Réplica sobre el Toro Jubilo
«No es forma de combatir, al que piensa diferente, el recurso a la descalificación, como he podido observar en el artículo de “OPINIÓN” publicado por HERALDO-DIARIO DE SORIA, de 01/12/2024, ediciones impresa y digital, titulado: «Sobre la prohibición del Toro Jubilo». Por tal motivo, ruego se publique en esta sección (OPINIÓN) el contenido del escrito que remití, el 11 de noviembre 2024, al sr. Consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Castilla y León (ver más abajo*), pues, sobre la base del contenido de dicho escrito, fui posteriormente tachado, por el articulista, de «demagógico, populista e iletrado, presidente de la denominada ‘Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales’ (cita textual), según consta en dicho artículo de Opinión publicado por HERALDO-DIARIO DE SORIA el 01/12/2024.
Asimismo, resulta meridianamente inexacto lo expresado por el articulista cuando dice que el propósito, el interés de ANPBA, es «que desaparezca esa raza» del toro de lidia, porque, en puridad, dicha ‘raza de lidia’ no existe, ya que fue formada a partir de la selección/manipulación a la que, durante los últimos siglos, y muy especialmente desde el último tercio del siglo XVIII, fueron sometidos los bovinos que, en las vacadas, destacaban por su acometividad, con el propósito de crear un ser artificial que fue luego calificado como bovino ‘de lidia’. Por tanto, si no existe raza no hay nada que hacer desaparecer. Al igual que, por ejemplo, si se extinguiera el ‘pit bull terrier’ no supondría la extinción del ‘canis familiaris’, el perro doméstico. Además, y en todo caso, si se quiere mantener esta artificial ‘raza de lidia’ bastaría con crear reservas naturales, mantenidas por el Estado central y/o las Comunidades Autónomas, fomentando así un importante y sostenible turismo ecológico y fotográfico. Lo que ANPBA pretende es la eliminación legal del uso de animales en espectáculos que generan sufrimientos, dolor y muerte a los animales utilizados en los mismos.
(*) Asunto: Toro de fuego (Toro Jubilo) de Medinaceli (Soria).
Excmo. Sr. Consejero de Cultura de la JCyL,
En relación con los comentarios de V.E., que han sido objeto de publicación en prensa, sobre la ‘tradición’ y la ‘cultura’ supuestamente asociadas al ‘Toro Jubilo’, permítame amablemente dirigirle una reflexión:
El progreso ético y moral de la sociedad española del siglo XXI ha evolucionado sustantivamente. Ya no es la sociedad española de siglos pasados, y buena prueba de ello son los siguientes datos históricos:
1. Medias lunas y cuchilladas: En épocas pasadas, los toros eran matados con medias lunas y a cuchilladas cuando la imperiosa necesidad de concluir la corrida de toros porque la luz solar se agotaba y sobre los cosos caían las tinieblas del ocaso por no haber luz artificial, propiciaba que los toros fueran abatidos cortándoles los corvejones de las patas traseras. Cuando el animal caía, imposibilitado para levantarse de nuevo, las gentes, cuchillo en mano, bajaban a la arena y acribillaban, con decenas de puñaladas al agonizante animal, hasta que entregaba la vida.
2. Perros, tigres y elefantes: En siglos pasados acaecieron en España este tipo de espectáculos en los que los toros fueron enfrentados con tigres, perros y hasta con elefantes.
3. Caballos destripados y cosidos: Hasta la implantación del peto en el primer tercio del siglo XX, miles de caballos fueron corneados en las plazas españolas. Los enloquecidos equinos, que corrían despavoridos arrastrando por el albero las tripas que brotaban de sus desgarrados vientres, si aún tenían la ‘suerte’ de no morir de inmediato, en los ‘patios de caballos’ eran sometidos a un tortuoso cosido de tripas, rellenando con arena aquellas oquedades producidas por las tripas arrancadas, momento en que los devolvían al coso para ser montados, de nuevo, por los picadores.
4. Vacas encohetadas: En los espectáculos taurinos de siglos pasados asociados al ‘toro de la vega’, se realizaban, siguiendo las tradiciones, las denominadas ‘vacas encohetadas’, que consistían en colocar en los lomos del desdichado bovino una manta henchida de cohetes a los que se prendía fuego, quedando literalmente achicharrado el animal.
5. Banderillas de fuego: En Castilla, y otros muchísimos lugares de España, para embravecer a los toros inteligentes (llamados ‘mansos’) que no acometían ni daban juego en la lidia, les clavaban banderillas con cohetes inflamables. Cuando la pólvora explotaba en sus carnes, el humo y el olor a carne quemada inundaba el lugar.
6. Automóviles, no tartanas: A nadie se le ocurre siquiera, cuando realiza un desplazamiento, especialmente si es lejano, hacerlo en alguna de aquellas nostálgicas ‘tartanas’ que aparecen en antiguas películas en blanco y negro.
7. Odontólogos, no antiguos ‘sacamuelas’: Para solucionar un problema bucal, ¿a quién se le ocurriría, en pleno siglo XXI, solicitar los servicios de un antiguo sacamuelas que, en vez de pulir y empastar una pieza dental como lo hace hoy un odontólogo, procediera a extirparla, arrancándola o con el uso de alguna cuerda y sin más anestésico que el proporcionado por algún brebaje?
8. Luz eléctrica, no velas: ¿Quién querría, en pleno siglo XXI, alumbrar su hogar con velas sustituyendo así el alumbrado eléctrico?
Quienes claman por mantener vivas las antorchas en las astas del Toro de Fuego de Medinaceli (“Toro Jubillo”), tendrían que ser consecuentes y viajar en tartana, solicitar los servicios de un antiguo sacamuelas en vez de acudir a un moderno odontólogo, o iluminarse con velas. De lo contrario, carecen de razón para exigir que este anacrónico festejo se mantenga apegado a rancias, casposas e inmisericordes ‘tradiciones’, especialmente cuando nuestro Ordenamiento jurídico ha establecido ya, como bien jurídico protegido, que los animales, todos, son seres ‘dotados de sensibilidad’ física y psíquica.
Y concluyo esta reflexión recordando lo establecido por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL), Sala Contenciosa, Sec. 1, en su Sentencia 401/2018 de 30/04/2018, Rec. 584/2017, FD 5º, cuando dice que «la tradición sin más no es un argumento para justificar la persistencia de determinados ritos que la sensibilidad social actual puede rechazar. No hace falta citar aquí tradiciones de tiempos pasados cuya admisión ahora resulta impensable».
(Alfonso Chillerón Hellín es presidente y representante legal de la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA))