El pueblo de Soria con el bosque de setas que sorprende incluso a National Geographic
Navaleno, en el corazón de Soria, es un destino que combina la majestuosidad de sus pinares repletos de setas con un legado histórico donde aún se conservan vestigios medievales, despertando el interés incluso de National Geographic

La Iglesia de San Esteban Protomártir es uno de los emblemas patrimoniales de Navaleno, un pueblo donde historia y naturaleza conviven entre piedras centenarias y pinares llenos de vida.
Hay pueblos que viven del turismo y otros que viven de la naturaleza sin darse demasiada importancia. Y luego está Navaleno, que hace lo suyo (cuidar su monte, recolectar setas, cocinar como siempre) y de repente descubre que una de las revistas más influyentes del mundo ha puesto los ojos en su bosque. National Geographic ha señalado este pequeño municipio soriano como uno de los lugares más impresionantes para disfrutar del otoño en España, subrayando que «la frondosidad del pinar soriano y las lluvias de la estación propician la humedad necesaria para que broten por doquier esos ejemplares de setas que tan valiosos son por su exclusividad de temporada».
Navaleno según National Geographic: el bosque de setas que lo cambia todo
Cuando National Geographic habla de Navaleno, no lo hace como de un pueblo bonito más. Lo define literalmente como «uno de los mejores lugares para disfrutar de su recolección de la mano de un guía o aprender cómo cocinarlos es en este pueblo de menos de mil habitantes donde los hongos son los protagonistas».
Boletus edulis, níscalos, rebozuelos, colmenillas, senderuelas… La lista es tan larga como las cestas que salen del monte cada fin de semana. National Geographic subraya que «la extensión de árboles que lo rodean, dentro de la Reserva Nacional de Caza de Urbión, son el hábitat perfecto para que crezca toda variedad de setas», y eso explica por qué Navaleno lleva años siendo destino fetiche de micólogos, chefs y aficionados.
Lo interesante es que no se trata solo de recolectar. El medio internacional pone el foco en algo que marca la diferencia: «la riqueza micológica del entorno de Navaleno ha propiciado el desarrollo de una completa infraestructura y una variada oferta de actividades en torno a las setas».
El Centro Micológico de Navaleno: ciencia, cocina y monte
Si hay un lugar que resume la filosofía de este pueblo es el Centro Micológico. National Geographic lo describe como «el epicentro de ello es el Centro Micológico de Navaleno, un espacio dedicado a la divulgación y el disfrute del mundo de los hongos».
Desde aquí salen las rutas guiadas por los pinares, una de las experiencias más valoradas por la revista. La diferencia entre ir a por setas y entender el bosque es exactamente esta.
Además, hay talleres de cocina, jornadas gastronómicas, asesoramiento para recolectores y exposiciones permanentes. National Geographic destaca especialmente las actividades de otoño, «durante todo el año, una exposición permanente abarca desde la biología de las setas hasta la gastronomía para descubrir todos los secretos del reino fungi».
Soria
Este pueblo de Soria es «uno de los sitios más bellos de la región», según National Geographic
Patricia de la Torre
Un pinar que no es decorado, es identidad
Navaleno está en la comarca de Pinares, a más de 1.100 metros de altitud, el pueblo vive literalmente dentro del bosque. National Geographic lo resume con una frase muy certera: «ubicado a 47 km al noroeste de Soria capital, Navaleno es un respiro de aire fresco [...] sirviendo de transición entre las sierras de Urbión, Neila y Cebollera y las llanuras del Duero, la localidad está intrínsecamente ligada a sus pinares».
Y se nota. En las casas de madera, en la antigua tradición de carreteros, en las rutas señalizadas que atraviesan fuentes, barrancos y senderos donde no hay cobertura pero sí silencio.
Más allá de las setas: patrimonio con sabor a monte
Aunque el gran titular sean los hongos, Navaleno no es solo naturaleza. National Geographic también menciona su patrimonio rural: la iglesia de San Esteban, la ermita de San Roque, el monumento a los carreteros o la antigua estación de tren (convertida en albergue) construyen un paisaje que no parece diseñado, sino vivido.
Incluso su pasado cinematográfico aparece citado, recordando que la estación fue escenario de Doctor Zhivago. Un detalle aparentemente menor que refuerza la idea de que este pueblo siempre ha estado ahí, haciendo lo suyo, mientras el mundo lo descubre poco a poco.