Heraldo-Diario de Soria

25 años del incendio del Izana: un largo camino para devolverle a la naturaleza lo que le arrebató el fuego

Los trabajos para recuperar el bosque aún siguen en marcha con tratamientos silvícolas y cientos de miles de euros anuales / «Tras este incendio cambiaron muchas cosas»

Un tocón junto a una zona repoblada tras el incendio del año 2000.

Un tocón junto a una zona repoblada tras el incendio del año 2000.MARIO TEJEDOR

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Un cuarto de siglo después del incendio del Izana, la zona reverdece aunque con otros volúmenes. El camino es largo. No es cuestión sólo de reforestar, sino de prevenir. Conlleva visión de futuro, mucho dinero y mucho tiempo, incidiendo en los tratamientos silvícolas para anticiparse.

El primer paso tras la tragedia fue una rápida corta y saca de la madera afectada. En 2001 se redactó un proyecto de restauración, aprobado en 2002 y puesto en marcha a mediados de 2003 tras un modificado. Había 2.300 hectáreas de montes públicos y privados que reforestar y cerca de 200 en las que eliminar restos, 15,5 de tratamientos para las zonas menos afectadas ó 17 de limpieza para mejorar pastos.

Con una visión preventiva y social se añadieron cinco kilómetros de cerramiento ganadero para evitar la entrada de animales a la plantación, la construcción de tres puntos de agua nuevos y dos áreas recreativas, 63 hectáreas de nuevos cortafuegos, 58 hectáreas de limpieza de los existentes, 110 kilómetros de mejora de pistas existentes, y 92 kilómetros de apertura de nuevas pistas y accesos.

Las siembras y plantaciones se llevaron a cabo durante las campañas 2003/2004 (parte de Matamala), 2004/2005 (otra parte de Matamala, zonas de Tardelcuende, Cascajosa y Matute) y 2005/2006 (resto de Tardelcuende, Almazán y resto de Matamala). También en esta última campaña y entre 2008 y 2010 se repusieron los fallos en la repoblación.

En 2014 comenzaron los primeros tratamientos silvícolas sobre el monte creado con la restauración. La Junta de Castilla y León junto con la BRIF de Lubia trabajó en montes de Almazán y Tardelcuende. En el año 2015 se intervino en Matute y de nuevo en Tardelcuende que repitió al año siguiente. En el trienio 2016 a 2018 se unió Almazán y las labores no han cesado con más de 500 hectáreas y cerca de 900.000 euros invertidos desde 2019.

Para el año 2025 está previsto realizar tratamientos silvícolas en 105,06 hectáreas en el monte 64 de Matamala, con una inversión de 372.817,53 euros y entre los años 2025 y 2027 66,40 hectáreas en el monte 185 de Tardelcuende, con 172.398,56 euros. A ello se suman inversiones del fondo de mejoras, del Ayuntamiento de Tardelcuende o labores de la BRIF de Lubia. El fuego cuesta dinero a todos.

«Toda esta serie de cifras nos hacen recapacitar mucho sobre lo que supone un gran incendio forestal, y la gran cantidad de fondos públicos que requiere la restauración y el establecimiento de una masa forestal en sus primeras edades», apunta el jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente, José Antonio Lucas. «Además de conllevar una gran pérdida de recursos naturales y muerte de muchas especies animales» se produjo «una gran pérdida de suelo, en especial de sus capas más superficiales, las más fértiles. Amén de contaminar cursos de agua y ríos».

Lucas apunta que «tras este incendio, cambiaron muchas cosas; se han ampliado mucho los sistemas de prevención, tanto la silvicultura preventiva de los montes durante el invierno, para mantenerlos limpios, como la mejora de la detección, incluidas las 22 cámaras de vigilancia» actuales.

«Pero sobre todo», prosigue el responsable de Medio Ambiente, «supuso un cambio en la organización del personal combatiente de incendios. Se pasó a una organización casi militar, donde todo está claramente jerarquizado, se sabe qué tiene que hacer cada uno, tanto en oficina como en campo, y sobre todo, se profesionalizaron muchos de los trabajos, mejorando ingentemente la formación, los equipos de protección individual de trabajo, y la inversión en infraestructura de lucha contra los incendios».

"Debería servir como ejemplo"

«El gran incendio del Izana supuso una tragedia, pero también nos hizo ver la potencia destructiva del fuego y nos ha demostrado que no somos nada cuando tratamos a la naturaleza de forma poco adecuada», explica el jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente, José Antonio Lucas. 

Fue duro «y quizás debería servir como ejemplo a políticos sobre la necesidad de los bosques para el ciudadano, como una parte más que formamos del ecosistema, y de la urgencia en invertir más fondos para mantenimiento y cuidado. No podemos basar la política forestal de lucha contra el cambio climático sólo en nuevas repoblaciones, sino en la gestión forestal integral de los bosques, buscando tanto beneficios directos económicos (madera, resina, caza, pastos, setas, etcétera), como los indirectos (uso social y recreativo, sumideros de carbono, vitales para el ciclo del agua...). Es lo que intentamos en el ‘Modelo Soria’, que haya un uso y un reconocimiento económico y social de los bosques para todos los ciudadanos. Estamos convencidos de que esto ayuda a que sean queridos por todos y que los protejamos», concluye.

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