659, que hemos leído. Topónimo edulcorado en la actualidad y convertido en «Fuentecambrón». Le seguía, si bien muy de lejos, el topónimo de Fuentelpuerco, provincia de Soria y diócesis de Sigüenza, una de las aldeas integrantes de la comunidad de villa y tierra de Berlanga.
Los vecinos de este último lugar, perteneciente al marquesado de Berlanga e integrando en el Ayuntamiento de Rebollo de Duero, consideraban que el nombre que ostentaba era «deprimente y malsonante». Daniel Arribas Ruiz, maestro nacional, procedió a la redacción del oportuno expediente con el único fin de que se procediera a cambiar de nombre. El topónimo propuesto era el de Fuentelrey o Fuente Real.
Expediente que fue aprobado por unanimidad de los componentes de la Corporación, no se produjeron reclamaciones durante el tiempo de exposición al público y fueron favorables los informes de la Diputación Provincial. Así las cosas y cumpliendo con lo establecido, se trasladó al gobernador civil desde donde se le dio el cauce legal oportuno.
Consultada la Real Academia de la Historia sobre el particular, aun considerando que era muy legítima la pretensión de cambio de denominación, emitió su reglamentario y autorizado informe. En él manifestaba no estar de acuerdo con el nombre elegido «ya que el sentido histórico debe informarlo y no el arbitrio colectivo», por lo que «propone se denomine Fuente Tovar» en razón de los antecedentes históricos.
Razón llevaba la Academia, pues los Tovar eran señores de Berlanga. Sólo un caso de los muchos que podríamos referir. Íñigo Fernández de Velasco, IV conde de Haro, III condestable por título de 21 de febrero de 1512, grande de España y II duque de Frías, casó, previa dispensa de Sixto IV de 1483, con María de Tovar, señora de Berlanga, hija de Luis de Tovar y de María de Guzmán, contador mayor de Juan II, que recibió en 1466 del infante D. Alfonso la merced de celebrar dos ferias francas en Berlanga de quince días de duración cada una.
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María de Tovar, que amplió sustancialmente el patrimonio de la familia, en 1495, al heredar a su abuela Inés de Guzmán, siempre había pretendido comprar la ciudad de Osma para crear un sólido y homogéneo dominio territorial en el sur de provincia de Soria. Osma pertenecía a Diego López Pacheco, marqués de Villena, esposo de Juana de Luna, nieta de Álvaro de Luna. El 10 de marzo de 1507 Íñigo y Pacheco llagaron a un acuerdo para la enajenación de Osma y el precio pagado fue de 4.913.970 maravedís.
La gran obra de estos condestables, demás de la remodelación de la antigua fortaleza a partir de 1514, fue la conversión de la parroquia de Santa María del Mercado en Colegiata, de la que el viernes 22 de junio de 1526, tras solemne procesión a la que asistió María de Tovar, Juan Resines, maestro de obra, y otros oficiales de cantería pusieron la primera. María falleció antes que su esposo, el 30 de noviembre de 1527. Un año después, el 17 de septiembre, finó Íñigo.
Volviendo a Fuentelpuerco, el Consejo de Ministros lo suficientemente informado, el 29 de mayo de 1953, como quiera que no se ocasionaba ningún perjuicio con acceder a lo solicitado, se satisfacía, además, una legítima aspiración del vecindario y habida cuenta de que el nombre de Fuente Tovar tenía, y tiene, fundamento histórico y de muy parecida denominación al que se proponía, «acordó aprobar el cambio del actual nombre del agregado Fuentelpuerco del Municipio de Rebollo de Duero de la provincia de Soria, por el de Fuente Tovar».
Lo acordado en el Consejo se le hizo saber por el ministro de la Gobernación, el 27 de junio del mismo, al gobernador civil de la provincia de Soria, Jesús Posada Cacho. Éste, el 3 del mes siguiente, lo puso en conocimiento del alcalde y corporación municipal de Rebollo de Duero.